Mi nombre es Andrea Castro Izquierdo, y soy actualmente alumna del Programa de Estudios Combinados en Medicina (PECEM). Desde que era pequeña, la curiosidad ha sido mi mayor motor. En la preparatoria, al cursar Biología, Química y Educación para la Salud, descubrí que lo que realmente me apasionaba era entender el cuerpo humano. Cuando supe de un programa en la Facultad que combinaba la carrera de Médico Cirujano con la investigación, lo tuve claro: el PECEM era mi lugar. No me imagino estudiando otra cosa, y nunca me he arrepentido de esta decisión tan humana y formativa.
La Medicina me ha transformado profundamente como ser humano. Me ha enseñado a ser más sensible, a observar los pequeños detalles, a valorar a mi familia, amigos y mascotas, y a ser más compasiva conmigo misma. Hoy disfruto más la vida, sonrío más y agradezco más. Esta carrera me ha hecho una persona más agradecida y humana.
Ser parte del PECEM representa un compromiso constante: mejorar, perseverar y valorar todas las oportunidades que he recibido. Para mí, también es un logro personal y académico, pues me permite contribuir a aumentar el porcentaje de mujeres mexicanas con un doctorado.
Uno de mis mayores logros ha sido formar parte del PECEM; aún recuerdo la emoción de recibir mi carta de aceptación. También tuve la oportunidad de asistir al congreso ISCOMS 2025 en los Países Bajos, una experiencia profundamente enriquecedora. Asimismo, fui instructora del Departamento de Salud Pública durante dos años y actualmente formo parte de la subcoordinación del Grupo de Interés en Cardiología (CIG UNAM), lo que me permitió presentar un cartel en AHA LATAM 2025. Estoy emocionada por todo lo que viene.
A corto plazo, mi objetivo es realizar un Internado Médico sólido, aprovechar cada aprendizaje y certificarme en el idioma alemán. A mediano plazo, quiero tomar un curso de estadística en el extranjero durante mi Servicio Social para fortalecer mi tesis doctoral. Al finalizar la carrera, sueño con cursar la especialidad de Medicina Interna en Alemania.
Ver a más mujeres incursionar en el ámbito médico me llena de orgullo. Me inspira entrar a quirófanos y consultorios donde predominan mujeres y pensar: “Algún día puedo ser yo quien esté del otro lado”. Ojalá todas tengan la oportunidad de desarrollarse y convertirse en modelos para las niñas que, como yo, sueñan en grande.
Creo firmemente en el poder del trabajo en equipo entre mujeres. Lo vivo con mis amigas: no competimos, nos impulsamos, nos respaldamos y celebramos los logros de cada una. Ese apoyo mutuo nos permite crecer y destacar sin miedo.
De la carrera, la lección más importante que he aprendido es a agradecer y vivir el presente. La vulnerabilidad y la enfermedad de las personas me han enseñado a detenerme y valorar lo que tengo: salud, capacidades y la posibilidad de aportar positivamente en la vida de alguien. Eso me motiva a formarme de la mejor manera.
Actualmente, desarrollo la parte inicial de mi tesis doctoral bajo la tutoría del doctor Álvaro López en la Clínica de VIH del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán” (INCMNSZ). Mi proyecto busca comparar escalas de riesgo cardiovascular en personas mexicanas que viven con VIH y explorar la creación de una escala diseñada específicamente para nuestra población. Hoy, miro hacia adelante con emoción, gratitud y la certeza de que la Medicina y la ciencia seguirán guiando mi camino.
Asimismo, tuve la oportunidad de trabajar con el doctor Alfredo Ponce de León y sigo trabajando con el doctor Bernardo Martínez en el Departamento de Infectología del INCMNSZ, quienes han sido excelentes guías y un pilar fundamental en el desarrollo que he tenido en investigación. Por otro lado, también formé parte del laboratorio de la doctora Ana Flisser, junto con la doctora Fela Mendlovic y el doctor Miguel Fernández, con quienes siempre estaré agradecida por todo lo que me enseñaron.


