El 28 de octubre se realizó una sesión más del foro Hablemos ClaraMENTE 2025, una iniciativa de la Coordinación de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental (DPSM) de la Facultad de Medicina de la UNAM. 

La doctora Ana Fresán Orellana, investigadora en Ciencias Médicas en la Subdirección de Investigaciones Clínicas del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz”, y Jennifer Gasca Olvera, instructora del  DPSM, estudiante de la carrera de Médico Cirujano con formación técnica en urgencias médicas y capacitación en primeros auxilios psicológicos, presentaron el tema “Batas blancas, cargas invisibles: hablemos de salud mental médica”, moderado por su organizadora, la doctora Ingrid Vargas Huicochea, Coordinadora de Investigación del DPSM, junto con la doctora Claudia Ramírez, psicoterapeuta experta en terapias contextuales y responsable del área de Capacitación Continua del DPSM.

La doctora Ramírez abrió el diálogo planteando los desafíos emocionales a los que se enfrentan los jóvenes que ingresan a la carrera de Medicina, señalando que muchos pasan de ser estudiantes destacados en el bachillerato a un entorno universitario sumamente exigente. En ese contexto, Jennifer Gasca compartió su experiencia personal: “Cuando sales de la prepa todo es fácil, pero al llegar a Medicina te das cuenta de que no todo es como en las series. Allá los médicos son superhéroes, aquí te das el golpe de realidad. Nadie te enseña a cuidarte a ti mismo.”

Describió cómo, desde el inicio, el entorno competitivo y las expectativas familiares comienzan a generar presión, “desde que dices en tu casa que vas a ser médico, ya todos te ponen la etiqueta. Si repruebas o te va mal en una materia, te da pena decirlo, porque no quieres decepcionar a tu familia. Te lo guardas, y eso duele.”

La doctora Ramírez coincidió en que el peso social de la carrera incrementa estas tensiones, “parece que cargan las expectativas no sólo personales, sino de toda una familia, y a veces de generaciones completas. Si además eres el primer médico de tu familia, la carga se multiplica.”

Durante su participación, la doctora Ana Fresán presentó resultados de una investigación con más de 12 mil médicos en formación: “La prevalencia de depresión, ansiedad y agotamiento emocional en residentes supera el 30 o 40%. Y la ideación suicida es el doble de la que se reporta en la población general, es altísimo.” Explicó que este fenómeno se agrava por la normalización del silencio y el estigma, “a los médicos se les enseña que no se enferman, que no se cansan. La bata blanca se convierte en una armadura que termina pesando demasiado.”

Por su parte, Jennifer narró que el maltrato en la formación médica se asume como parte del proceso, “mi mamá me dijo: ‘Estás consciente de que te van a gritar y tratar mal, pero eso te va a formar el carácter’. Lo peor es que muchos lo creemos normal”. También habló de las diferencias de género que aún persisten, “a los hombres les dicen ‘doctor’, y a nosotras ‘señorita’. Me ha pasado que un paciente no me hace caso porque piensa que no sé lo que hago, sólo porque soy mujer.”

La doctora Fresán confirmó que su equipo ha documentado estas desigualdades, “hay más violencia emocional hacia las mujeres, pero la violencia física se ejerce más hacia los hombres. Además, sobre las mujeres pesa la expectativa social de ser madres y cuidadoras, lo que añade otra carga a la carrera médica”. La conversación avanzó hacia las consecuencias de esta cultura de la exigencia. Jennifer relató los sentimientos de soledad que viven muchos estudiantes: “Te sientes solo, tus compañeros compiten contigo, tus maestros te dicen que te aguantes, y en casa ya sabían que te iban a tratar mal. ¿Con quién hablas entonces?”.

Igualmente, relató que algunos docentes justifican el maltrato como método pedagógico, “un profesor nos decía que debía ser duro para que aprendiéramos. Pero lo único que generaba era miedo, miedo de hablar, de equivocarte”.

Ante este testimonio, la doctora Fresán indicó que “no hay que confundir la disciplina con el maltrato. La disciplina enseña; el maltrato lastima. Y cuando se vuelve normal, destruye vocaciones”. 

