¡Escucha la nota!

El pasado 17 de septiembre, la Facultad de Medicina de la UNAM realizó el Primer Foro de Cultura de Paz, que nos invita a cada uno de los miembros de la comunidad a convertir, transformar o cambiar nuestros salones, clínicas y hospitales, incluyendo todos nuestros ambientes en general, en espacios respetuosos, seguros y solidarios. Este evento refleja la seriedad y profundidad de un esfuerzo colectivo para realizar actividades encaminadas a concientizar y promover el cambio dentro de la comunidad.  

Desde temprano, la jornada se distinguió por un ambiente emotivo y participativo. Las y los “Doctores Payaso” iniciaron las actividades con dinámicas lúdicas que invitaron al público a relajarse y a reflexionar sobre la importancia de la empatía, la paciencia y el sentido del humor en la vida cotidiana. En un ejercicio simbólico, pidieron imaginar el platillo favorito, compartirlo con el compañero de al lado y terminar con un abrazo. “La empatía, la tolerancia y la escucha también son medicina”, señalaron, recordando que la paz comienza en las pequeñas interacciones.

Bienvenida

“Es un honor darles la bienvenida a este Primer Foro de Cultura de Paz que se enmarca en uno de los ejes más urgentes y trascendentes de nuestra vida universitaria, la construcción de una cultura de paz”, expresó nuestra Directora, la doctora Ana Carolina Sepúlveda Vildósola, quien afirmó que “el mundo vive hoy un escenario cada vez más violento. En 2024 se registraron el mayor número de conflictos armados con participación estatal desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, con 59 conflictos activos involucrando a 92 naciones y niveles sin precedentes de violencia dirigida contra civiles. En nuestro país, esta escalada también es alarmante”.

Recordó que recientemente el doctor Leonardo Lomelí Vanegas, Rector de la UNAM, presentó el Programa Cultura de Paz: Semillero Universitario, “una iniciativa que reconoce en las y los jóvenes universitarios la fuerza transformadora para erradicar la violencia y sembrar la convivencia respetuosa en cada espacio educativo vivo y social. Hace apenas unos días concluimos con éxito la Semana para la Paz en la UNAM, un ejercicio de reflexión y acción que reunió a la comunidad universitaria en torno a la necesidad de repensar nuestras prácticas cotidianas y reforzar nuestro compromiso con una universidad libre de violencia. Este Foro se suma a dichos esfuerzos y adquiere aún mayor relevancia al enmarcarse en la conmemoración del 21 de septiembre, ‘Día Internacional de la Paz’, recordándonos que este valor universal exige constancia, acciones concretas y voluntad colectiva”.

Asimismo, nuestra Directora dio a conocer que en el nivel de pregrado más del 60% del estudiantado reporta haber sufrido algún tipo de maltrato o violencia durante su formación, mientras que en el posgrado los porcentajes superan el 70%. “Estas realidades que van desde el hostigamiento verbal hasta prácticas de acoso y violencia estructural, no sólo afectan la salud mental, el aprendizaje y el desarrollo personal de quienes se forman, sino que también repercuten en la calidad de la atención que, como profesionales de la salud, ofrecerán a la sociedad. En este sentido, la Facultad ha establecido un protocolo para la denuncia y acompañamiento de las personas víctimas de violencia, pero estamos convencidos de que la prevención es siempre una estrategia más sólida y efectiva para erradicar estas prácticas y transformar de raíz la cultura institucional”. 

Posteriormente, se presentó un video conmemorativo que declaró nuestro firme compromiso con la construcción de entornos formativos académicos y clínicos libres de violencia.

Firma de Compromiso por la Paz

Uno de los momentos centrales fue la lectura del “Compromiso por la Paz” por parte de nuestra Directora, antes de proceder a la firma:

Las personas firmantes, integrantes de la comunidad universitaria, residentes, profesorado, jefes de enseñanza y autoridades reunidas en el Foro de Cultura de Paz de la Facultad de Medicina de la UNAM, declaramos nuestro firme compromiso con la construcción de entornos formativos, académicos y clínicos libres de violencia, guiadas por los valores que distinguen a nuestra Universidad y a nuestra Facultad.

