Docente, coordinador de Enseñanza de la Clínica y del Internado de Pregrado, secretario de Planeación y Servicios Escolares, así como del Consejo Técnico, son algunas de las funciones que ha desempeñado el doctor Humberto Gasca González, desde 1959, en la Facultad de Medicina.

El pasado 13 de febrero, cumplió 20 años de ser el cronista oficial de esta institución, nombrado poco después de haberse publicado el primer tomo de Crónica de la Facultad de Medicina (1950-1971), de la cual es autor. “Ha sido extraordinario revisar los antecedentes, la evolución y los acontecimientos”, expresa quien fue parte de la generación 1951-1956 de la entonces Escuela Nacional de Medicina.

Como alumno, fue testigo del histórico traslado de esta institución desde su anterior sede, en el Antiguo Palacio de la Inquisición (hoy Palacio de la Escuela de Medicina), al campus de Ciudad Universitaria (CU), donde se ubica actualmente la Facultad de Medicina. “Lo viví intensamente. Esta generación fue la última que tuvo como sede el Palacio, puesto que el cambio a CU fue el 17 de marzo de 1956”.

Recuerda que ese día, “la banda de artillería de la Secretaría de la Defensa amenizó el acto, en cuyo emotivo final se escucharon la marcha y el himno de la entonces Escuela Nacional de Medicina, así como el Himno Nacional. Al cerrarse las puertas, se interpretaron las golondrinas, se agitaron pañuelos en actitud de despedida y los rostros enmudecían para no pronunciar el doloroso adiós. Una porra de Medicina y un toque de clarín anunciaban que había terminado una época”.

El relato y las imágenes de esta despedida quedaron plasmados en la revista Tíciotl, de la cual era subdirector. Desde la preparatoria, señala, participaba en ediciones estudiantiles: fue director de la revista cultural En lucha, publicación cultural, y gerente de Ecos estudiantiles, órgano oficial de la Escuela Preparatoria de León, de la Universidad de Guanajuato, de donde es originario.

Del Antiguo Barrio Universitario a CU

“A mediados del siglo XX, cuando yo estudié, era difícil que las decenas de alumnos de un grupo cupieran en los salones, que pudiéramos usar cómodamente un microscopio o realizar una disección; por otro lado, el ambiente del Barrio Universitario era único: estudiantes de las diversas licenciaturas convivían con los habitantes y comerciantes del Centro Histórico de la Ciudad de México.

“Resulta difícil comparar tales instalaciones, por una parte, está el magnífico edificio del siglo XVIII, construido por Pedro de Arrieta, cuyo patio es de los pocos en México con tal composición arquitectónica y estética, pero que no fue concebido como escuela de Medicina, y mucho menos una moderna. Tener ahí el anfiteatro, los laboratorios y la biblioteca significó un gran esfuerzo y modificaciones importantes al proyecto original”, reconoce el doctor Gasca González.

“Al trasladarnos a la Ciudad Universitaria, llegamos a instalaciones nuevas: un anfiteatro en el lugar adecuado, salones y laboratorios equipados, y otras estructuras construidas con las últimas novedades, así como murales de reconocidos artistas engalanando los edificios”, manifiesta al señalar que en la todavía Escuela Nacional de Medicina se construyó el auditorio más grande de CU, y en él tuvo lugar la ceremonia de su generación, en la cual él fue el encargado de pronunciar el discurso de despedida, previo a iniciar su Servicio Social.

Hoy, ese auditorio lleva el nombre de uno de los personajes más queridos y respetados por el cronista de la Facultad: el doctor Raoul Fournier Villada, artífice de grandes cambios de esta institución. “Cursé Gastroenterología con él y, al final del curso, envió una felicitación a mis padres. Siendo él director de la Escuela Nacional de Medicina, comencé a actividades docentes aquí, en 1959. En sesión del H. Consejo Técnico, en enero de1989, informé de las gestiones para que el recinto llevara su nombre”, señala.

Pediatría, su especialidad

En noviembre de 1957, el doctor Gasca González sustentó el examen profesional, y un año más tarde ingresó a la especialidad de Pediatría en el Hospital para Trabajadores al Servicio del Estado. En 1963, se incorporó al Hospital General de México, donde participó como uno de los fundadores de la Unidad de Pediatría y, posteriormente, fue jefe del Servicio de Lactantes, Preescolares y Escolares. “Tuve el honor de atender a pacientes que, en algunos casos, han asumido altas responsabilidades y muchos han sido hijos de médicos”, apunta, el cronista, quien ha disfrutado de igual modo la clínica, la administración y la academia.

“Tuve la oportunidad de impartir la docencia a estudiantes que se convirtieron en personalidades médicas. En lo administrativo-académico he tenido la fortuna de asumir numerosas responsabilidades, inclusive fuera de la Facultad, como presidir la comisión que elaboró el Primer Prontuario de Administración Escolar de la UNAM”. Asimismo, fue el primer secretario de Consejo Técnico de esta institución, coordinador de los exámenes profesionales y, actualmente, cronista oficial.

La Medicina en su vida

“Para mí, la Medicina constituyó un objetivo máximo, por fortuna, logré ejercer y pude dedicarme a ello durante decenas de años, pude desarrollar otras actividades en la escuela que me formó como médico y en otras instituciones de salud. En una de ellas, fui jefe de atención a domicilio en el Distrito Federal”, refiere el doctor Gasca González al rememorar más de 50 años de carrera.

A los jóvenes estudiantes les recomienda ser empáticos y humanistas. “Les diría que deben sentirse satisfechos de estarse formando en esta profesión y en esta institución, y que recuerden que la Medicina es más que saber y erudición, que maestría y habilidad: es comprensión, solidaridad y entrega al ser humano, conceptos vigentes, aun hablando de Medicina Genómica”.

 

¿Por qué decidió ser médico?

“Estudiaba primaria en León, Guanajuato, cuando una tía sufrió una grave enfermedad. Fue internada en un sanatorio y una tarde asistimos numerosos familiares porque se iba a realizar junta de médicos para tomar decisiones ante el serio problema. Permanecí cercano a la familia y escuchaba qué médico llegaba y las opiniones de la trascendencia de su participación. Esta vivencia me produjo tal impacto que, a partir de entonces, tomé la decisión de estudiar y formarme como médico. Esta elección se conservó hasta lograr el objetivo”.

Mariana Montiel