“Hablar sobre el suicidio no da la idea; por el contrario, puede ser el primer paso para la prevención. La mayoría de las personas que contemplan esta opción comunican su intención de alguna manera. No se debe subestimar o ridiculizar cualquier comentario al respecto, ya que suele ser una petición de ayuda encubierta”, afirmó el licenciado Jonathan Martínez Arteaga, de la Facultad de Psicología.

Durante la 10a Feria del Libro de Ciencias de la Salud, indicó que el suicidio es un fenómeno complejo influenciado por múltiples factores que se pueden combinar, creando una sensación de desesperanza, y actualmente se encuentra entre las cinco principales causas de muerte entre jóvenes.

Indicó que los principales factores de riesgo son: Problemas de salud mental no atendidos, como depresión y ansiedad, exacerbados por estrés constante; consumo de sustancias (alcohol, marihuana, etcétera), que alteran el estado fisiológico y emocional, reduciendo la percepción de recursos para afrontar problemas; eventos catastróficos y crisis personales: la pandemia, la pérdida de seres queridos, desastres naturales, violencia comunitaria o guerras dejan una huella profunda de vulnerabilidad; problemas económicos y falta de red de apoyo social o familiar; y dolor crónico insoportable o padecimientos médicos graves que deterioran severamente la calidad de vida.

Por ello, enfatizó la importancia de ubicar señales de alerta, como: Comunicación verbal o escrita: expresar deseos de morir, hablar de quitarse la vida, sentirse una carga o no encontrar motivos para vivir; búsqueda de medios: investigar métodos en internet, adquirir armas o acumular pastillas; conductas de riesgo: aumento en el consumo de alcohol/drogas, conducir temerariamente y autolesionarse; aislamiento social como retraerse de amigos, familia y actividades que antes disfrutaba; cambios de humor extremos o de conducta, como manifestar una profunda desesperanza, ira o agitación, luego, una calma repentina e inusual (que puede indicar que ha tomado una decisión); y poner asuntos en orden: regalar posesiones valiosas, hacer testamento o despedirse.

Finalmente, habló de cómo podemos ayudar: 

  1. Escuchar con empatía y sin juzgar, abordando el tema directamente con calma. Se le puede decir: “Noto que has estado muy mal últimamente, ¿has llegado a pensar en hacerte daño o en quitarte la vida?”. Esta pregunta no induce la idea; abre la puerta a la conversación.
  2. Validar sus emociones y reconocer su dolor. Frases como “Entiendo que debes sentir un dolor inmenso para pensar en esto” o “Es comprensible que te sientas así con todo lo que estás pasando” hacen que la persona se sienta escuchada y menos sola. Validar el sentimiento no significa validar la solución.
  3. Encauzar hacia la ayuda profesional y buscar alternativas, ayudándole a encontrar razones para vivir (sus hijos, un proyecto, una mascota) y recordando sus fortalezas pasadas para superar crisis. Nunca dejarlo solo. Si la situación supera la capacidad de ayuda, es importante contactar inmediatamente a un profesional o a una línea de crisis. Se debe acompañar a la persona en el proceso.

Miguel Garduño