La Facultad de Medicina de la UNAM realizó una nueva sesión del Seminario sobre Medicina y Salud dedicada al tema “Genética Psiquiátrica”, impartida por el doctor Humberto Nicolini Sánchez, Jefe del Laboratorio de Enfermedades Psiquiátricas, Neurodegenerativas y Adicciones del Instituto Nacional de Medicina Genómica, y moderada por el doctor José Nicolás Iván Martínez López, Investigador en Ciencias Médicas en el Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz”.

Durante su intervención, el doctor Nicolini expuso la necesidad de entender que la genética psiquiátrica no puede analizarse sin considerar la interacción entre variantes comunes y raras, factores ambientales y procesos epigenéticos. Explicó que el genoma es dinámico y que responde a la experiencia: “El genoma nos está leyendo todo el tiempo, se modifica, se adecua al ambiente, por ello es que situaciones como el estrés, eventos adversos o traumas pueden cambiar la manera en que el genoma queda representado a nivel molecular”, explicó. Esta capacidad de adaptación obliga a repensar el vínculo entre biología y conducta, así como las herramientas que permiten estudiar los llamados endofenotipos, un nivel intermedio que puede revelar el efecto real de variantes genéticas antes de que aparezca la sintomatología clínica.

El doctor Nicolini realizó un recorrido histórico sobre la evolución de la investigación psiquiátrica, desde los estudios familiares y de gemelos hasta la genómica contemporánea, que permitió el surgimiento de grandes consorcios internacionales. Al describir los trabajos del consorcio BrainStorm, subrayó que el análisis de más de 265 mil pacientes y 700 mil controles ha permitido identificar vínculos inesperados entre diagnósticos antes considerados independientes. Señaló que la nueva clasificación probablemente vaya a ser basada en la evidencia que nos está arrojando la genómica, pues trastornos como la epilepsia, el trastorno obsesivo compulsivo, el autismo, la bipolaridad y la esquizofrenia comparten un número significativo de variantes.

Asimismo, el especialista enfatizó el desarrollo del índice de riesgo poligénico, herramienta que ha ganado visibilidad, pero cuya utilidad clínica sigue siendo limitada. “Tenemos genes para déficit de atención, esquizofrenia, depresión mayor y hasta para el logro educativo, pero el valor predictivo aún es limitado”, advirtió, señalando que la genética en psiquiatría no actúa de forma aislada, sino como parte de una compleja red de moduladores ambientales.

El experto subrayó la participación de México en el avance de esta disciplina, explicó que la mayoría de los estudios genómicos en el mundo se ha realizado sobre población caucásica y que esto genera sesgos importantes. En el caso mexicano, presentó una de las bases de datos más amplias del país, integrada por 7 mil personas y con genotipificación de cerca de 600 mil variantes por individuo. Esta información permitió demostrar que México no es homogéneo en términos genéticos: “Hay siete regiones dentro de México claramente identificables por ascendencia genética local, la parte noroeste es muy diferente al sureste”, indicó al señalar que estas diferencias podrían influir en la presentación clínica y en la respuesta a tratamientos, lo cual implica que la investigación científica debe incluir poblaciones latinoamericanas para generar conocimiento aplicable a quienes viven en esta región.

El doctor Nicolini también dedicó buena parte de su presentación al estudio de la psicosis de inicio temprano, tema que calificó como prioritario debido a la severidad de su impacto. Presentó avances del proyecto EPINEX, cuyo trabajo ha permitido reclutar cerca de 3 mil personas, entre pacientes, hermanos y controles. Explicó que estos cuadros suelen tener un fenotipo particularmente severo: “Son niños que tienen una función cognitiva muy deficiente”. A ello se suma una alta prevalencia de maltrato infantil y un riesgo elevado de abuso de sustancias, factores que se entrelazan con la predisposición genética para construir trayectorias clínicas más complejas. Según sus datos, los niveles de funcionamiento global en estos jóvenes son considerablemente menores a los observados en psicosis de inicio en la adultez, lo que confirma que se trata de un grupo con alta vulnerabilidad.

En relación con la conducta suicida, el doctor Nicolini presentó datos recientes que muestran que los índices de riesgo poligénico más altos entre quienes han fallecido por suicidio corresponden a esquizofrenia, depresión mayor, trastorno bipolar y consumo de cannabis. Añadió: “Encontramos 50 genes diferencialmente expresados, estamos queriendo hacer una firma molecular del suicidio en México, lo cual permitirá avanzar hacia métodos de identificación más precisos y acercarse a mecanismos biológicos asociados con esta conducta”.

El ponente también abordó temas emergentes como la relación entre el alelo APOE y el Alzheimer, recordando que APOE4 se asocia con mayor deterioro cognitivo, mientras que APOE2 se vincula con longevidad. Relató cómo familiares y profesionales de la salud han pedido conocer su propio genotipo, lo cual evidencia la complejidad ética que rodea este tipo de información. En el ámbito de la farmacogenética, el doctor Nicolini advirtió sobre la proliferación de pruebas, suplementos y productos que se comercializan sin evidencia sólida: “Hay una sobreexplotación de estos suplementos, no tienen mayor racionalidad y se están vendiendo mucho”. Recalcó que la respuesta a medicamentos como antidepresivos y antipsicóticos no depende de un solo gen y que la experiencia clínica del médico continúa siendo el elemento central de la práctica.

Al tocar el tema de la selección genética de embriones mediante índices de riesgo poligénico, advirtió que esta práctica puede convertirse en un mecanismo de exclusión. También criticó la tendencia a comercializar probióticos y productos del llamado microbioma psiquiátrico, bajo promesas de utilidad para depresión o psicosis, afirmando que no tienen evidencia clínica y no están basados en datos mexicanos.

Hacia el final de su conferencia, el doctor Nicolini subrayó que el futuro de la psiquiatría se construirá con la integración de las diferentes técnicas ómicas y herramientas de inteligencia artificial. Aunque reconoció que existe un gran entusiasmo por estas tecnologías, también fue claro en la necesidad de mantener una postura cautelosa: “La combinación de todas las técnicas ómicas y la inteligencia artificial permitirá integrar grandes cantidades de información, aunque todavía estamos en etapas iniciales para su uso clínico”.

Al cierre del seminario, el doctor Nicolás Martínez recuperó los puntos esenciales de la sesión y enfatizó la importancia de evitar conclusiones deterministas sobre la genética del comportamiento humano. Aclaró que no existe “un gen de la maldad” ni una explicación simplista para la conducta delictiva, recordando que los factores ambientales, educativos y sociales tienen un peso determinante.

Jorge Ugalde