“La infección por el parásito solitaria o taenia es capaz de modular y cambiar la respuesta inmune humana, permitiéndole evadir las defensas y sobrevivir en el organismo durante años, causando padecimientos como la teniasis y la cisticercosis”, explicó la doctora Lucía Jiménez García, académica del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad.

Durante la “Conferencia Más Salud” organizada por la Coordinación de Comunicación Social de la Facultad y transmitida por Facebook Live y YouTube, la panelista detalló las características del parásito: “Puede alcanzar más de 6 metros de longitud y posee estructuras de fijación, como ventosas y ganchos, que le permiten adherirse al epitelio intestinal. Además, presenta tres estadios de desarrollo: adulto, larva y huevo”.

En cuanto a las enfermedades, la especialista explicó: “La infección puede provocar dos padecimientos diferentes. La teniasis, cuando el adulto se aloja en el intestino, y la cisticercosis, cuando la larva se aloja en otros tejidos. Esta última puede ser severa, especialmente la neurocisticercosis, manifestándose con convulsiones, dolor de cabeza y alteraciones mentales”.

Del mismo modo, la investigadora describió la respuesta inmune: “Existen dos tipos, la innata y la adquirida. En ella son clave los macrófagos, que pueden ser M1, que atacan patógenos, o M2, que se encargan de la reparación y regulación de la inflamación”.

Respecto al mecanismo de evasión, la expositora detalló el punto central de la investigación: “El parásito Taenia solium engaña al sistema inmune, promoviendo la activación de macrófagos M2 (reparadores) en lugar de M1 (defensores), lo que disminuye la respuesta defensiva del organismo”.

En relación con esta modulación, la conferencista señaló: “Los microARNs del parásito juegan un papel crucial. Identificamos alrededor de 350 microARNs de Taenia solium que afectan a las células inmunes, y validamos experimentalmente que estos reducen significativamente la producción de citocinas proinflamatorias”.

Finalmente, la doctora Jiménez García concluyó sobre la implicación clínica de estos hallazgos: “El tratamiento de la neurocisticercosis requiere un enfoque dual que incluya antiparasitarios y antiinflamatorios. Esto es crucial para evitar que la propia respuesta inflamatoria cause daños severos en los tejidos del sistema nervioso central”.

Fernando Jacinto