Reconocemos que la paz no es sólo la ausencia de violencia, sino la presencia activa de respeto a la dignidad, justicia, solidaridad y responsabilidad social. Sabemos que el aprendizaje de las ciencias de la salud en la Facultad de Medicina y sus sedes exige disciplina y esfuerzo, pero nunca debe sustentarse en el maltrato, la desigualdad o la indiferencia ante el sufrimiento humano.

Por ello, nos comprometemos a:

1. Promover el respeto y la dignidad humana en cada interacción docente, clínica 

 hospitalaria y académica.

2. Fomentar la empatía, la solidaridad y el cuidado mutuo, como pilares de la formación de profesionales de la salud con visión humanista.

3. Impulsar la participación activa del estudiantado en iniciativas de cultura de paz, reconociendo su papel como agentes de cambio en la transformación de las  profesiones de la salud y de nuestra sociedad.

4. Trabajar en equipo de manera interdisciplinaria, con apertura al diálogo, al aprendizaje mutuo y a la colaboración respetuosa.

5. No tolerar y erradicar prácticas contrarias a la ética universitaria, como el maltrato, la discriminación y cualquier forma de violencia en los espacios académicos, de investigación y hospitalarios.

6. Defender los valores universitarios de libertad de pensamiento, igualdad, inclusión, justicia social y responsabilidad con nuestra Universidad y con México.

Al firmar este compromiso, reiteramos que nuestra misión como parte de la Facultad de Medicina es formar profesionales de la salud con excelencia académica, investigación y con un profundo sentido ético y social, capaces de contribuir a la atención de la salud, y a la construcción de una sociedad más justa, sostenible, solidaria y en paz.

Tras la lectura, las autoridades del presídium conformado por la doctora Ana Carolina Sepúlveda; la doctora Gabriela Borrayo Sánchez, Secretaria General de la Facultad de Medicina; el doctor Luis Ernesto Caballero Torres, Coordinador de Educación e Investigación del IMSS Bienestar; el doctor Jesús Reyna Figueroa, Jefe de Servicios de Enseñanza e Investigación del ISSSTE, en representación del doctor Gustavo Reyes Terán, Director Médico del ISSSTE; el doctor José Alberto Díaz Quiñones, Director de Área de Ambientes Académicos Saludables de la Dirección General de Calidad y Educación en Salud; el doctor Ruy López Ridaura, Subdirector de Servicios Médicos de PEMEX; el doctor Martín Pérez García, Director General de Medicina Traslacional y Estrategia de Enseñanza de Alta Especialidad de la Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad, en representación de la doctora Marta Zapata Tarrés; la maestra Leticia Cano Soriano, Directora del Programa Universitario sobre Cultura de Paz y Erradicación de las Violencias (PUCPAZ) de la UNAM; el doctor Arturo García Jiménez, adscrito a la Unidad de Educación e Investigación del IMSS, en representación de la doctora Rosana Pelayo Camacho, Titular de dicha Unidad, y el público asistente firmaron el documento, sumando 337 personas que reafirmaron su voluntad de impulsar una transformación cultural profunda por la paz.

Nuestra Directora cerró con un mensaje claro: “La paz no se logra únicamente con declaraciones, sino con decisiones, con formación ética y con la creación de ambientes que promuevan la dignidad y el respeto”.

Declaratoria inaugural

El Foro continuó con la intervención de la maestra Leticia Cano Soriano, quien recordó que este compromiso es también personal y comunitario: “Asumir un compromiso por la paz es eso, nos compromete a ser agentes de cambio, agentes de paz, embajadoras y embajadores por la paz”.

Asimismo, subrayó la relevancia de la Universidad en este esfuerzo: “Una vez más, la UNAM coloca en la agenda pública nacional e internacional un tema importantísimo: la prevención de las violencias y la construcción de la cultura de paz”.

Además, recordó que la paz no significa sólo ausencia de conflictos: “La paz tiene otras connotaciones muy importantes que están vinculadas a la participación comunitaria que fortalece ambientes colaborativos, participativos y basados en la justicia social, la perspectiva de género, la inclusión y los derechos humanos”.

