En el marco del 25N: Día Internacional para Eliminar la Violencia contra las Mujeres y Niñas, como parte de los 16 días de activismo, el pasado 28 de noviembre se realizó la conferencia y mesa de diálogo: “Masculinidades: responsabilidades y compromiso para prevenir la violencia hacia las mujeres y las niñas”, actividad organizada por el Programa de Igualdad de Género y moderada por el doctor Samuel Bravo Hurtado. 

Como introducción, el maestro Mauro Antonio Vargas Urías, fundador de GENDES, y fundador director de Umbrales, A.C., compartió que el objetivo es informar y sensibilizar a la comunidad estudiantil, docente y personas directivas de la responsabilidad que tienen los hombres de involucrarse para prevenir la violencia hacia las mujeres y las niñas, desde la reflexión propia, pero también desde la escucha a las necesidades de libertad, respeto y reconocimiento de las mujeres como sujetas de derechos, cuya dignidad humana debe respetarse y cuidarse. 

Por otro lado, subrayó que “el género es una construcción social que comienza en el cuerpo que habitamos”, y que comprender su impacto es indispensable para ofrecer una atención médica más humana, empática y libre de sesgos. 

A su vez, recordó que prácticas culturales como minimizar el dolor, evitar hablar de emociones o delegar el autocuidado a las mujeres cercanas generan barreras para la detección oportuna de enfermedades. Como ejemplo, mencionó la baja participación masculina en campañas de prevención del cáncer de próstata y la persistencia de estigmas alrededor de ciertos procedimientos médicos.

Finalmente, el especialista enfatizó que integrar esta perspectiva en el ámbito médico implica reconocer diferencias biológicas y sociales entre géneros, identificar desigualdades estructurales, fomentar el autocuidado y promover campañas de sensibilización dirigidas a hombres y mujeres por igual.

“Podemos optar por ver y relacionarnos con las mujeres como iguales, reconociendo su libertad y seguridad, es momento de asumir nuestra responsabilidad activa y trabajar en conjunto hacia un futuro donde todas y todos tengamos derechos plenos e igualdad sustantiva. El cambio comienza contigo, y juntos, podemos lograr un crecimiento personal y humano aún más profundo”, concluyó en su ponencia el maestro Vargas Urías. 

Mesa de diálogo 

En este espacio de diálogo abierto y crítico, moderado por el doctor Samuel Bravo Hurtado, tres especialistas participaron en un conversatorio dedicado a analizar cómo las masculinidades influyen en la vida universitaria, las dinámicas en el aula y la reproducción de la violencia de género.

Durante el encuentro, se abordó la necesidad de romper con la complicidad masculina frente a actos de acoso o violencia. El maestro Edgar Eduardo Jiménez Armenta, académico de la Licenciatura en Fisioterapia y representante de la Comisión Interna para la Igualdad de Género de la Facultad de Medicina, señaló que nombrar la violencia como tal, sin eufemismos, es indispensable para desmontar prácticas normalizadas. “La violencia es violencia, no puede justificarse ni minimizarse”, subrayando que asumir responsabilidades individuales y colectivas permite transformar los espacios universitarios. 

Asimismo, el maestro Rabin Amadeo Martínez Hernández, docente de la Academia de Ciencias Sociales de la Facultad de Enfermería y Obstetricia de la UNAM, compartió que “una forma de violencia es la invisibilización de otras identidades masculinas, no europeas y que todo se centra en una visión eurocentrista y androcentrista”, ya que muchos inventos científicos o investigaciones no están pensadas en otro género o en otro tipo de personas.  

De igual forma, el maestro Darío Camacho Hernández, Jefe de la Unidad del Programa Integral de Trabajo con Hombres en la Coordinación para la Igualdad de Género de la UNAM, reflexionó sobre las resistencias más comunes entre los hombres para identificar violencias normalizadas, destacando que muchas de ellas se sostienen en la idea de que “así son las cosas” y en la naturalización de relaciones jerárquicas dentro y fuera del aula. 

Por ello, enfatizaron que disminuir resistencias implica comprender que no se trata de un problema individual, sino de un sistema que jerarquiza y genera desigualdades, y que sólo al reconocerlo es posible construir vínculos distintos, más horizontales y sensibles dentro de la Universidad.

Por otro lado, los participantes subrayaron que hablar de masculinidades no implica desplazar el protagonismo de las mujeres en la lucha contra la violencia, sino reconocer que los hombres deben asumir un papel activo al cuestionar las prácticas que reproducen desigualdades. Reflexionar sobre privilegios, vínculos comunitarios y efectos sociales de la violencia fueron temas centrales de la discusión.

Finalmente, se invitó a la comunidad estudiantil a conocer y hacer uso de los protocolos institucionales, así como a fortalecer una cultura de prevención, escucha y diálogo que permita generar transformaciones profundas dentro de la vida académica y profesional en el ámbito de la salud.

Matzayani Panfilo