Alejandra Suárez Segura actualmente es estudiante de segundo año de la Licenciatura de Médico Cirujano, y para ella la danza contemporánea y el ballet no sólo representan una vocación artística, sino un complemento esencial en su desarrollo académico y emocional. “La danza y la carrera de medicina van muy de la mano”, afirmó al destacar que el conocimiento del cuerpo humano, la organización del tiempo y la disciplina son elementos comunes entre ambas formaciones.
Alejandra comenzó a bailar a los 11 años, una etapa que considera retadora, ya que inició su formación más tarde que muchas de sus compañeras. “No tenía la fuerza ni la elasticidad, pero entendí que la edad no define hasta dónde puedes llegar, sino el compromiso con tu proceso”, señaló.
A lo largo de más de ocho años de entrenamiento, ha trabajado con maestros reconocidos y se ha presentado en diversos escenarios culturales, entre ellos el Centro Nacional de las Artes, experiencia que describe como uno de los momentos más significativos de su trayectoria artística, además ha participado en una clase masiva con la reconocida bailarina y maestra Elisa Carrillo y tuvo la oportunidad de que la primera bailarina de la Compañía Nacional de Danza, Elisa Mena, pudiera observar su baile en el Teatro Raúl Flores Canelo.


Compatibilizar una licenciatura altamente demandante con la danza ha sido posible gracias a la organización y al diálogo constante con docentes. Al cursar el turno vespertino, entrena por las mañanas y ajusta ensayos y presentaciones con anticipación. “Es un trabajo en equipo que organizo y confío tanto con mis profesores de danza como con mis profesores de la Facultad”, explicó, subrayando la importancia del compromiso y la responsabilidad para cumplir con ambas actividades.
Desde su perspectiva como estudiante de Medicina, la danza tiene un impacto directo en la salud integral. “La salud emocional para mí es de las cosas más importantes; la danza es algo que me hace feliz y me ayuda a olvidar el estrés de la carrera”, compartió. Además, destacó que la práctica constante fortalece la salud física y social, ya que promueve hábitos de autocuidado y le permite convivir con personas de distintos ámbitos, enriqueciendo su formación humana.
Aunque reconoció al ballet como la base técnica de la danza, Alejandra expresó una preferencia especial por la danza contemporánea. “El ballet tiene reglas y movimientos establecidos, mientras que la danza contemporánea me permite crear desde mis emociones y moverme con libertad”, explicó. A futuro, aspira a integrarse a los talleres de danza de la UNAM y presentarse en escenarios universitarios, convencida de que el arte y la medicina pueden coexistir como pilares de una formación integral.
Alí González


