En el marco de la 10ª Feria del Libro de Ciencias de la Salud 2025, el doctor Juan José Mazón Ramírez, cronista de la Facultad de Medicina, impartió la conferencia “De Tribunal de la Inquisición a Escuela de Medicina”, un recorrido por la historia del emblemático edificio que fue adquirido en el siglo XIX por los profesores para que fuese la sede de la Escuela Nacional de Medicina.
El doctor Mazón inició su relato con la fundación del Tribunal de la Inquisición en 1569 por orden de Felipe II, destacando que en 1571 llegaron los primeros inquisidores, se alojaron en el convento de Santo Domingo y días después alquilaron una casa frente al convento que fue adaptada para funcionar como sede del Tribunal de la Inquisición. En 1578 se compró dicha propiedad.
La gran inundación que sufrió la Ciudad de México en 1629, que dejó la ciudad bajo el agua durante cinco años, dañó el edificio y las cárceles del Tribunal de la Inquisición.
Dado lo anterior, “el arquitecto Pedro de Arrieta, maestro mayor del reino, construyó entre 1732 y 1736 el edificio que hoy conocemos, el cual este diciembre cumplirá 289 años. El Palacio exhibe la combinación típica de la arquitectura novohispana mexicana: tezontle rojo (piedra volcánica rojiza y porosa) y cantera gris o chiluca (piedra de color blanco grisáceo). Sello distintivo del barroco novohispano y de la obra de Arrieta”.




Tras la supresión definitiva del Tribunal en 1820, el inmueble tuvo usos diversos: sirvió de Cámara del Congreso General; en 1833 fue Tribunal de Guerra y Marina; luego Palacio de Gobierno del recién fundado Estado de México; después fue albergue de la primera Escuela Lancasteriana de México y las cárceles fueron cuartel y posteriormente vecindad.
“La necesidad del Gobierno de conseguir fondos obligó a que el edificio se pusiera en venta pública por almoneda. En 1841, el arzobispo Manuel Posada y Garduño compró el edificio para instalar el Seminario Conciliar, que permaneció ahí hasta 1854″, detalló el cronista.
Enfatizó el papel crucial de los profesores en la adquisición del inmueble para la ya entonces Escuela Nacional de Medicina. Tras un largo peregrinaje de la Escuela por diferentes lugares como: el Convento de Belén, el Convento del Espíritu Santo, Colegio de San Ildefonso, Colegio de San Juan de Letrán, regresan al Colegio de San Ildefonso, posteriormente pasan al Convento de San Hipólito, el gobierno ordena que regresen al Colegio de San Ildefonso. En un contexto de inestabilidad política y sin presupuesto, los académicos deciden comprar el edificio de lo que fuera el Tribunal de la Inquisición.
“Los profesores eligieron el edificio, hicieron las gestiones ante el arzobispado, pagaron con sus propios recursos y en 1854 lograron adquirirlo por 50,100 pesos, un valor muy por debajo del avalúo real de 90,000 pesos. La escritura se extendió el 7 de junio de ese año y desde entonces la Escuela Nacional de Medicina tuvo por fin una casa propia”, relató con emoción.
Posteriormente a la compra del edificio los profesores continuaron sus esfuerzos por adaptar el inmueble a las necesidades de una Escuela de Medicina: En 1854 se construye una capilla, el comedor y viviendas para los alumnos. Para 1879 se construye un tercer nivel para albergar el anfiteatro.
El doctor Mazón refirió que la estatua de San Lucas fue donada en 1860 por la Academia de San Carlos en agradecimiento a que sus alumnos podían acceder a la sala de disecciones.
El 17 de marzo de 1956 la Escuela Nacional de Medicina dio el adiós a la casa que la albergó desde 1854 y se trasladó a sus nuevas instalaciones en Ciudad Universitaria. El actual edificio albergó al Tribunal de la Inquisición durante 83 años. La Escuela Nacional de Medicina estuvo en el edificio que fue de la Inquisición durante 102 años.
El doctor Mazón concluyó con un emotivo homenaje a los docentes del siglo XIX: “Gloria y honor a los profesores que entregaron todo para darle continuidad a nuestra escuela. Sin pagarles, dieron clases; con sus sueldos, compraron el edificio. Su legado es la base de la medicina moderna en México”.
La conferencia reforzó la importancia de preservar la memoria histórica y el patrimonio universitario como pilares de la identidad académica.
Daniel Gallardo