Jennifer compartió abiertamente su experiencia personal con la depresión y las ideas suicidas, “hubo un punto en que ya no podía más. Le dije a mi mamá: ‘Ayúdame porque ya no puedo’. Pensé en irme. En qué estación del metro sería más rápido, para no molestar a nadie”. Posteriormente, narró que gracias al apoyo de su madre y de sus amigos pudo buscar ayuda, “mi mamá me sostuvo, me dijo: ‘Si necesitas tomarte un descanso, hazlo. Lo importante es que estés bien’. También mis compañeros me ayudaron, me enseñaron que pedir ayuda no es debilidad”. Su testimonio evidenció el papel fundamental de las redes de apoyo y la urgencia de generar espacios institucionales de acompañamiento. “Si un alumno se acerca y dice que ya no puede, hay que escucharlo y canalizarlo. No se trata de ser su amigo, sino de acompañarlo”, subrayó la doctora Fresán.

Las especialistas coincidieron en que la formación médica requiere exigencia, pero no a costa del bienestar emocional. “Un docente puede ser firme, pero humano. No se trata de ser ‘barco’, sino de enseñar con respeto”, afirmó la doctora Ramírez. Por otro lado, Jennifer, ahora instructora, explicó que busca romper los patrones que ella misma vivió, “yo fui una instructora exigente, pero también empática. Quise ser el tipo de maestra que a mí me hizo falta. No se trata de dejar de evaluar, sino de acompañar a los alumnos en su proceso”.

En ese sentido, la doctora Fresán destacó que la formación médica implica una responsabilidad doble: la académica y la humana. “El objetivo no es sólo formar médicos que sepan, sino médicos que escuchen, que comprendan el sufrimiento del otro sin perder su salud mental en el intento”.

La doctora Ingrid Vargas reflexionó sobre los factores estructurales que influyen en la salud mental del personal médico: “El perfil psicológico del estudiante de medicina ya es altamente competitivo, perfeccionista y ansioso. Es alguien que siempre fue del cuadro de honor, con la lupa familiar encima. Eso lo hace más vulnerable al fracaso y a la frustración”. De igual modo, destacó que la transición entre el éxito académico del bachillerato y las exigencias universitarias suele ser devastadora, “pasas de ser el mejor de tu generación a no poderte levantar de la lona. Te preguntas si sirves para esto, si defraudaste a tu familia”.

Las ponentes enfatizaron que el cuidado del estudiante es una responsabilidad compartida entre institución, docentes y alumnos. “No se trata de bajar el nivel de exigencia, sino de cambiar el cómo se enseña. No a través del miedo o la humillación, sino del respeto y la empatía”, expresó la doctora Ramírez.

Para cerrar el encuentro, la doctora Ana Fresán propuso estrategias concretas para mejorar la salud mental del personal médico en formación, “debemos enseñar el autocuidado, una buena alimentación, sueño adecuado, hablar de las emociones y crear alianzas entre compañeros y familia. La mejor estrategia será unificar la parte educativa con la humanística”. También insistió en la importancia de las campañas de alfabetización en salud mental, “hay información disponible, pero el estigma sigue impidiendo que la gente busque ayuda. Necesitamos docentes sensibilizados y estudiantes informados”. La doctora Vargas añadió que el cambio también requiere innovación en la comunicación institucional, “podemos tener programas y talleres, pero si los estudiantes no se enteran, no funcionan. Hay que buscar nuevas formas de llegarles, de hablar su lenguaje.”

El foro concluyó con una reflexión colectiva donde la salud mental del personal médico no debe ser un tema invisible ni secundario. La doctora Ramírez resumió el espíritu del encuentro con una frase: “Hablar de salud mental entre médicos no nos debilita, nos humaniza”. En un ambiente de empatía y honestidad, las participantes coincidieron en que reconocer las emociones, pedir ayuda y acompañar a los demás no son signos de debilidad, sino de fortaleza.

El foro dejó en claro que la vocación médica no debe implicar sacrificios del bienestar personal. Cuidar al que cuida es una deuda pendiente que empieza por hablar claramente de salud mental.

María Morales