El pasado 25 de noviembre en el auditorio “Fernando Ocaranza”, se realizó el 2º Foro por el Día Internacional para Eliminar la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, una jornada que reunió a autoridades de la Facultad de Medicina, especialistas en el tema y estudiantes interesadas e interesados en fomentar el diálogo, en un espacio de reflexión, denuncia y construcción colectiva por la igualdad y la erradicación de las violencias de género.
En la inauguración, la doctora Gabriela Borrayo Sánchez, Secretaria General de la Facultad, dio la bienvenida reconociendo la relevancia de esta fecha y el compromiso institucional por transformar el entorno académico: “Queremos seguir construyendo espacios académicos en los que no haya lugar para la violencia, donde todas, todos y todes podamos sentirnos seguras y seguros”, expresó, subrayando que el foro busca reafirmar la convicción de construir un espacio académico libre de violencia hacia las mujeres, donde la igualdad, la dignidad y el respeto sean principios inquebrantables.
Durante su intervención, la doctora Borrayo destacó los avances recientes impulsados por el Programa de Igualdad de Género y la Política Interna de Igualdad de la Facultad, dentro de los cuales está la implementación de talleres y campañas de sensibilización que fortalecen la cultura del respeto y la equidad, la integración de un grupo de alto desempeño que se reúne cada 15 días para trabajar las propuestas y participar en todas las acciones que se realizan desde el Programa de Igualdad de Género, y la construcción de redes universitarias que garantizan el acompañamiento y la escucha activa en espacios adecuados: “Estos logros son fruto del esfuerzo colectivo”, dijo, enfatizando que la igualdad no sólo es un principio jurídico, sino “una práctica cotidiana que transforma nuestra comunidad”.


En su oportunidad, la maestra Leticia Cano Soriano, titular del Programa Universitario de Cultura de Paz y Erradicación de las Violencias de la UNAM, expresó su reconocimiento a la Facultad por abrir espacios de reflexión crítica en una fecha tan significativa. Destacó que su presencia respondía a una convicción personal y profesional como activista por la inclusión, por la igualdad sustantiva, por los derechos humanos y en contra de las violencias por razones de género. Asimismo, subrayó que el 25N no es un acto ceremonial, sino un ejercicio de memoria colectiva que recuerda la lucha histórica contra las violencias que atraviesan a las mujeres al evocar el caso de las hermanas Mirabal en 1960, como símbolo del compromiso ético que deben asumir las instituciones educativas.
La maestra Cano Soriano enfatizó en el papel transformador que tiene la Universidad en la construcción de un entorno más justo. Reconoció el valor de los esfuerzos académicos y estudiantiles que impulsan cambios concretos dentro de la UNAM: “En honor a las hermanas Mirabal, agradezco todos los activismos que podamos tener en favor del respeto a la dignidad humana, a la justicia social y a los derechos humanos”. A su vez, celebró el trabajo que realizan las entidades universitarias para fortalecer la igualdad y la cultura de paz, destacando que estos procesos requieren constancia y colaboración: “Felicito a la Facultad, y, por supuesto, a nuestra UNAM, por implementar y desplegar actividades encaminadas a fortalecer la política institucional de igualdad de oportunidades”. Con ello, hizo un llamado a sostener y ampliar los esfuerzos que buscan erradicar las violencias y transformar la vida universitaria desde prácticas éticas, inclusivas y respetuosas.
La doctora Ana Carolina Sepúlveda Vildósola, Directora de la Facultad de Medicina, inauguró formalmente el foro subrayando la responsabilidad ética que tienen las instituciones formadoras de personal de salud frente a la violencia de género. Señaló que esta temática debe ser parte fundamental de la formación universitaria, destacó que la sensibilización y el conocimiento son herramientas indispensables para construir entornos de trabajo respetuosos y libres de discriminación.

