“Con los avances de la medicina se ha tendido a deshumanizar la atención, abordando únicamente los diagnósticos y dejando de lado a la persona, lo que implica una pérdida de beneficios para su atención integral”, indicó la doctora Beatriz Zamora López, médica psiquiatra, formada en alta especialidad de Psicogeriatría y miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores.

Como parte del Seminario de Actualización en Salud Mental que organiza la doctora Ingrid Vargas Huicochea, Coordinadora de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental (DPSM) de la Facultad de Medicina, el pasado 24 de octubre se transmitió por YouTube la sesión número 36 de esta actividad titulada “Más allá del diagnóstico: la atención centrada en la persona en la práctica clínica”, la cual estuvo moderada por la doctora Araceli Tafoya, investigadora adscrita a dicha Coordinación e impartida por la doctora Zamora López, quien explicó que su interés por el tema surgió durante su labor docente en el DPSM, donde imparte la materia “Introducción a la Salud Mental”. 

En ese contexto, un grupo de docentes realizó un estudio con alumnas y alumnos de primer año de medicina para evaluar si desarrollaban actitudes favorables hacia la atención centrada en el paciente. Los resultados mostraron que “el 51.7% del alumnado manifestó una tendencia positiva en general hacia la atención centrada en el paciente, lo que demuestra que sí estamos logrando sensibilizarlos hacia una visión humanística de la práctica médica”.

Asimismo, la especialista realizó un recorrido histórico y conceptual sobre los antecedentes de este modelo de atención. Recordó que sus orígenes se remontan al psicoterapeuta Carl Rogers, quien formuló la “Terapia centrada en el cliente”, basada en la confianza en las capacidades internas del individuo para el cambio. “Rogers enfatizó la importancia de la empatía, la autenticidad y la aceptación incondicional del otro, lo que revolucionó la relación terapeuta-paciente”. 

Posteriormente, comentó que el médico Michael Balint propuso en la década de 1950 el concepto de “medicina centrada en el paciente”, como respuesta al modelo biomédico dominante de la época, que colocaba la enfermedad en el centro del proceso médico. “Balint hizo énfasis en la empatía, la comunicación y la consideración de la experiencia del paciente en el contexto clínico, elementos que entonces eran totalmente innovadores”. Estos aportes fueron ampliados con el modelo biopsicosocial de George L. Engel, que plantea que la salud, la enfermedad deben entenderse desde la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales. “No enfermamos igual todos, aunque tengamos la misma patología, porque nuestras biografías, contextos y recursos para enfrentar la enfermedad son distintos”, recordó la ponente.

Durante la presentación, la doctora Zamora diferenció los conceptos de atención centrada en el paciente y atención centrada en la persona: “El primero busca que las decisiones clínicas sean congruentes con los valores del paciente. En cambio, la atención centrada en la persona trasciende el ámbito clínico, incorporando la comunidad, las necesidades integrales y la calidad de vida del individuo”. 

A su vez, detalló que este modelo se sustenta en cuatro principios fundamentales: autonomía, participación, integración social e independencia y bienestar. “Estos principios garantizan que el individuo sea un sujeto activo en la toma de decisiones sobre su salud, capaz de ejercer control sobre su vida y de mantener su participación en la comunidad, aun en contextos de fragilidad o dependencia”. Además, subrayó la importancia de habilidades comunicativas en los profesionales de la salud: “Es fundamental desarrollar la escucha activa, evitar interrupciones prematuras y fomentar una comunicación que permita al paciente expresar su vivencia del padecimiento. Sólo así podremos comprender plenamente lo que le sucede”.

La especialista resaltó el valor de la empatía y la dignidad, “el paciente debe sentirse comprendido, valorado y verdaderamente cuidado. Un trato respetuoso y la protección de su intimidad son esenciales para una relación terapéutica efectiva”. Al abordar la aplicación del modelo en el ámbito de la salud mental, la experta expresó que éste “humaniza la práctica médica, mejora la calidad de los servicios y fomenta la recuperación y el bienestar subjetivo de los individuos”. “Este modelo nos permite centrarnos no sólo en los déficits, sino también en las fortalezas, capacidades e intereses de la persona. Deja de ver al paciente como receptor pasivo de servicios y lo convierte en protagonista de su recuperación”. Entre los beneficios documentados, destacó que “la atención centrada en la persona mejora los resultados clínicos, aumenta la adherencia terapéutica, reduce los ingresos hospitalarios y disminuye los costos del tratamiento”.

Igualmente, puntualizó que este enfoque beneficia de la misma manera a los profesionales de la salud, “se ha observado una reducción de la carga emocional, una mayor satisfacción laboral y un trabajo en equipo más equilibrado. Comprender al paciente de manera integral reduce el agotamiento y fomenta una actitud más optimista ante la práctica clínica”. No obstante, reconoció que aún existen retos para lograr una implementación plena, “uno de los obstáculos principales es la falta de una comunicación efectiva entre profesionales y pacientes. La información insuficiente o poco clara genera desequilibrios de poder y limita la colaboración”.

De igual modo, mencionó que algunos profesionales consideran que ya aplican el modelo sin hacerlo realmente, lo que puede obstaculizar la capacitación y la actualización necesarias. “Es fundamental reconocer que la atención centrada en la persona no se limita a aliviar síntomas o estabilizar al paciente, sino que implica acompañarlo en su proceso vital y comprender su experiencia”. Por otro lado, enfatizó la necesidad de fortalecer la investigación cualitativa en este campo, “gran parte de la investigación se ha centrado en los resultados clínicos, pero necesitamos conocer más las experiencias de los pacientes para perfeccionar los modelos de atención y hacerlos realmente humanos y efectivos”.

Al finalizar su exposición, la doctora Zamora presentó ejemplos de aplicación del modelo en contextos específicos, como la atención a personas mayores o con demencia, citando los aportes del psicólogo británico Tom Kitwood y la especialista Teresa Martínez Rodríguez, quienes proponen principios prácticos de dignidad, singularidad y autonomía. “Todas las personas, independientemente de su edad, enfermedad o grado de discapacidad, poseen dignidad y deben ser tratadas con igual respeto. Cada biografía es única y debe ser la base del plan de atención”, subrayó.

La sesión finalizó con un intercambio de preguntas y comentarios de los asistentes, quienes destacaron la relevancia de incorporar este enfoque en la formación médica y en la atención cotidiana. “Este tipo de reflexiones son fundamentales para seguir construyendo una medicina más humana, donde el centro del acto médico no sea la enfermedad, sino la persona que la vive”, concluyó la doctora Araceli Tafoya.

María Morales