El pasado miércoles 24 de septiembre se realizó la versión 2025 del evento titulado “Arte en Medicina”, bajo la organización de la doctora María de los Ángeles Martínez Ramírez, profesora de Anatomía Patológica, en las instalaciones de la Clínica de Especialidades con CECIS “Churubusco” del ISSSTE, sede del grupo 3737 de la Licenciatura de Médico Cirujano de la Facultad de Medicina.
Esta actividad busca fomentar la expresión artística de las y los alumnos, reconociendo en el arte un espacio para la reflexión, la sensibilidad y la construcción de un pensamiento crítico en su formación médica. En este evento, todos los integrantes del grupo presentaron obras de su autoría, elaboradas con diversas técnicas y materiales, acompañadas de textos literarios que dieron voz al trasfondo emocional e intelectual de cada pieza, y aunque el eje temático giró en torno a aspectos médicos, las y los estudiantes supieron imprimir un significado personal a cada creación, dando lugar a una muestra diversa, conmovedora y profundamente reflexiva.
Como en años anteriores, se sometieron a la opinión de los asistentes para premiar a los tres primeros lugares durante una ceremonia en la que participaron las autoridades académico-administrativas de la clínica, los profesores y el Secretario de Enseñanza Clínica, Internado Médico y Servicio Social de la Facultad de Medicina, doctor Guillermo Wakida Kuzunoki, así como el equipo de la Unidad Académica de Tercer año de la SECISS.
Las obras presentadas fueron:
1er lugar. “Kintsugi Ikigai”, de Ricardo Figueroa Martínez. Una propuesta que une el simbolismo japonés del kintsugi y el ikigai para transmitir que las cicatrices, visibles e invisibles, también forman parte de la belleza y el propósito de la vida. A través de manos, corazón y cerebro unidos por hilos dorados, la pieza destaca la resiliencia, el equilibrio entre razón y emoción y la capacidad de resignificar las heridas como motor de trascendencia, valores esenciales de la medicina.


2do lugar. “Vitalia”, de Karla Ivonne Sánchez Julián. Con una representación de órganos humanos a partir de flores y plantas medicinales, la obra unió naturaleza y anatomía. Cada órgano se relacionó con una flor simbólica, transmitiendo la idea de que la vida florece en la intersección de ciencia y naturaleza.

3er lugar. “Aquello que no vemos”, de Christopher Pablo Martínez Sotelo. Retrató a un médico que sostiene a su paciente, acompañado de una fuerza espiritual invisible. Esta pieza recordó la fragilidad y humanidad del propio médico, quien también carga dolor, esperanza y fe.

Otros trabajos
“A través de la luz”, de Alan Kaleb Santana Posadas. Es una exploración de lo intangible, donde las transparencias y los colores representan capas de emociones y recuerdos. La obra invita a mirar hacia el interior y reconocer la complejidad del ser humano más allá de lo visible.

“La vida dentro de la célula”, de Emiliano Nava Medina. Con lápices de colores, transformó la estructura celular en un ecosistema marino lleno de vida. Esta metáfora unió ciencia y arte para recordarnos que en lo más pequeño reside la fuerza de lo más grande.

“Instrumental humano”, de Guillermo Yael Santillán Santillán. Inspirado en la cirugía, presentó la práctica quirúrgica como un verdadero arte, donde convergen conocimientos, habilidades técnicas y la dimensión humana de la empatía y el respeto hacia el paciente.

“El peso de las lágrimas”, de Regina Hernández Ibarra. A través de una maqueta, mostró cómo el dolor y la tristeza pueden brotar esperanza y fuerza. La metáfora de las lágrimas que germinan flores se convirtió en homenaje a la resiliencia de pacientes y médicos dentro de los hospitales.

“Un dulce bocado”, de Mayiela Alonso Luna. Inspirada en René Magritte, creó una pieza que reflexiona sobre el silencio emocional y sus efectos en el cuerpo. La obra cuestiona lo que no se dice y cómo las emociones ocultas se convierten en carga física.

“Giardia Lamblia el arte de un protozoo”, de Daniela López López. Mediante la técnica de punch needle, representó a este parásito microscópico en sus dos formas. Su trabajo resalta la importancia de valorar lo invisible y cómo lo microscópico tiene repercusiones trascendentes en la salud.

“Donde florece la vida”, de Carlos Alberto Cuevas Corona. Con una profunda inspiración en la Cardiología, plasmó el corazón como origen de resiliencia y esperanza. La obra muestra que, pese a los obstáculos del camino médico, siempre habrá una luz que impulse a seguir adelante.

“El jardín del corazón”, de Priscila Perea Galindo y Nazarett Tabita Mendoza Centeno. Una propuesta poética donde el corazón se convierte en un jardín sagrado. La obra entrelaza ciencia y poesía, mostrando al miocardio no como una simple bomba, sino como el centro de la vida y de las emociones.



