El doctor Gabriel Villafuerte Jiménez, egresado del Plan de Estudios Combinados en Medicina (PECEM) de la Facultad de Medicina de la UNAM, cofundó la empresa de base tecnológica Actipulse Neuroscience.

“Además de la brecha clásica entre la ciencia básica y la atención clínica, vi otra igual de dolorosa: la brecha de accesibilidad a nuevas tecnologías en México para trastornos neurológicos y psiquiátricos. Aquí, los avances suelen llegar años, incluso décadas, después que a otros países. Yo no quería ser sólo un consumidor tardío de tecnología, sino generarla desde México, con ciencia e ingeniería propias. Emprender fue mi forma de acortar esas dos brechas: traducir evidencia en dispositivos y protocolos reales, pensados para nuestro sistema de salud, nuestras limitaciones y nuestros pacientes. Ese propósito de tener un impacto tangible aquí y ahora fue el motor para fundar una compañía de base tecnológica”, explicó.

Asimismo, subrayó que “PECEM es un antes y un después. Me enseñó que la medicina no es memorizar algoritmos, sino preguntar: ¿por qué? y ¿cómo lo sabemos? La Facultad de Medicina y el PECEM me dieron dos lenguajes: el clínico (empatía, toma de decisiones bajo presión, juicio diagnóstico) y el científico (hipótesis, método, lectura crítica, diseño de estudios). Ese ‘bilingüismo’ me permitió plantear problemas reales de pacientes y traducirlos en prototipos, ensayos y productos”.

Otra lección crucial que destacó fue que nuestras habilidades son transferibles. En ese sentido, comentó que los mejores project managers que conoce se formaron como científicos. “Las personas que mejor navegan por la incertidumbre y la presión suelen ser médicas y médicos. Esa mezcla de rigor, trabajo en equipo y resiliencia son gracias a la Facultad de Medicina y al PECEM.”

Asimismo, el doctor Villafuerte explicó que la neuromodulación no invasiva “es la utilización de energía física, magnética, eléctrica, mecánica o lumínica para modificar la actividad del sistema nervioso sin necesidad de cirugía. El cerebro es un órgano eléctrico y no está exento de las leyes de la física; con estas técnicas es posible modular circuitos desbalanceados y empujar al sistema de vuelta hacia la homeostasis. En la práctica clínica, la neuromodulación no invasiva (como rTMS y tDCS) se usa principalmente en depresión resistente a fármacos y, cada vez más, en otras condiciones con resultados prometedores”. Parte de las líneas de investigación que están explorando su utilidad incluyen la enfermedad de Alzheimer y la recuperación motora después de un evento vascular cerebral. 

Por otro lado, detalló que “la inteligencia artificial está transformando todo el ecosistema, incluida la neuromodulación”. Además,  indicó que “uno de los grandes retos de la psiquiatría moderna es la medicina personalizada: elegir el tratamiento correcto para la persona correcta, en el momento correcto”, ya que “hoy carecemos de biomarcadores robustos y ampliamente validados para muchas patologías del sistema nervioso”. En este sentido, expresó que la inteligencia artificial podría cambiar las reglas del juego: “En el corto plazo, la veo ayudando a identificar fenotipos clínicos y patrones de respuesta que nos permitan personalizar los parámetros de estimulación más adecuados para cada paciente”.

De igual modo, manifestó que la accesibilidad de estas terapias en el futuro “van a convivir, no a competir”. Señaló que “en muchas enfermedades usamos combinaciones de fármacos para modular distintas aristas de la fisiopatología; en el cerebro, esa lógica debería ser la norma y aún no lo es. Sin biomarcadores predictivos sólidos, pensar que una sola intervención resolverá problemas tan heterogéneos es ilusorio. La neuromodulación es una herramienta potente que funciona muy bien en ciertos perfiles, pero no en todos. El reto es encontrar y validar biomarcadores que nos permitan seleccionar y dirigir mejor el tratamiento”.

“Actipulse nació para democratizar el acceso a técnicas de neuromodulación en México y Latinoamérica. Hoy la ambición es mayor: queremos desarrollar nuevas técnicas y dispositivos con ciencia y desarrollo propios, sin depender de terceros. La visión es construir una plataforma integral: hardware confiable, protocolos basados en evidencia y herramientas de inteligencia artificial que ayuden a decidir a quién tratar, cómo y cuándo, con una operación y un precio que permitan su adopción real en nuestro contexto sanitario”, puntualizó.

Consciente de los desafíos que implica la carrera, el doctor Villafuerte envió un mensaje alentador a quienes hoy recorren el mismo camino: “Piensen siempre en resolver problemas reales. En México, y en salud, sobran oportunidades: cada proceso ineficiente, cada instrumento que no sirve, cada tratamiento inaccesible es una invitación a innovar. Emprender por sí mismo no tiene sentido si no hay un problema concreto detrás. La solución puede ser software, hardware o un fármaco; lo importante es que funcione y se pueda medir. Y no se desanimen cuando escuchen ‘siempre ha sido así’: justo ahí hay espacio para cambiar las cosas. Construyan, prueben, midan, iteren y documenten. La combinación de rigor científico, criterio clínico y ejecución constante es la mejor receta para transformar la medicina”.

Con su ejemplo, el doctor Villafuerte no sólo representa la entrega, sino también el emprendimiento, el compromiso y la dedicación que pueden apoyar a los jóvenes investigadores mexicanos a realizar contribuciones significativas en el campo de la ciencia. Su historia es una inspiración para todos aquellos que buscan transformar el conocimiento y hacer una diferencia tanto en México como en el mundo.

María Morales