“No hay nada en nuestra biología que nos determine a la guerra. La biología no condena a la humanidad a la violencia, y si no somos naturalmente violentos, la paz también puede ser construida”, afirmó el doctor Roberto Emmanuele Mercadillo Caballero, Investigador en Ciencias Médicas de la Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales en el Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz”.
Durante su conferencia magistral, realizada el 16 de agosto en el marco de la bienvenida a la Generación 2026, resaltó la importancia de la neurociencia social como camino hacia la Cultura de Paz. “Para el cerebro, la idea de ponerme en el lugar del otro es más o menos literal. Esa experiencia empática requiere también de un sistema que permita decidir actuar. La empatía sin acción no es suficiente.”

Por ello, recordó que la Cultura de Paz no es una idea reciente, sino el resultado de décadas de reflexión y de trabajo interdisciplinario. Explicó que los primeros profesionales en hablar de paz en revistas científicas fueron médicos y enfermeras, quienes, desde el siglo XIX, fueron testigos directos de los estragos de la guerra.
Posteriormente, relató experimentos históricos como la travesía transatlántica organizada por el antropólogo Santiago Genovés en 1973, con 11 tripulantes de perfiles opuestos. “El trabajo cooperativo que requiere la vida en una embarcación es un alto estímulo para la convivencia, las diferencias que hacen que nos violentemos se desvanecen. Entonces, no son tan intrínsecamente naturales como pensábamos”, aseguró.
Uno de los ejes centrales de la conferencia fue el Manifiesto de Sevilla de 1986, elaborado por 19 científicos de todo el mundo, donde explicó que este documento fue retomado por la UNESCO y se convirtió en el primer fundamento científico para exhortar a la paz a nivel internacional.
El conferencista, quien es Secretario y fundador de Justicia Transicional y la Paz, AC., compartió hallazgos de sus investigaciones con resonancia magnética cerebral, mostrando cómo se activa una neuromatriz cuando las personas observan sufrimiento ajeno, donde destacó que las mismas áreas cerebrales pueden dar lugar tanto a actos compasivos como a actos violentos, lo cual confirma que “la cultura influye en cómo usamos nuestra biología”.

Asimismo, el investigador explicó cómo la neurociencia social permite comprender los mecanismos cerebrales detrás de la empatía y la compasión. “Siempre habrá conflictos, que son inherentes a la vida social, pero la forma de solucionarlos puede llevar a muchas vías y una de ellas son las vías pacíficas”.
En ese sentido, enfatizó que la Cultura de Paz no significa ausencia de conflicto, sino “aprender a resolverlo sin violencia”. De este modo, relató experimentos en los que se observó la activación cerebral frente al sufrimiento ajeno; además, compartió estudios realizados con policías en contextos de alta violencia, en los que se encontró que su labor de ayuda activa se asocia con placer cerebral, lo que confirma la existencia de una ética intrínseca orientada al servicio, “dentro del imaginario policial hay una ética que los motiva a ayudar”, indicó.
Posteriormente, el conferencista expuso cómo estos estudios han servido para crear programas educativos de Cultura de Paz en policías federales y funcionarios que trabajan con víctimas. Los resultados mostraron que, tras recibir formación en empatía, los agentes reducían la autorización al uso de la violencia como forma de orden social. “Entre más se desarrollaba su capacidad para expresar emociones y leerlas en alguien más, menos autorización daban al sistema gubernamental para usar la violencia.”
Finalmente, el doctor Mercadillo Caballero invitó a la comunidad universitaria a sumarse a la iniciativa “Cultura de Paz, Semillero Universitario”, promovida por el Rector de la UNAM, el doctor Leonardo Lomelí: “La paz es una construcción colectiva y también una responsabilidad científica. Desde la neurociencia, desde la medicina, desde todas las disciplinas, podemos contribuir a construir una sociedad más justa y compasiva”, afirmó el experto.
María Morales


