Mi nombre es Mónica Itzel Martínez Gutiérrez, soy alumna del Plan de Estudios Combinados en Medicina (PECEM). Mi interés por estudiar medicina inició en mi adolescencia, alrededor de los 13 o 14 años. Varios de mis familiares tenían enfermedades crónicas, entre ellas mi abuela materna. Yo era muy apegada a ella y la acompañaba a todas partes, incluyendo sus consultas médicas y estudios de laboratorio. Al crecer, empecé a tomar conciencia de que ella visitaba todos esos lugares porque estaba enferma (tenía diabetes) y comencé a interesarme por su enfermedad, sus tratamientos y los resultados de sus estudios. Creo que desde entonces, mi interés aumentó hasta darme cuenta que yo quería ser médica.

El aspecto más valioso y a la vez más desafiante en mi formación ha sido aprender en los hospitales desde las rotaciones de los ciclos clínicos. Antes de ese momento, yo no había dimensionado lo complejo que era integrar todos los conocimientos teóricos en el caso de un paciente concreto. Fue una experiencia muy valiosa que cambió la forma en cómo estudiaba y me preparaba para ser mejor profesionista.

Al terminar el primer año de la carrera, descubrí la opción del PECEM por un correo electrónico. Me pareció interesante y decidí asistir a las pláticas informativas de los tutores, las cuales me convencieron de entrar al programa.

La experiencia que fue un parteaguas en mi desarrollo profesional, fue la estancia de investigación que realicé en el Instituto Nacional de Rehabilitación “Luis Guillermo Ibarra Ibarra”, con el doctor Franco Cendejas. Fue en ese momento donde realmente me fasciné de estar en el laboratorio. Además, eso me hizo ver de primera mano el gran impacto de los avances científicos en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes, subrayando la necesidad de una formación médica que incluya a la investigación científica.

De igual modo, considero que uno de los obstáculos en mi práctica es que el dedicarse a ser científica no siempre se ve como una labor seria y profesional, especialmente después de estudiar medicina. He escuchado en varias ocasiones la opinión de que realizar investigación es una “pérdida de tiempo” o que las médicas que quieren formarse en ciencia, lo hacen porque fracasaron en el área clínica (como si no se pre juzgará ya su capacidad para esta rama también). Sospecho que esto puede superarse promoviendo entornos donde las mujeres se sientan verdaderamente seguras y con la confianza de explorar todas las posibilidades de su vida profesional.

Creo que cuando los mecanismos para nuestra defensa dejen de ser insuficientes o deficientes, el entorno va a cambiar necesariamente y el demérito dejará de ser común.

La decisión de combinar la formación médica con la investigación científica ha sido muy enriquecedora, porque participar en ello mientras eres estudiante amplía tu perspectiva más allá del campo clínico y te permite conocer investigadores que contribuyen al avance de la medicina desde diferentes áreas del conocimiento.

Me parece que la mejor forma de equilibrar la exigencia académica con mi vida personal es la organización y la comunicación honesta con las personas cercanas. No siempre estás disponible al mismo tiempo que tu familia, tus amigos o tu pareja, pero si les haces saber que quieres pasar tiempo de calidad con ellos a pesar de los pendientes académicos, seguramente serán comprensivos y encontrarán un espacio en la ocupada agenda de todos.

A las futuras médicas e investigadoras que decidan recorrer este camino, les diría que le den una oportunidad al PECEM si les llama la atención. No será una decisión que les dé menos estrés durante la carrera, pero puede ser que descubran su pasión por la investigación y se animen a desarrollarse en esta área junto a sus estudios de licenciatura.