“Entendemos al suicidio como una parte aprendida a partir de principios conductuales, no negamos la parte biológica en absoluto. Acompañar un proceso terapéutico de un proceso psiquiátrico es fundamental en muchísimos casos, al menos al inicio”, destacó el licenciado en psicología Carlos Gamiochipi.
Como parte del Seminario de Actualización en Salud Mental, organizado por la doctora Ingrid Vargas, Coordinadora de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina, el pasado 29 de agosto se transmitió por YouTube ( https://www.youtube.com/watch?v=4TuSXwFLnbk&t=6s ), la sesión “Terapia dialéctico conductual en el manejo del suicidio”, moderada por el maestro Gerardo Luna Guevara e impartida por el licenciado en psicología Carlos Gamiochipi.
El ponente explicó que la Terapia Dialéctica Conductual (DBT, por sus siglas en inglés) es considerada actualmente la intervención más efectiva para abordar conductas de riesgo suicida, y se estructura en cuatro etapas terapéuticas que buscan guiar al consultante desde el manejo del sufrimiento hasta la integración plena en la vida cotidiana. La primera etapa se centra en reducir conductas de alto riesgo, mientras que la segunda trabaja los “desórdenes residuales” como la ansiedad, el estrés postraumático o la sensación de no pertenencia. En palabras del experto: “La mayor parte del riesgo de suicidio se vincula con estrategias para evitarlo. Entonces, necesitamos desarrollar una postura de aceptación”.
Las etapas tres y cuatro, menos delimitadas en la literatura, apuntan al aumento del bienestar y a la expansión de la conciencia. “Se trata en grandes rasgos de implicarse de lleno con la vida y de despatologizar muchísimo más el malestar”, puntualizó.
Por otro lado, el especialista añadió que la intervención completa de DBT se compone de cuatro elementos: La terapia individual, enfocada en los objetivos personales del consultante; un grupo de entrenamiento en habilidades, donde se aprenden conductas nuevas en áreas como mindfulness; tolerancia al malestar, regulación emocional y efectividad interpersonal. “Cada sesión aprendemos una habilidad distinta. En realidad, un grupo nunca termina”, destacó el psicólogo. Coaching telefónico, recurso que permite apoyo en crisis, pero también para reforzar avances. “El objetivo no es hacer terapia, sino prevenir conductas de alto riesgo y reforzar el uso efectivo de herramientas”, aclaró. Y equipo de consultoría, dirigido a los terapeutas, quienes requieren espacios de supervisión, validación y apoyo debido a la exigencia del trabajo con pacientes de alta vulnerabilidad.




Otro punto central fue el rol del psiquiatra dentro del equipo multidisciplinario. El ponente lo calificó como “fundamental”, ya que, si bien la DBT parte de principios conductuales, no se desconoce la base biológica de la desregulación emocional. En muchos casos, el acompañamiento farmacológico resulta necesario para complementar el proceso psicoterapéutico.
Respecto a las intervenciones de emergencia, subrayó la importancia de los planes de seguridad con estrategias prácticas para disminuir el riesgo inmediato, como técnicas fisiológicas para regular emociones intensas. Recomendó el uso del protocolo TIP, que incluye “cambiar la temperatura, ejercicio intenso pero breve, respiración profunda y relajación muscular”.
Consultado sobre la efectividad de la DBT, el ponente señaló: “Es la terapia más efectiva para abordar riesgo de suicidio”. También informó que el Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz” aplica un modelo muy completo de DBT, lo que representa una alternativa en el sector público.
Finalmente, reconoció los desafíos de accesibilidad, dado que la DBT suele ser una terapia costosa, pero destacó la importancia de la conciencia social y los valores personales de cada terapeuta al definir honorarios y becas para ampliar el acceso.
La conferencia cerró con una reflexión sobre la aplicabilidad de la DBT y otras terapias contextuales en diversos padecimientos, como la ansiedad generalizada, el estrés postraumático o la ansiedad social, mostrando su versatilidad más allá del riesgo suicida.
Jorge Ugalde


