En el marco de la Política Interna de Igualdad de Género, la Comisión Interna para la Igualdad de Género (CInIG), el Programa de Igualdad de Género y el Programa de Estudios de Género en Salud de la Facultad de Medicina, realizaron la mesa de diálogo titulada “Fenómeno Incel: la UNAM ante nuevos retos en la salud psicosocial”.

La actividad abordó el impacto de los discursos de odio, la misoginia y los vacíos sociales que enfrentan los jóvenes en la era digital, con el propósito de fortalecer el trabajo interdisciplinario para la atención de problemáticas actuales en la comunidad universitaria para propiciar la reflexión sobre los discursos radicales y misóginos que han cobrado fuerza en entornos digitales.

La moderación del evento estuvo a cargo de la doctora Beatriz Cerda de la O, médica especialista en Psiquiatría y maestra en Sexología Clínica, adscrita a la Clínica de Género y Sexualidad del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz”, e integrante de la CInIG de la FacMed.

Durante la bienvenida, la doctora Cerda de la O expresó que la mesa “busca entender diversos fenómenos sociales en salud”; asimismo, destacó que el objetivo es “reflexionar sobre algunos discursos radicales promovidos en las últimas décadas, principalmente a través de redes digitales, que favorecen la discriminación, los discursos de odio hacia las mujeres o hacia ciertos grupos de personas, poniendo en riesgo a los jóvenes a ejercer distintas formas de violencia de género, afectando con esto a nuestra sociedad y a nuestra comunidad universitaria”.

Para abordar este complejo fenómeno desde distintas perspectivas, participaron como ponentes tres especialistas con amplia trayectoria en temas de salud mental, género y educación: el maestro René López Pérez, licenciado en Economía por la UNAM, que ha colaborado en el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), autor y coautor de diversas publicaciones en la Asociación Civil GENDES, A.C. (Género y Desarrollo).

La doctora Beatriz Martínez Romero, médica psicoanalista psicosomatista por el Instituto Mexicano de Medicina Psicosomática y actualmente médica adscrita al área de salud mental del Hospital General Ajusco Medio del Gobierno de la Ciudad de México.

El doctor Diego Armando Coronel Manzo, médico psiquiatra, especialista en medicina del dormir y actual responsable del Programa de Salud Mental de la Facultad.

El maestro López Pérez presentó una definición general del fenómeno ‘Incel’ acrónimo de ‘involuntary celibates’ o ‘célibes involuntarios’, que “refleja la insatisfacción de adolescentes y jóvenes, sobre todo, acerca de la dificultad para establecer relaciones erótico-afectivas satisfactorias”. Igualmente, añadió que si bien el origen de estas comunidades se encuentra en internet, su raíz es más profunda, “lo que caracteriza a estos grupos es una visión muy simplificadora del origen de su problema”.

El especialista detalló los conceptos de la ‘píldora roja’ y la ‘píldora negra’, símbolos centrales en la narrativa de los grupos Incel. “La píldora roja hace referencia a este ‘despertar’, según estos grupos, cuando se dan cuenta de que no son aceptados por el otro sexo; mientras que la píldora negra es cuando ya aceptan que esa es la realidad y tratan de conformarse con ella”, indicó.

Sin embargo, advirtió que detrás de esta frustración hay factores sociales estructurales. “Son chicos que han sufrido distintos tipos de discriminaciones, muchas veces por su condición económica, por su tono de piel o por no coincidir con los estándares de belleza que la sociedad considera aceptables”, señaló. Además, subrayó que “en muchos casos también presentan dificultades para socializar, timidez o inseguridad para acercarse a otras personas, lo cual los hace más vulnerables a los discursos simplistas que circulan en las redes”.

El maestro alertó sobre la influencia de grupos de extrema derecha que, aprovechando estas inseguridades, han logrado infiltrar sus discursos en las comunidades digitales: “Hay una clara tendencia de grupos con agendas antifeministas a ocupar esos espacios. Si quienes trabajamos por la igualdad no tenemos presencia en las redes, otros llenarán ese vacío con mensajes de odio y polarización”.

Finalmente, reflexionó sobre la necesidad de repensar las políticas de género y educación emocional dirigidas incluso a los hombres: “El excluir a los hombres de las políticas de género y no generar espacios donde reflexionen sobre su construcción masculina está generando esta dificultad de que se encuentren en el feminismo una respuesta. En lugar de eso, lo ven como la fuente de su problema”.

Por su parte, la doctora Martínez Romero abordó el tema desde la perspectiva médica y neuropsiquiátrica, aclarando que la misoginia y la pertenencia a comunidades Incel “no constituyen trastornos mentales”.

“La misoginia no es una enfermedad mental, es un fenómeno social, por lo tanto no es algo que pueda ser curado con una pastilla”, afirmó. En su exposición, explicó cómo el sufrimiento humano no puede reducirse a una categoría clínica y destacó que “no todo sufrimiento se debe a una enfermedad psiquiátrica; hay contextos sociales que generan dolor, frustración o enojo que no se tratan con medicación, sino con transformación social”.

