Mi nombre es Michelle Valle Rodríguez, soy alumna del Plan de Estudios Combinados en Medicina (PECEM). Decidí estudiar medicina porque desde siempre me ha causado una profunda curiosidad entender cómo funciona el cuerpo humano, pero más aún, comprender por qué se enferma. En mi familia hay un historial médico amplio, eso despertó en mí la necesidad de ir más allá de lo evidente, de buscar respuestas. Cuando llegué a la preparatoria tuve mis primeras clases de biología y anatomía, y esa curiosidad se transformó en fascinación. 

Descubrí que la medicina no sólo abarca la ciencia (que ya de por sí me apasiona), sino que también integra muchos otros ámbitos de interés académico: investigación, análisis, comunicación y empatía. Considero que es una carrera completa, une el conocimiento con la humanidad. No es sólo tratar enfermedades, sino entender a las personas, su historia, su contexto, para poder acompañarlas y prevenir el sufrimiento antes de que aparezca.

Uno de los aprendizajes más trascendentales que me ha dejado la carrera es el valor real del trabajo en equipo. La medicina no se ejerce en soledad; cada diagnóstico, cada  decisión y cada avance surgen del intercambio de perspectivas. Aprendí que trabajar en conjunto no sólo mejora los resultados clínicos, sino que también te enseña humildad, reconocer que siempre hay algo que otro puede ver y tú no. Y esa colaboración constante no sólo beneficia al paciente que es el centro de todo, sino que te forma como persona, porque te obliga a escuchar, a confiar y a construir junto con otros.

En cuanto a mis objetivos a corto plazo, el más importante es concluir el Internado con una formación sólida, no sólo en conocimientos, sino también en criterio clínico y en trabajo en equipo. Quiero cerrar esta etapa demostrando lo aprendido y presentar mi examen profesional con los mejores resultados posibles. A mediano plazo, busco consolidar mi protocolo de investigación para el doctorado, mientras me preparo para el Examen Nacional de Residencias Médicas, con la meta de llegar a la especialidad que más me apasiona: la cardiología. 

Aspiro a seguir formándome con una visión integral: científica, clínica y humana que me permita contribuir de manera significativa tanto a la atención de los pacientes como al avance del conocimiento médico.

Al terminar el primer año de la carrera recibí un correo de PECEM con una invitación para participar en el programa. En ese momento no sabía exactamente de qué se trataba, así que me dediqué a investigar más sobre él. Me encontraba en una etapa en la que buscaba involucrarme en actividades académicas que me ayudaran a reforzar mis conocimientos, pero también a abrirse nuevas oportunidades de aprendizaje y desarrollo. 

No muchos compañeros conocían el programa en ese entonces, debo admitir que al principio dudé de si cumpliría con el perfil. Fue gracias a un amigo que me animó a postularme que me decidí a hacerlo. Redacté mi carta de motivos, preparé la entrevista y, días después, recibí la noticia de que había sido aceptada. 

Ingresar al PECEM ha sido, sin duda, uno de los mayores aciertos de mi formación. Me ha permitido crecer no sólo en el ámbito académico, sino también en el personal, al descubrir la importancia de la investigación como herramienta para transformar la práctica médica.

Sin duda, el simple hecho de pertenecer al PECEM ya representa una gran ventaja. Es un entorno donde te rodeas de personas extraordinarias que comparten tus intereses, pero con perspectivas muy diversas, lo que enriquece enormemente tu formación. Asimismo, el programa te brinda la oportunidad de desarrollarte académicamente en instituciones y hospitales de alto nivel, como el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, donde se fomenta la excelencia científica y clínica. 

A través de las estancias de investigación, tienes la posibilidad de explorar distintos campos de la medicina, crear una red de contactos sólida, además de conocer a médicos e investigadores destacados. Todo esto amplía tu visión, fortalece tu vocación y complementa de manera integral tu formación como futura médica e investigadora.

Considero que el PECEM representa una gran oportunidad para abrir camino a futuras generaciones de médicas e investigadoras. El programa no se centra en una distinción entre hombres y mujeres, sino en fomentar la curiosidad científica, el pensamiento crítico y el amor por la investigación. 

Lo que hace al programa tan valioso es que ofrece un entorno inclusivo, donde las capacidades, las ideas y el compromiso pesan más que cualquier otra cosa. Eso, en un ámbito donde históricamente las mujeres hemos tenido menos visibilidad, es sumamente importante. Igualmente, no sólo impulsa el desarrollo académico, sino que brinda apoyo y acompañamiento, generando una red que inspira, protege y motiva a seguir avanzando. En ese sentido, sí creo que abre puertas reales y simboliza un cambio positivo para las futuras generaciones.

