“La justicia terapéutica es el estudio del rol de la ley como agente terapéutico. Se centra en el impacto de la ley, en el aspecto emocional y en el bienestar psicológico de las personas”, afirmó el maestro Eiji Alfredo Fukushima Taniguchi, consultor de la Organización de los Estados Americanos e integrante de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), en la sesión del Seminario sobre Medicina y Salud, realizada el pasado 29 de agosto.
En el auditorio “Dr. Octavio Rivero Serrano”, durante la sesión moderada por el doctor Luis Armando Martínez Gil, integrante del Comité Directivo del Seminario sobre Medicina y Salud, el maestro Fukushima Taniguchi explicó que el Programa de Justicia Terapéutica es una alternativa al encarcelamiento de las personas que consumen sustancias y cometen delitos que existe en México desde 2009: “Es un programa que busca romper el paradigma de asociar automáticamente a quienes consumen sustancias con la delincuencia. Se trata de un problema de salud pública más que de una cuestión criminógena”, con el propósito de reducir el daño, contribuir a la solución del conflicto subyacente al delito y restaurar el bienestar de la comunidad.
A su vez, describió los objetivos centrales: disminuir la sobrepoblación penitenciaria, mejorar las condiciones de atención a personas con consumo de sustancias y reducir la reincidencia. Asimismo, subrayó que se trabaja con “delitos menores”, definidos como aquellos cuya media de pena no supera los cinco años de cárcel: “No estamos hablando de delitos graves. El programa está dirigido a quienes enfrentan problemas de consumo y han cometido faltas menores, con el fin de darles tratamiento en lugar de castigo”.
El especialista detalló que los equipos de justicia terapéutica son multidisciplinarios, integrados por jueces, fiscales, defensores, personal de salud y de reinserción social. “La idea es humanizar a las personas y atender sus necesidades de salud. El programa es voluntario y quienes lo completan no sólo logran detener el consumo, también pueden salir sin antecedentes penales, lo cual es un beneficio enorme para su reinserción laboral y social”, enfatizó.
Además, compartió experiencias en distintas entidades federativas, como el caso de Baja California Sur, donde un infractor por conducir en estado de ebriedad reparó los daños materiales y se integró al programa, en lugar de enfrentar un proceso judicial convencional.


En cuanto a resultados, indicó que “los programas más estudiados en la justicia penal han demostrado que cuatro de cada cinco personas reducen la reincidencia, es decir, hablamos de una efectividad cercana al 80%. Y por supuesto, representa ahorros significativos frente a los costos del encarcelamiento”.
Para fundamentar la pertinencia de la Justicia Terapéutica, el maestro Fukushima explicó con ejemplos clínicos cómo las adicciones alteran los circuitos cerebrales de recompensa: “El cerebro tiene la capacidad de repetir las conductas que generan placer. Cuando una persona consume una sustancia, la liberación de dopamina puede llegar a ser cinco o diez veces mayor que la de experiencias naturales, como comer o hacer ejercicio. Eso explica la fuerza del síndrome de abstinencia y el deseo compulsivo de consumo”.
Asimismo, señaló que la recuperación es posible: “Antes se pensaba que las adicciones eran una enfermedad crónica degenerativa. Hoy sabemos que con abstinencia prolongada y tratamiento adecuado, el cerebro puede recuperarse y la persona puede reintegrarse plenamente a su vida social”.





Otro concepto innovador que compartió fue el “Capital de Recuperación”, entendido como los recursos personales, familiares, sociales y comunitarios que favorecen el proceso de rehabilitación: “No sólo debemos enfocarnos en los problemas, también en las fortalezas. Cuando identificamos capital de recuperación, las probabilidades de éxito aumentan”, señaló.
En su oportunidad, el doctor Martínez Gil recalcó que “este tema despierta gran interés en los estudiantes, quienes en su formación deben aprender a no estigmatizar a los pacientes con consumo de sustancias. No todas las personas que usan drogas son delincuentes, y nuestra labor como profesionales de la salud será atenderlos con dignidad”.
Finalmente, se agradeció al ponente y al público por su asistencia. El maestro Fukushima cerró con un llamado a difundir y fortalecer el modelo: “La justicia terapéutica representa un cambio de paradigma: pasar de la criminalización al acompañamiento, de la cárcel al tratamiento. Los resultados nos muestran que sí es posible construir un sistema más humano y eficaz”.
La sesión dejó claro que la Facultad de Medicina, a través del Seminario sobre Medicina y Salud, continúa siendo un espacio de innovación académica y de compromiso social, impulsando enfoques que vinculan la ciencia, el derecho y la salud pública para atender uno de los desafíos más urgentes de la sociedad contemporánea: las adicciones.
María Morales


