Mi nombre es Adriana García Ramírez. Estudié la Licenciatura en Fisioterapia en la Facultad de Medicina de la UNAM porque conjuga muchas ramas del conocimiento que me apasionan, como la física, la fisiología y la biomecánica, y además es una profesión con mucho contacto con el paciente y su entorno. 

Hubo dos momentos que considero fundamentales en mi formación. El primero fue durante el Servicio Social, cuando conocí a un paciente que fue clave para que definiera mi camino hacia la fisioterapia del paciente crítico. El segundo llegó cuando ese mismo camino me llevó a hacer rehabilitación cardiaca en el Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez”. 

Al incorporarme al campo laboral, descubrí el valor de la forma en que te relacionas con tus superiores, con tus colegas y con el equipo interdisciplinario. También comprendí la importancia de la fisioterapia basada en evidencia, porque es lo que realmente da sustento a nuestra práctica y nos permite ofrecer la mejor atención posible.

La oportunidad de ejercer la docencia surgió cuando me invitaron a dar una ponencia sobre insuficiencia cardiaca en la Facultad de Medicina. En esa ocasión tuve contacto con algunos jefes involucrados en la formación de un diplomado, me invitaron a hacer el proceso de postulación y así fue como inicié el camino de la docencia.

Mi experiencia al regresar a las aulas fue compleja. Era algo totalmente nuevo y diferente a todo lo que había hecho antes. Fue desafiante, porque la docencia no es sólo dar clases. Hay todo un mundo detrás de lo que significa enseñar y la gran responsabilidad que implica. Se necesita el conocimiento y la energía exacta para compartir y transmitir de manera eficaz: no puede ser demasiado, ni insuficiente. Debe ser la combinación perfecta entre conocimientos, habilidades y las necesidades de las y los alumnos a desarrollar.

En lo académico y laboral todavía hay mucha comunidad que no confía en las mujeres fisioterapeutas sólo por ser mujeres, o que no nos da nuestro lugar y reconocimiento. Pero al final no se trata de esas personas, sino de nosotras. De abarcar puestos de poder, de generar conocimiento científico, de ambicionar proyectos y liderarlos, de ser apoyo, motivación y guía para las mujeres con quienes convivimos y las que vienen atrás. Se trata de transformar.

A las y los estudiantes que están interesados en la docencia, les aconsejo que se preparen, que estudien, que adquieran experiencias tempranas en la enseñanza y que escuchen a quienes ya tienen experiencia en el campo. Así podrán desarrollar grandes competencias en la docencia y descubrir todo lo que esta área puede ofrecerles.