Cuando las mujeres en el ámbito médico priorizan la sororidad y el trabajo en equipo, se generan cambios muy positivos tanto en el entorno profesional como en la calidad del cuidado que se brinda. La sororidad permite crear espacios más colaborativos, donde el conocimiento se comparte, no se compite,  donde las voces femeninas tienen mayor fuerza y representación. Esto fortalece la confianza, la comunicación, el respeto mutuo y los valores que son esenciales en la medicina. 

De igual modo, cuando las mujeres se apoyan entre sí, promueven el trabajo conjunto, se rompen estigmas y se abren caminos para las generaciones que vienen detrás. Por eso, la sororidad no sólo transforma las relaciones profesionales, sino que también impulsa una cultura médica más equitativa, empática y orientada al bienestar común.

Creo que mi mayor logro ha sido encontrar en la medicina una verdadera fuente de inspiración, admiración y propósito. A lo largo de la carrera he descubierto no sólo mi vocación, sino también el tipo de médica que quiero llegar a ser: alguien que entiende que detrás de cada diagnóstico hay una persona que siente, que vive y que confía. Encontrar la especialidad en la que quiero centrar mi vida, la cardiología ha sido parte de ese camino, pero lo más valioso ha sido lograrlo sin perder mi esencia: mantenerme fiel a mis valores, a mi curiosidad y a mi forma de ver la medicina, sin dejar de aprender de los demás ni cerrarme a nuevas perspectivas. Para mí, ese equilibrio entre crecimiento profesional y autenticidad personal es, sin duda, uno de los mayores logros que he tenido hasta ahora.

Actualmente no participo de manera activa en un protocolo de investigación, ya que durante este año de Internado Médico decidí concentrar mis esfuerzos en el aprendizaje clínico y en fortalecer mis habilidades como futura médica. Sin embargo, previamente formé parte del proyecto titulado “Impacto de un programa de rehabilitación cardiaca en la prevención y pronóstico de la enfermedad cardiovascular en pacientes con cáncer de mama sometidas a quimioterapia y radioterapia”, bajo la tutoría de la doctora Nilda Espínola Zavaleta. Esa experiencia fue sumamente valiosa, pues me permitió comprender la importancia de integrar la investigación con la práctica clínica, especialmente en áreas donde la prevención y el abordaje integral del paciente son esenciales. Me gustaría, en cuanto sea posible, retomar dicho proyecto o bien iniciar uno nuevo con objetivos similares, enfocado en la relación entre la cardiología y la oncología, campos que considero profundamente interconectados y de gran relevancia para la medicina actual.

A las futuras médicas e investigadoras que decidan recorrer este camino, les diría que mantengan siempre viva su curiosidad, porque es la base de toda vocación científica y médica. Que nunca dejen de preguntarse el porqué de las cosas, ni de maravillarse con la complejidad del cuerpo humano, la capacidad que tenemos para aliviar el dolor, acompañar en los procesos de salud y enfermedad. 

Les recordaría que no hay un solo ritmo correcto para avanzar. Cada quien tiene su propio tiempo, su propia historia, sus propias formas de aprender y crecer. En medicina, muchas veces el camino parece largo, exigente, pero cada paso, cada desvelo, cada duda resuelta, cada paciente atendido, dejan una huella. Todo esfuerzo, incluso el que parece invisible, se ve recompensado, a veces en los momentos más inesperados. También les diría que no teman equivocarse, preguntar o iniciar proyectos nuevos. La medicina y la investigación se construyen a partir de la inquietud, la colaboración y el intercambio de ideas. Expresar una duda o una opinión no las hace menos capaces; al contrario, las convierte en mujeres valientes, comprometidas con su aprendizaje y con el avance del conocimiento. 

Les aconsejaría que nunca se comparen con los demás. Este camino no se trata de competir, sino de crecer, de aprender del otro y de tender puentes. Que abracen cada pequeño logro como si fuera un gran paso, porque lo es; cada avance, cada descubrimiento, cada paciente que sonríe gracias a su trabajo, es una prueba de que van por buen camino. Y, por encima de todo, que nunca olviden cuidar de sí mismas. Que prioricen su salud, su descanso, su paz mental y su bienestar físico. La medicina requiere entrega, pero también equilibrio; sólo cuando nos cuidamos podemos cuidar verdaderamente a los demás. Porque ser médica e investigadora no sólo se trata de estudiar o trabajar, sino de mantener viva la pasión, la empatía y la humanidad. Y si logran hacerlo, si se mantienen fieles a sí mismas, al amor por lo que hacen y a la curiosidad que las trajo hasta aquí, ya habrán alcanzado uno de los mayores logros posibles.