Mi nombre es Gabriela Alejandra Galán Ramírez, soy docente de la Licenciatura en Ciencia de la Nutrición Humana y Coordinadora del Laboratorio de Procesamiento y Almacenamiento de Muestras en la Unidad de Investigación de Enfermedades Metabólicas en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”.
Inicialmente pensé en estudiar algo relacionado con las ciencias de la salud, porque me gusta la medicina y el cuerpo humano. Para mí, el cuerpo es como una máquina perfecta que siempre busca salidas de emergencia para llegar al bienestar y a la salud.
Durante mi formación académica comprendí que no quería estudiar medicina. Fue entonces cuando descubrí la nutrición, un campo muy extenso que, además, contribuye a combatir diversas enfermedades. Esto me permitió entender que la alimentación es fundamental, pues constituye la base de todo. Sentí que era la oportunidad de acercarme a las personas, de generar un cambio y de promover una cultura de prevención, lo cual es lo que más me llena y satisface, pensar en las metas de prevención dentro de la sociedad.
Decidí realizar la maestría en Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Chile, donde tuve una experiencia muy enriquecedora que me permitió ampliar el campo de los alimentos y comparar las culturas a través de sus hábitos alimenticios. Por ejemplo, Chile, en años pasados, logró combatir de manera efectiva la desnutrición, lo que me pareció un excelente logro que abre una oportunidad para desarrollar nuevas estrategias y poder replicarlas en nuestro país. Esta experiencia me permitió crecer tanto profesional como personalmente en todos los ámbitos.
Al regresar a México, busqué lugares donde pudiera desarrollarme en el ámbito de la investigación. Fue entonces cuando me acerqué al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, en donde comencé a colaborar con el equipo de investigadores. Con el tiempo, llegué a trabajar directamente con las muestras, que son una base fundamental para comprender la nutrición desde la investigación básica.
Como mujer en la ciencia, uno de los principales retos a los que me he enfrentado es el reconocimiento, así como encontrar un equilibrio entre la ciencia y la vida personal, ya que una no está peleada con la otra, sobre todo si se cuenta con una buena red de apoyo tanto en lo personal como en lo profesional. En ese sentido, me considero afortunada de tener esos soportes.
Como nutrióloga, siempre busco el balance en la alimentación, y de manera natural también lo aplico en lo personal, lo profesional y lo académico. Lo importante es nunca darse por vencida y entender que de cada experiencia siempre se aprende o se obtiene madurez.
El trabajo con estudiantes en su formación es fundamental, pues ellos representan a las nuevas generaciones que vienen detrás de nosotros. La nutrición es una carrera relativamente joven; aunque es un campo muy amplio, aún queda mucho trabajo por hacer. Nuestro deber es transmitirles la experiencia que hemos adquirido, enseñarles y mostrarles que la nutrición no se limita únicamente a la consulta, sino que también abarca la investigación y muchos otros ámbitos, como la prevención, el deporte, la atención en la infancia o en el adulto mayor. Además, ellos llegan con ideas innovadoras que, sin duda, aportarán al desarrollo de la alimentación.
Siempre que converso con mis pasantes y alumnos, les aconsejo que, si tienen la oportunidad de realizar un posgrado en el extranjero, lo consideren seriamente y lo realicen, porque es una experiencia que realmente ayuda a crecer en todos los sentidos.
Entre mis metas está continuar siendo docente, colaborar con mis compañeros y seguir aportando a las nuevas generaciones. Como investigadora, deseo continuar desarrollando proyectos, publicando y, al mismo tiempo, encontrar una línea de investigación que me siga llenando de pasión. Asimismo, quiero iniciar el doctorado y mantener firme mi vocación por la ciencia y la enseñanza.