La maestra Cano Soriano hizo un llamado a desmontar la “cultura de violencias”: “Tenemos que desnormalizar la idea de que la violencia es la única alternativa para dirimir diferencias. Todas y todos somos dignos en todos los lugares, merecemos respeto y el respeto hay que darlo”.

Finalmente, declaró inaugurados los trabajos del foro: “Con un gusto enorme y un honor, me permito declarar formalmente inaugurados los trabajos de este Primer Foro de Cultura de Paz que ha organizado la Facultad de Medicina. Enhorabuena por el compromiso por la paz”.

Conferencia magistral: Neurociencia y Cultura de Paz

En esta conferencia magistral, el doctor José Luis Díaz Gómez, neurocientífico y profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM, planteó la pregunta: “¿Es la paz una facultad cognitiva que puede estudiarse desde la neurociencia?”. Para responder, propuso tres dimensiones: ‘Exterior o política’: entendida como la ausencia de guerra y el fortalecimiento de acuerdos internacionales, ‘Interior o psicológica’: asociada al bienestar, la calma y la ausencia de sufrimiento, ‘Interpersonal o relacional’: basada en la amistad, la armonía y el amor en sus distintas formas: eros, filia y ágape.

El conferencista también destacó el papel de la ciencia en la construcción de la paz. Retomó aportes de la teoría de juegos, la biología evolutiva y la cooperación como factores adaptativos: “Las relaciones interdependientes, amorosas y duraderas entre individuos y grupos se originan hace unos 300 mil años; la cooperación es un motor fundamental en la evolución humana”.

Al respecto, refirió que “la paz es como un estado mental de equilibrio, de balance, de ausencia de sufrimiento. Estar bien significa tener el control de la propia vida, estar confortable, tener logros y valor personal, congruencia con nuestro propio sistema de valores”. Igualmente, explicó que el bienestar subjetivo ha sido estudiado en diversas ciencias y que puede entenderse como una combinación de factores fisiológicos, emocionales, cognitivos y culturales.

El investigador finalizó con el ‘Mito de Cuidado (Humus)’, recordando que, según la fábula, la criatura humana pertenece a Júpiter en espíritu, a la Tierra en cuerpo, pero mientras vive pertenece al Cuidado. “Porque fue el cuidado quien la formó, la poseerá mientras viva”, explicó, subrayando que el cuidado y la responsabilidad son la esencia de la vida humana y, por ende, de la paz.

Mesa redonda: La cultura de paz

En esta mesa moderada por la doctora Ana Elena Limón Rojas, Jefa de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad, se abordaron desde sus respectivos ámbitos los desafíos para implementar una cultura de paz en la formación médica y los entornos hospitalarios.

Sobre qué mecanismos federales se podrían impulsar para garantizar que la formación médica se dé en entornos libres de violencia, más allá de lineamientos internos de hospitales y universidades, la maestra Nancy Araujo Comino, Directora de Estrategias Comunitarias en la Secretaría de Gobernación, consideró que “debe haber un trabajo específico para que, si es a través de la educación, se aborden las herramientas y se sensibilice en temas de construcción de paz; se tiene que prever también que desde la salud suceda y eso abre una puerta a un mundo inmenso”.

Respecto a si el maltrato de la formación médica puede constituir violaciones a derechos humanos, la doctora Nashieli Ramírez Hernández, Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, enfatizó: “Cualquier tipo de maltrato y violencia es una violación a los derechos humanos, ya que atenta contra nuestra integridad física y contra nuestro derecho a vivir una vida libre de violencia”. Asimismo, explicó que “a lo que nosotros le hacemos seguimiento es a si los servidores públicos cumplen o no cumplen con sus tareas y si no violan derechos humanos en el proceso,  entonces, cualquier tipo de omisión, cualquier tipo de no acatamiento al protocolo, cualquier tipo de esas cosas entra directamente en la competencia de las comisiones de derechos humanos”.

Finalmente, la maestra Leticia Cano Soriano consideró que los planes y programas de estudios en cada área de conocimiento de las entidades académicas de la UNAM se tienen que revisar para evaluarse y modificarse, a fin de incorporar contenidos temáticos que tengan que ver con prevención de violencias sociales, inclusión, perspectiva de género, diversidades sexogenéricas y con temas que están asociados a la cultura de paz”.

