Pavel Alejandro Martínez Nieto, estudiante de 7º semestre de la Licenciatura de Médico Cirujano

Estoy sentado en un pequeño parque en la zona norte de Groningen (recomiendo buscar la pronunciación holandesa), a unas cuadras del hostal que me recibió ayer. La habitación es compartida con otros 11 estudiantes y viajeros de todo el mundo, distribuidos en 2 hileras de 6 literas. Mi vecino de litera era un estudiante griego que también asistiría al curso que me trajo a los Países Bajos: la escuela de verano de medicina de trasplantes que ofrece la Universidad de Groningen.

Mirando en el piso la cantidad de colillas, las latas de cerveza vacías y diferentes envolturas de frituras, me parece que la basura es un elemento común a todas las urbes y me siento menos lejos de la patria. Porque es difícil no sentirse ajeno al mirar los edificios holandeses, arquitectura que transparenta moral protestante y calvinista. La arquitectura en México, por herencia y sincretismo, se esfuerza por producir fortificaciones barrocas en forma de casas, palacios, edificios públicos y templos. Comparativamente, los edificios neerlandeses se destacan por su pulcritud en el diseño, el trazo geométrico y preciso de las líneas y abundantes ventanas sin cortinas. Quizá realmente no tienen nada que ocultar las personas de este país. ¿Qué diría un holandés sobre nuestro inconsciente colectivo al mirar nuestra arquitectura? Acaso un reflejo de nuestras buenas conciencias católicas.

Groningen es una pequeña ciudad (pequeña comparada con nuestra ciudad) al norte del país y su actividad gira en torno a la universidad y el hospital universitario que lleva el mismo nombre del poblado. La mayoría de los edificios son del mismo estilo y las torres que destacan en el horizonte son las de sus iglesias (no se construye más alto que la torre de la Iglesia Martini) que rematan con un gallo en la punta. Gran sorpresa recibí al notar que sus catedrales góticas ya no son lugar de culto y que el espíritu de la Reforma las hizo museos, salas de conciertos y de convivencia.

El principal producto de importación de Groningen son estudiantes internacionales interesados en realizar un posgrado. En ese sentido, el objetivo del curso fue mostrar las técnicas del laboratorio de perfusión que lleva el departamento de trasplantes del Hospital Universitario de Groningen. La premisa de su protocolo estrella es sencilla, pero elegante: perfundir el órgano donado para detener el proceso de lisis celular, evaluar la función del órgano ex vivo, administrar medicamentos e incluso favorecer la reparación. La perfusión mecánica es una estrategia para aumentar el número de órganos disponibles para trasplantar, reduce la necesidad de turnos nocturnos y llena de ilusión a posibles futuros doctorandos.

Me llevo como experiencia la satisfacción de absorber múltiples horizontes de interpretación que cada estudiante transmitía de su lugar de origen. Los holandeses nos mostraron que es posible un sistema de salud que garantiza acceso y disponibilidad universal, de bajo costo al paciente, ausencia de sector privado, así como amplios y bien financiados proyectos de investigación. Es una cultura abierta a los extranjeros que con su talento quieran hacer crecer la academia, la salud y la economía de este pequeño país. Es mi primera vez al otro lado del atlántico y con toda seguridad recomiendo a quien quiera experimentar el extranjero, conocer médicos de otras partes del mundo y generar una experiencia colectiva de aprendizaje acudir a Groningen y realizar una estancia o una escuela de verano en esta comunidad que hace sentir propio lo extraño.