Por otro lado, hizo énfasis en la fuerza histórica de la fecha como un recordatorio de la capacidad colectiva para transformar la realidad. Afirmó que “la violencia contra las mujeres no es inevitable ni privada, sino una injusticia histórica, estructural y colectiva que exige respuestas firmes desde todas las instituciones”, haciendo hincapié en que este foro forma parte de una ruta de trabajo que busca consolidar una cultura universitaria basada en el respeto, la dignidad y la igualdad sustantiva.
Asimismo, remarcó el papel de la Facultad como agente de cambio, subrayando la importancia de formar profesionales capaces de reconocer y prevenir cualquier forma de violencia en su práctica clínica y comunitaria: “Este proceso ha sido un esfuerzo sostenido que hemos impulsado desde hace más de un año para construir cambios reales dentro de nuestra Facultad”, destacando la colaboración de académicas, estudiantes y personal administrativo que han contribuido a fortalecer este proyecto institucional.
Para cerrar, la doctora Sepúlveda invitó a toda la comunidad a participar activamente en las actividades de los 16 días de activismo, recalcando que el compromiso con la igualdad se construye todos los días y desde cada espacio universitario. “Las invito y los invito a participar, a involucrarse, a ser parte activa de estas acciones que buscan garantizar un entorno seguro y respetuoso para todas y todos”.
La importancia de trabajar para eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas como parte de la construcción y fortalecimiento de la cultura de paz en la UNAM
La maestra Leticia Cano Soriano inició su intervención subrayando el sentido profundo de la fecha. Explicó que el 25 de noviembre es un día para reflexionar colectivamente sobre la responsabilidad ética de las instituciones educativas y destacó que este encuentro es una oportunidad para fortalecer la formación universitaria con perspectiva de derechos humanos. Reconoció el trabajo que la UNAM ha realizado mediante sus entidades académicas y, particularmente, a través de la Coordinación para la Igualdad de Género, señalando: “Desde su creación en marzo de 2020, la CIGU ha implementado y desplegado una serie de actividades encaminadas a fortalecer la política institucional de igualdad de oportunidades en la UNAM”.
Mencionó la importancia de incorporar la perspectiva de género, los derechos humanos y la inclusión en todos los planes de estudio, incluidas las ciencias biomédicas: “Yo no concibo que una doctora o un doctor en medicina nos atendiera sin tener un marco de referencia en materia de derechos humanos”, recordando que el trato digno, la empatía y el respeto a la vida deben ser principios inseparables del quehacer profesional. Subrayó que la Universidad tiene la responsabilidad de garantizar que estos marcos éticos acompañen la formación desde el primer día.

La maestra Cano Soriano también insistió en la necesidad de nombrar y visibilizar las violencias para poder transformarlas, advirtiendo: “Lo que se normaliza está permitido, y no podemos jamás normalizar las violencias en ningún espacio de la vida social”. Explicó que la construcción de una cultura de paz requiere comprender las complejidades sociales y reconocer que “las violencias han alcanzado una capacidad de instalación y sostenibilidad en la vida social”, lo que dificulta distinguir entre resolver pacíficamente los conflictos y erradicar las violencias, pero a la vez exige repensar colectivamente los modos de convivencia y la forma en que se relacionan los distintos actores universitarios.
Hacia el cierre, la ponente enfatizó el compromiso ético que deben asumir todas las profesiones en la construcción de entornos seguros y pacíficos. “En todas las profesiones tenemos que actuar con un deber ético de compromiso con la cultura de paz, la prevención de violencias y no normalizar situaciones que afecten o dañen a la otra persona”, afirmó. Agradeció a la Facultad de Medicina por sumarse a los 16 días de activismo y reconoció el esfuerzo formativo que se realiza día a día: “Reconozco el papel de quienes, desde la docencia, nos acompañan en la batalla para seguir con vida en muchas ocasiones”, destacando la importancia del trabajo en salud como un acto profundamente humano.
Violencia hacia las mujeres indígenas por racismo y género en la atención de su salud
Norma Don Juan Pérez, representante de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, ofreció una reflexión sobre el racismo epistémico que enfrentan los sistemas de salud de los pueblos originarios. Explicó que muchos conocimientos ancestrales siguen siendo desestimados: “Esas formas de entender y estar en el mundo todavía siguen siendo incomprensibles, criticadas, señaladas, y eso va generando prejuicios”. Subrayó que esta desvalorización constituye una forma de violencia persistente, pues otros saberes tradicionales (como la medicina asiática), sí se incorporan a instituciones educativas.

Norma Don Juan invitó a la comunidad médica a reconocer la riqueza y vigencia de estos conocimientos, proponiendo modelos de atención que integren una visión intercultural. Relató cómo, para las mujeres indígenas, “los sueños también son otra forma de lenguaje”, y compartió testimonios de parteras que han recibido guías en sueños para resolver emergencias de salud. Finalmente, pidió evitar visiones homogéneas sobre los pueblos originarios, recordando que “no somos una sola forma de mujer, tenemos distintas formas, distintos pensamientos, distintas maneras de actuar”, y enfatizó la necesidad de una atención médica que parta del respeto a esa diversidad.
Pioneras de la medicina mexicana en la UNAM
La doctora Gabriela Castañeda López presentó los resultados de más de una década de investigación dedicada a reconstruir la historia de las primeras mujeres que ingresaron a estudiar medicina en México. Explicó que su trabajo busca recuperar los logros de este grupo de pioneras que iniciaron esta profesión: “Sus luchas y aportaciones no tocan solamente a las médicas, nos identificamos también todas las mujeres”. Recordó que siempre han existido mujeres con conocimientos de medicina y curación de heridas, aunque durante mucho tiempo estos saberes quedaron confinados al espacio doméstico. En este marco destacó la figura de Matilde Montoya, de quien relató: “Estudió en principio para partera, ejerció con gran éxito aunque fue muy criticada y perseguida”. Añadió que su ingreso formal a la carrera fue posible gracias a que el estudio de la medicina por una mujer contó con el aval de un presidente, que invitó a Matilde Montoya a seguir la carrera en la Escuela Nacional de Medicina, obteniendo su título en 1887.

