“La inteligencia artificial ya no es una promesa del futuro, está entre nosotros y transforma día a día el modo en que diagnosticamos, tratamos y entendemos la salud”, afirmó el doctor Orlando Cerón Solís, médico cirujano egresado de la UNAM, maestro en Ciencias Sociomédicas Aplicadas a la Gestión y Políticas en Salud, y gerente fundador de la incubadora InnovaUNAM de la Facultad de Medicina, durante su ponencia “El futuro de la IA en la salud: innovaciones y tendencias emergentes”, presentada en la sesión del Seminario Permanente de Salud Digital, organizado por el Departamento de Salud Digital.

El académico explicó que la inteligencia artificial (IA) representa una de las revoluciones más prometedoras y desafiantes para los profesionales de la salud, al ampliar las capacidades diagnósticas y predictivas de la medicina: “Hoy la IA no sólo automatiza procesos clínicos, también amplía nuestra capacidad de atención personalizada y redefine el papel del ser humano en el acto médico”, mencionó al destacar que su aplicación se orienta hacia modelos híbridos de colaboración entre inteligencia humana y artificial, con un fuerte énfasis en la ética, la equidad y la transparencia algorítmica.

Asimismo, el doctor Cerón añadió que los sistemas basados en IA ya operan en múltiples áreas hospitalarias, desde la administración y la gestión de camas hasta la predicción de altas y estancias: “Los modelos predictivos anticipan ocupación hospitalaria; los hospitales privados ya automatizan los procesos de alta y cobranza; y las instituciones públicas deben ver esto como algo indispensable para alinear recursos escasos ante las altas necesidades”, comentó. Por otro lado, recordó que en salud pública la eficiencia no sólo es una virtud, sino una obligación: “Al reducir tiempo reducimos costos y hacemos más eficiente todo”.

En el ámbito clínico, enfatizó que la IA ha demostrado ventajas palpables: “Hace ocho años desarrollamos en la Facultad uno de los primeros proyectos de aplicación clínica con inteligencia artificial para retinopatía. En ese momento pocos comprendían el objetivo: que una cámara tomara automáticamente una imagen y emitiera un diagnóstico de tamizaje. Hoy esto es una realidad”. Resaltó que la sensibilidad y especificidad de estos sistemas incluso han superado en algunos casos a los propios expertos, aunque advirtió que si una IA puede sustituir a un médico, es porque ese médico merece ser sustituido, impulsando a las nuevas generaciones de estudiantes a formarse como buenos clínicos que a futuro puedan apoyarse de la IA como una herramienta, y no como una solución a su trabajo .

Subrayó que la clave no está en reemplazar la inteligencia humana, sino en potenciarla. El ponente explicó que en países como México, donde existe escasez de clínicos y desigualdad en el acceso a los servicios, la IA puede apoyar en campañas masivas de salud pública: “Podemos tener miles de mastografías, pero ¿quién las lee? ¿quién da los resultados? Con IA podemos garantizar diagnósticos oportunos y evitar que los presupuestos se desperdicien en atención tardía”.

A lo largo de su presentación, el especialista revisó ejemplos concretos de su aplicación, desde el diagnóstico por imagen hasta la cirugía robótica, como el robot Da Vinci, que ya integra inteligencia artificial desde 2013; realiza calibraciones en microsegundos entre los mandos y las pinzas, ajusta los movimientos y mejora la seguridad quirúrgica. La IA está en los quirófanos desde hace mucho y ni siquiera lo notamos”, explicó el doctor Cerón. Añadió que incluso dispositivos como las bombas de insulina funcionan como un páncreas artificial que ajusta dosis automáticamente, una muestra de que lo que parecía ciencia ficción, hoy es realidad clínica cotidiana.

Sin embargo, advirtió que el entusiasmo por la innovación debe ir acompañado de reflexión ética. “Si no entendemos cómo llega una IA a sus resultados, no podemos confiar en ellos. En Europa ya se prohíben por ley las IA de caja negra y la FDA define pruebas específicas para validar sus sistemas”. Subrayó que el reto ético principal es mantener el principio de transparencia: “La inteligencia artificial debe servir a la vida, no reemplazar el juicio clínico”, recalcó.

Entre los desafíos más urgentes para América Latina, el académico mencionó la infraestructura insuficiente, la falta de estandarización de datos clínicos y el déficit de talento especializado: “Por más esfuerzos que existan, la alfabetización digital sigue siendo limitada, por lo que el desarrollo tecnológico debe ir acompañado de formación humanista y crítica, alineado a la Estrategia Mundial de Salud Digital 2020-2025 de la OMS”, afirmó.

Hizo un llamado a los profesionales de la salud a utilizar estas herramientas con responsabilidad: “Todavía no podemos confiar totalmente en ningún sistema. La supervisión humana sigue siendo indispensable”. Respecto a las nuevas generaciones, consideró que pueden ser un puente intergeneracional en la alfabetización digital: “Cada nieto con celular puede enseñar a su abuela a usar una aplicación. No se trata de imponer la tecnología, sino de generar conocimiento en la comunidad”, apuntó.

Finalmente, invitó a los futuros médicos y profesionales de la salud a asumir un papel activo. “Esta frontera tecnológica ya nos alcanzó, si no es que nos rebasó. Tenemos que entender cómo funciona para adoptarla correctamente, no temerle ni idolatrarla”, concluyó. 

Jorge Ugalde