De igual modo, detalló las diferencias entre agresión y violencia: “La agresividad puede ser un síntoma derivado de una enfermedad mental y suele ser defensiva; en cambio, la violencia es un fenómeno social cuyo motivo es el poder, ya sea político, económico o de cualquier otra naturaleza”.

Asimismo, enfatizó la importancia del pensamiento crítico y su relación con el desarrollo de la salud mental. “El pensamiento crítico no es innato, es una habilidad que se aprende y que la sociedad debe propiciar. Si no se desarrolla, las explicaciones simplistas y los discursos de odio se vuelven más fáciles de creer”, expresó.

Sobre el impacto de las emociones, agregó: “No nacemos sabiendo gestionar las emociones, la regulación emocional es una habilidad que se aprende. Saber tolerar el rechazo, la frustración y la diferencia son competencias esenciales de la salud mental. No porque sienta enojo debo responder con violencia”.

Por último, enfatizó que la prevención de estos fenómenos no debe centrarse sólo en la censura o la medicalización: “La solución no es cerrar foros ni recetar antidepresivos. Es necesario enseñar a los jóvenes a discriminar la información, a desarrollar pensamiento crítico y a aprender a relacionarse con empatía”.

En su oportunidad, el doctor Coronel Manzo retomó la conversación desde su experiencia como psiquiatra y docente universitario, señalando que la educación emocional es una herramienta esencial para la prevención de discursos radicales.

“Como docentes tenemos una doble responsabilidad: formar pensamiento crítico y construir individuos sexo-genéricamente empáticos”, afirmó. “La radicalización de la masculinidad se nutre del vacío emocional, la carencia social y las limitaciones educativas”.

De la misma forma, propuso la inclusión de espacios de reflexión sobre género, poder y afectividad dentro del currículo universitario: “Así como enseñamos anatomía o diagnóstico clínico, debemos enseñar cómo funciona el entramado social y cómo crear sociedades más dignas de vivir”.

De igual manera, insistió en la urgencia de promover “programas que desarrollen la empatía, la regulación emocional y el pensamiento crítico frente a los discursos de odio”, a través de metodologías que fortalezcan la escucha, la cooperación y el trabajo colectivo. “La educación emocional se nutre del encuentro. Es nuestra tarea como formadores sostener ese encuentro y demostrar que la conciencia social es tan esencial para la vida universitaria como cualquier otra competencia académica”, puntualizó.

Adicionalmente, compartió experiencias de programas universitarios de apoyo psicoeducativo, como talleres de manejo de duelos y tutorías pares. “Los jóvenes necesitan recursos de salud mental que no se limiten al consultorio. La familia no siempre alcanza, y por eso es fundamental crear espacios seguros donde puedan hablar, escuchar y aprender a cuidarse mutuamente”, añadió.

Durante el diálogo con el público, los ponentes coincidieron en que la prevención de la violencia y de los discursos de odio requiere una visión interdisciplinaria y estructural.

El maestro López Pérez destacó que la raíz del problema es social y educativa: “En primaria, las emociones desaparecen del sistema educativo. Si desde niños los hombres reciben el mandato de no llorar, no sentir, no mostrarse débiles, difícilmente aprenderán a gestionar lo que sienten”.

 

Por su parte, la doctora Martínez Romero advirtió sobre el riesgo de “psiquiatrizar fenómenos sociales” y reducirlos a meros diagnósticos clínicos. “No podemos apostar a que un medicamento resuelva la misoginia. No se trata de llevar psiquiatras a todas las escuelas, sino de transformar el entorno social y educativo”, enfatizó.

El doctor Coronel Manzo añadió que incorporar la ética del cuidado en los espacios universitarios es clave para fortalecer la empatía y la salud emocional. “Debemos enseñar a cuidar y a cuidarse. El derecho al cuidado incluye el autocuidado, el cuidar y el ser cuidado. Rompe con miradas individualistas y fortalece la colectividad”, señaló.

En el cierre de la mesa, la doctora Beatriz Cerda de la O agradeció la participación de los especialistas y del público, subrayando que el fenómeno ‘Incel’ no debe abordarse desde la estigmatización, sino desde la comprensión y la prevención. “No se trata sólo de evitar los daños, sino de sembrar vínculos, favorecer la dignidad, el sentido y la escucha”, aclaró. 

Finalmente, hizo un llamado a la reflexión colectiva sobre las consecuencias de la violencia: “La violencia siempre se redirecciona. Quien violenta a otro, también se violenta a sí mismo. La venganza nunca es una solución; es más violencia. Si hay heridas o dolores, hay que atenderlos y buscar espacios de apoyo”.

El evento, transmitido por YouTube y Facebook Live, concluyó con un llamado conjunto de los ponentes a fomentar la educación emocional, el pensamiento crítico y la empatía desde las aulas, las familias y las políticas públicas.

María Morales