Posteriormente, presentó la lista de las primeras mujeres en incorporarse a los estudios profesionales, entre ellas María Asunción Sandoval, Esther Luque, Columba Rivera, Soledad de Régules y Antonia Leonila Urzúa López. Explicó que entre 1882 y 1932 se inscribieron 187 mujeres y 116 se graduaron, lo que es un número muy considerable, resaltando que muchas provenían de familias con recursos limitados. También describió las redes solidarias que se formaban entre ellas. Finalmente, destacó la organización profesional temprana de estas mujeres, recordando que en México crearon su Asociación de Médicas Mexicanas en 1926, con el objetivo de defender sus intereses como médicas, buscar igualdad, participación y reconocimiento.
La Política Interna de Igualdad de la Facultad de Medicina: Hacia la acción conjunta y corresponsable para prevenir y atender la violencia hacia las mujeres
A continuación participó la doctora Yuriria Alejandra Rodríguez Martínez, responsable del Programa de Igualdad de Género de la Facultad de Medicina y organizadora del foro, quien presentó un recuento de los avances logrados durante 2024 y 2025. Explicó que la Política Interna de Igualdad se consolidó a partir del trabajo conjunto de especialistas en género, cuerpos académicos y autoridades. Recordó que este proceso se vincula con un cambio histórico en la Facultad: “Este logro de que tengamos una primera mujer como Directora y desde la primera semana dijo: si yo llego van a ver el cambio”

La doctora Rodríguez Martínez detalló acciones como el fortalecimiento del Protocolo Interno, la campaña permanente de Cero Tolerancia a la Violencia, cursos para docentes, residentes y estudiantes en materia de igualdad de género y violencia de género, y la incorporación de la perspectiva de género en la actualización de planes de estudio y líneas de investigación, así como la apertura de la sede de la Defensoría de Derechos Universitarios, Igualdad y Violencia de Género en el edificio B, 2º piso de la Facultad de Medicina.
Mesa de estudiantes: Pregrado y posgrado, experiencias y acciones para prevenir y eliminar la violencia hacia las mujeres
La jornada cerró con una mesa de diálogo con estudiantes, coordinada por la psicóloga Karina Márquez Gómez, especialista en atención a víctimas de violencia de género, quien subrayó la importancia de generar espacios donde las juventudes puedan reflexionar y autocriticarse respecto a las violencias que atraviesan en su vida académica: “Hacer comunidad es escuchar hablar justamente de este fenómeno tan complejo que es la violencia o las violencias”, afirmó.
La primera participante, la doctora Montserrat Caballero, reflexionó sobre la importancia de estos espacios como avances significativos respecto a su propia época estudiantil: “En mis tiempos estos diálogos no existían, siempre han sido necesarias estas actividades”. Destacó la necesidad de redes de apoyo y de no permanecer calladas frente a violencias normalizadas, especialmente aquellas ejercidas por figuras de autoridad en el ámbito clínico.

La doctora Vanessa Ortiz, compartió una experiencia de violencia ejercida por un compañero durante su etapa de pregrado, explicando cómo estos procesos escalan gradualmente: “La violencia no inicia como un acto violento, primero es un toque, un roce, una palabra, y luego escala”. Criticó el silencio colectivo: “Se volvió incluso un secreto a voces”, dijo, señalando la urgencia de acompañar y preguntar a quienes pudieran estar viviendo situaciones de riesgo.
Por su parte, la estudiante de la Licenciatura en Ciencia de la Nutrición Humana Samantha Rodríguez, habló sobre la dificultad de identificar las violencias normalizadas en el entorno académico. Comentó que muchas veces incluso quienes las viven no reconocen que están en situación de riesgo: “Ni siquiera tú sabes que estás sufriendo violencia”, afirmó, denunciando prácticas como la distribución desigual de equipos de trabajo, el acoso encubierto bajo cercanía académica y la normalización del cansancio emocional.
Finalmente, Alondra Tobar Utrón, estudiante de la Licenciatura en Fisioterapia, compartió experiencias tanto en aulas como en espacios clínicos, destacando cómo las violencias se manifiestan en comentarios sobre la apariencia física o el tamaño corporal. Subrayó la importancia de informar a generaciones de nuevo ingreso sobre la existencia del protocolo de atención a las violencias.
El foro concluyó con un llamado colectivo: reconocer, nombrar y erradicar las violencias desde todos los ámbitos de la vida universitaria, y continuar construyendo, desde la palabra y la acción, una cultura de paz que atraviese la formación profesional y la convivencia cotidiana dentro de la UNAM.
Jorge Ugalde