Mesa redonda: La paz como un derecho humano

La doctora Yuriria Alejandra Rodríguez Martínez, encargada del Programa de Igualdad de Género de la Facultad, moderó esta mesa donde la doctora Gabriela Pineda Hernández, Directora de Desarrollo Institucional de la Comisión Nacional de Bioética, en representación del doctor Patricio Santillán Doherty, Titular de la CONBIOÉTICA, indicó que “reconocer la paz como un derecho humano nos llama a aceptar esta invitación a una acción colectiva ética. Y esto es asumir una responsabilidad compartida para hacer frente a estas violencias múltiples, tipos de dominación, de opresiones, desigualdades, a la exclusión y transformar nuestras prácticas”.

Por su parte, la doctora Jennifer Hincapie Sánchez, Directora del Programa Universitario de Bioética de la UNAM, señaló: “Los sistemas de salud se configuran no sólo como espacios de prestación de servicios, sino como espacios éticos y políticos en donde se concreta o se niega la paz. El acceso equitativo, la no discriminación, la atención con dignidad y la justicia en la asignación de recursos son elementos que son esenciales y que convierten el sistema de salud en un actor fundamental para una cultura de la paz”.

A su vez, la licenciada Indrani Morales Astudillo, responsable Programa Institucional de Ética y Bioética de la Facultad de Medicina, apuntó que “tanto los derechos humanos como la ética deben de ser difundidos por todos los canales que podamos y, sobre todo, debemos tratar de sacarlo de las aulas, con actividades participativas, como ahora las estamos realizando. Tienen que ir fuera de los contextos formales, que sean parte del diálogo, que hablemos de todas las situaciones que nos interesan en cuanto a género, ética y bioética, y esos espacios son muy ricos y todos somos bienvenidos. Finalmente, se debe realizar la implementación efectiva de todas las políticas”.

Simposio: La cultura de paz en la  formación de los profesionales de la salud

En este simposio, la doctora Haydee Parra Acosta, Consejera de Planeación en la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina, A.C. (AMFEM), presentó el impacto del burnout en estudiantes y residentes: “Existe una alta prevalencia del burnout y hay diferencias de género, las mujeres lo reportan más”. Explicó que este fenómeno se debe a “entornos altamente demandantes, pero esta demanda no solamente depende de ellos o del sistema, sino también de nosotros los docentes por estas cargas académicas excesivas, por las jornadas laborales y también por esas relaciones de poder que se establecen entre docentes, estudiantes, y hablo de los docentes clínicos, pero de igual forma de los estudiantes a estudiantes; esas relaciones de poder generan estrés, depresión y ansiedad”.

Por lo que propuso que hay que “innovar el diseño curricular, esta cultura de paz no solamente debe de promulgarse en algún escrito, debe de hacerse realidad en los principios de egreso, con esas competencias blandas, con ese manejo de las competencias socioemocionales interpersonales, con sustento en la equidad y la interculturalidad que promuevan la autorrealización y esa cultura de paz”.

Posteriormente, el doctor José Alberto Díaz Quiñones hizo una presentación de los indicadores de una  encuesta realizada a nivel nacional sobre el goce de los derechos humanos, la cual fue distribuida con alrededor de 60 mil residentes que participaron en el Examen Nacional para Aspirantes a Residencias Médicas entre los años 2021 y 2024, la cual respondió alrededor del 7%. En ese sentido, destacó: “el 31% de los 4,261 estudiantes que respondieron la encuesta trabaja entre 81 y 100 horas semanales y el 24% trabaja más de 100 horas. Creo que podemos empezar a darnos una idea de la magnitud del problema”.

Estos resultados han llevado a la creación de un “Protocolo Plata” de seguridad, la adaptación de la “Línea de la Vida” para profesionales en formación y el establecimiento de un “Observatorio Nacional de Ambientes Académicos”, todo ello enmarcado en el “Acuerdo 23/2” del Consejo Nacional de Salud, donde los consejeros se comprometieron a “fomentar la generación de ambientes académicos saludables, seguros y respetuosos”.

