En un contexto donde las redes sociales se han convertido en un territorio central de socialización para millones de jóvenes, la Facultad de Medicina, a través del Programa de Igualdad de Género, reunió a especialistas en género, salud mental y ciencias sociales para analizar los desafíos que dichas plataformas representan en la reproducción y posible transformación de las masculinidades contemporáneas. 

Así, en el marco de los 16 días de activismo por el 25N, la mesa de diálogo “Hombres jóvenes en redes sociales y retos ante la violencia contra las mujeres”, moderada por el doctor Samuel Bravo Hurtado, se convirtió en un espacio de reflexión urgente ante un fenómeno que rebasa las fronteras escolares y afecta directamente la vida cotidiana de las juventudes universitarias.

El pasado 3 de diciembre, en el auditorio “Dr. Alberto Guevara Rojas”, el doctor Ismael Ocampo Bernasconi, sociólogo especializado en estudios contemporáneos de género, abrió la conversación recordando que las masculinidades no son estáticas, sino construcciones sociales que se transforman históricamente. Sin embargo, advirtió que la velocidad de los cambios actuales, sumada al impacto mediático de los feminismos y los movimientos de diversidad sexogénerica, ha generado una tensión profunda en el imaginario masculino.

“En las últimas décadas apareció un nuevo repertorio de masculinidades más emocionales, más corresponsables, más igualitarias, pero lo viejo no desapareció”, señaló. En consecuencia, la llamada manosfera, un ecosistema digital donde proliferan discursos de odio, misoginia y modelos de hipermasculinidad, ha encontrado terreno fértil para crecer entre jóvenes que se sienten desconcertados, solitarios o agraviados.

Por otro lado, para el maestro René López Pérez, responsable del Subprograma de Investigación de GENDES, parte esencial del análisis implica reconocer que la reproducción de discursos violentos no ocurre únicamente por afinidad ideológica, sino también por las lógicas de plataformas que amplifican aquello que genera interacción, incluso si se trata de mensajes de odio.

“El pacto patriarcal que opera en redes está sostenido también por intereses económicos, no es sólo que los hombres acuerden mantener la desigualdad; hay industrias enteras que se benefician de ese discurso”, afirmó.

Asimismo, desde la perspectiva clínica, el doctor Diego Armando Coronel Manzo, Responsable del área formativa del Programa de Salud Mental de la Facultad de Medicina (PROSAM), alertó que la violencia digital tiene efectos directos en la salud mental de las juventudes. La hiperconectividad, la inmediatez y el anonimato han permitido que agresiones, humillaciones o discursos de odio acompañen a las víctimas las 24 horas del día, sin distinción entre el mundo físico y el virtual.

“El aislamiento emocional y social de muchos jóvenes es profundo y cuando no existen redes comunitarias sanas que los sostengan, encuentran refugio en comunidades digitales que les ofrecen pertenencia a cambio de adoptar discursos violentos”, explicó.

Por otra parte, destacó que la masculinidad hegemónica sigue obstaculizando el acceso de los hombres a servicios de salud mental. La incapacidad de comunicar miedos, inseguridades o vulnerabilidades no sólo favorece la radicalización, sino que también incrementa problemáticas clínicas como ansiedad, depresión y dificultades sexuales de origen psicológico que están aumentando entre varones cada vez más jóvenes.

Uno de los puntos más sensibles de la mesa fue la discusión sobre la creciente dificultad de las instituciones educativas para intervenir en situaciones de violencia digital. A diferencia del pasado, cuando el acoso escolar tenía un espacio y un tiempo limitados, hoy los ataques, burlas, filtración de contenido íntimo o difusión de rumores ocurren en canales cerrados e inalcanzables para la mayoría de las autoridades: WhatsAppTelegramDiscord, foros privados o redes anónimas.

Otro gran desafío es ofrecer otras narrativas de éxito que no reproduzcan la obsesión con el dinero, el poder, la fuerza física o la dominación; por ello, el doctor Ocampo Bernasconi cuestionó abiertamente cuál sería hoy un modelo masculino que pueda asumirse como referente positivo sin caer en ideales impuestos por industrias culturales o cuerpos irreales.

Para el maestro López Pérez, el camino implica politizar el malestar masculino, es decir, mostrar a los hombres que la violencia y la desigualdad también les generan costos emocionales, familiares y sociales. “La igualdad no es un castigo para los hombres, puede ser una liberación”, aseguró.

En su reflexión final, los especialistas destacaron la importancia de integrar contenidos sobre género, masculinidades, educación sexual, relaciones interpersonales libres de violencia y afectividad en los procesos educativos universitarios. También subrayaron la necesidad de formar profesionales de la salud que puedan dialogar sin prejuicios con hombres jóvenes sobre temas emocionalmente sensibles como sexualidad, ansiedad, consumo digital o relaciones afectivas.

El encuentro concluyó con un llamado conjunto a construir espacios de diálogo para hombres jóvenes, impulsar modelos igualitarios de convivencia y asumir que la violencia contra las mujeres, incluida la digital, sólo podrá disminuir si también transformamos la manera en que los hombres aprenden, sienten, se relacionan y se reconocen a sí mismos.

Matzayani Panfilo