“La gordofobia puede entenderse como un dispositivo corporal que economiza y moraliza la salud, intensifica la vigilancia sobre el peso y produce jerarquías corporales”, indicó la doctora Izchel Cosio Barroso, investigadora del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”.

Esta reflexión constituyó uno de los ejes centrales de la sesión titulada “La cirugía bariátrica desde una perspectiva feminista: Género, experiencia y medicalización de la gordura”, realizada en el marco del Seminario Permanente de Género en Salud del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina, transmitida a través de su página oficial de Facebook. El encuentro fue coordinado por la fundadora del Programa de Estudios de Género en Salud, la doctora Luz María Moreno Tetlacuilo, y moderado por la doctora Yuriria Alejandra Rodríguez Martínez coordinadora actual de dicho Programa. En este espacio se propuso un abordaje crítico de la cirugía bariátrica, más allá de su comprensión estrictamente clínica, incorporando perspectivas sociales, culturales y de género para problematizar sus implicaciones en la configuración de la experiencia corporal bariátrica de las mujeres que se someten a dicho procedimiento.

Durante su intervención, la doctora Cosio Barroso subrayó que la gordura suele estar atravesada por juicios morales que marcan de manera singular la experiencia de las mujeres. Señaló que “la gordura se asocia con ser ‘mala’ mujer, madre o ciudadana, promoviendo curas o correctivos que normativizan y monetizan los cuerpos, revelando que la gordofobia sostiene desigualdades estructurales bajo la trampa del autocuidado, el empoderamiento y el amor propio”. A partir de este planteamiento, se abrieron preguntas clave para el análisis crítico del fenómeno: ¿por qué se opta por una cirugía bariátrica?, ¿qué factores influyen en esta decisión? y ¿cuál es la dimensión de género que atraviesa dicha elección?

En este contexto, la investigadora presentó resultados de su trabajo sobre el estigma del peso en personas sometidas a cirugía bariátrica, en el cual identificó que, de 10 situaciones estigmatizantes, seis se producen en el ámbito médico. De acuerdo con su estudio, en el 47% de los casos el personal médico recomienda dietas aun cuando el motivo de la consulta no está relacionado con el peso, y en el 77% se atribuyen diversos padecimientos directamente con la gordura. Desde la experiencia de quienes se someten a este procedimiento, el estigma no sólo persiste después de la cirugía, sino que en algunos casos se intensifica, desplazando otras posibles explicaciones para la obesidad frente a juicios sociales centrados en la apariencia corporal.

La cirugía bariátrica, explicó la doctora Cosio Barroso, suele presentarse como un “sacrificio amoroso” o un “renacimiento moral”. Sin embargo, tras el procedimiento, emergen múltiples efectos secundarios acompañados de sentimientos de culpa por no alcanzar la pérdida de peso esperada, así como de advertencias constantes sobre la posibilidad de volver a engordar. “En este escenario, la salud se confunde con castigo, y la vigilancia sustituye al cuidado, reproduciendo lógicas de control más que de acompañamiento”, insistió la investigadora.

Para concluir, la ponente enfatizó que, desde una perspectiva feminista, la cirugía bariátrica no marca el cierre de una historia corporal, sino la apertura de una trama compleja de corporalidades en devenir. Más que corregir los cuerpos, planteó la necesidad de sostener prácticas de cuidado que reconozcan la diversidad corporal, los contextos de vida y las desigualdades estructurales que nos atraviesan.

Quetzally Zarate