Por su parte, la doctora Mónica del Carmen Preciado Puga, Jefa de la Editorial de AMFEM, agregó: “una persona que no está bien, no puede cuidar bien”, y destacó la prevalencia de un entorno “altamente jerarquizado” con “jornadas de trabajo muy inadecuadas”, donde se permiten “rituales o verbalizaciones, humillaciones que muchos de nuestros alumnos aceptan porque tienen que sentirse que son parte del grupo.”

Asimismo, puntualizó que hay una gran deficiencia estructural: “Las otras violencias se están quedando fuera, existen muchos casos que entran y la respuesta es ‘no es violencia de género, no se atiende’. Y entonces ese caso se queda en el limbo”. También, subrayó la desconexión entre las instituciones educativas y de salud, mencionando que “los olvidamos porque no tenemos recurso humano que los atienda ya, porque no tenemos el conocimiento de que esto aplica sí o sí”.

Por lo que enfatizó la necesidad de “crear convenios con instituciones de salud claras” para incluir cláusulas de ambientes seguros, una tarea que reconoció como “muy complicada desde el punto de vista jurídico”. Para fomentar la “cultura de la denuncia”, estableció que “tiene que estar garantizada por confidencialidad y no por represalias”, un principio que aún se viola.

Mesa redonda: De la teoría a la acción

En esta actividad moderada por el doctor Guillermo Hideo Wakida Kuzunoki, Secretario de Enseñanza Clínica, Internado Médico y Servicio Social”, el doctor Jorge Alejandro García Rodríguez, Cofundador de Doctor Payaso, A.C, quien destacó el poder transformador de las herramientas lúdicas: “El voluntariado ofrece a los estudiantes una dimensión nueva de la medicina, más allá de lo técnico, favorece la empatía, la escucha activa, el sentido de propósito en la medicina, el trabajo en equipo, la resolución de conflictos, recordando que el centro de la práctica médica no es la enfermedad, sino la persona; además, desarrolla valores de solidaridad y de colaboración, especiales para un ejercicio profesional”.

En su intervención el doctor Benjamín Guerrero López, Jefe del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina, comentó su experiencia con el PROSAM: “Lo que estamos haciendo es trabajar sobre el bienestar de los estudiantes. Entendiendo que el bienestar no sólo es sentirse bien, sino también son emociones que están a tu alrededor que favorezcan a la persona Y en el PROSAM estamos trabajando mucho en esa promoción del bienestar, también promocionando la salud mental, alejando factores de riesgo y detectando oportunamente los problemas de los estudiantes”.

Posteriormente, el doctor Damián Jared Díaz Martínez, exdirector general del Primer Congreso de Médicos Generales, resaltó: “Para una cultura de paz no se trata tanto de que no aparezca conflicto, sino saber cómo solucionarlo de una buena manera, esa es otra de las habilidades que hemos impulsado. También hay que generar empatía con capacitaciones, entender de qué se tratan los liderazgos, hablamos mucho sobre hacer la diferencia entre cómo actúa un jefe, una jefa o un líder”.

Finalmente, el doctor Oswaldo Torres Rodríguez, Oficial Nacional de Derechos Humanos  y Paz en la Asociación Mexicana de Médicos en Formación (AMMEF), señaló la urgencia de involucrar a residentes en políticas institucionales: “Que realmente crean que pueden ser esas voces que pueden generar un cambio, que realmente sepan que ya tienen las habilidades, pasaron por un proceso  formativo, se encuentra en el proceso de posgrado, tienen toda la capacidad y el poder de ser agentes de cambio. La otra es aprovechar los espacios que existen, que las instituciones han abierto para ustedes, no los echen en saco roto”.

Todos coincidieron en que la prioridad es “integrar habilidades blandas en el currículo formal, fomentar la autogestión emocional y crear estructuras que permitan a estudiantes y residentes ser corresponsables de su bienestar”. La sesión cerró con una dinámica lúdica dirigida por el doctor García y los Doctores Payaso con el fin de “aceptar nuestro contexto y encontrar alegría en lo cotidiano”.

María Morales y Daniel Gallardo