Cristhian Uriel Jaradon Gualito, alumno de la Licenciatura de Médico Cirujano

Como estudiante de cuarto año en el Hospital General de Zona No. 2-A Troncoso, tuve el privilegio de vivir múltiples experiencias que han marcado mi formación. Sin embargo, una de las más significativas fue bajo la guía del doctor César Reyes Elizondo, quien impartía la materia de Cirugía. El doctor Reyes no sólo es un excelente docente, sino también un mentor que se preocupa por el desarrollo de sus estudiantes, preparándonos no sólo para aprobar exámenes, sino para enfrentar la vida profesional con un sólido razonamiento médico.

Una de las actividades que más impacto tuvo en mí fue su asignación de asistir a una cirugía, con la instrucción de observar cuidadosamente cada aspecto: desde el rol de cada miembro del equipo hasta las técnicas quirúrgicas y maniobras empleadas. Esta experiencia no se quedaría sólo en la observación, ya que debíamos presentar el caso clínico ante todo el grupo, integrando cada detalle importante: desde la patología del paciente hasta su evolución postoperatoria.

Entrar al quirófano fue una mezcla de emoción y nerviosismo, ya que era de las primeras veces que participaba en una cirugía. No conocía muchas de las reglas ni el protocolo exacto a seguir, pero afortunadamente tanto los médicos como las enfermeras, residentes e internos me guiaron a cada paso. Me explicaban la anatomía que estábamos observando, los instrumentos quirúrgicos y cómo moverme para no contaminar el área. Fue una lección invaluable de trabajo en equipo y de compromiso con la vida y salud del paciente.

Un momento que me llenó de alegría, pero también de nervios, fue cuando el doctor Reyes me pidió que me preparara para suturar. Salí del quirófano para realizar el lavado quirúrgico, y aunque los nervios casi me traicionan, las enfermeras me asistieron para vestirme adecuadamente. Al final, tuve la oportunidad de suturar al paciente, un momento que quedará grabado en mi memoria como la primera vez que realicé esta técnica en un paciente real. Al terminar, el doctor Reyes me felicitó por haberlo hecho bien, algo que me llenó de orgullo y motivación para seguir mejorando.

Esta experiencia no sólo reforzó mis conocimientos técnicos, sino que me inspiró profundamente a seguir el ejemplo de los médicos con los que compartí ese día, comprometidos no sólo con su trabajo, sino con la enseñanza de futuras generaciones.