El 16 de febrero inició la temporada 2026 del foro Hablemos ClaraMENTE, una iniciativa de la Coordinación de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental (DPSM) de la Facultad de Medicina.

La doctora Ingrid Vargas Huicochea, Coordinadora de Investigación del DPSM, junto con la doctora Claudia Ramírez Avila, psicoterapeuta experta en terapias contextuales y responsable del área de Capacitación Continua del DPSM, moderaron este espacio de divulgación que trató el tema de “Emociones a flor de piel en un cerebro en construcción”, un espacio de diálogo sobre la adolescencia, la cual es “una etapa de la vida que vemos con temor, pero en realidad es una ventana de oportunidad única”.

En su oportunidad, la doctora Diana Patricia Guízar Sánchez, médica cirujana especialista en Psiquiatría con subespecialidad en Infancia y Adolescencia, adscrita al Laboratorio de Ciencias del Aprendizaje del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina, mencionó que en la adolescencia hay cambios y conexiones en el cerebro, explicando las áreas del cerebro y los cambios que ocurren en esta etapa. Describió procesos como la “poda neurodegenerativa”, la activación intensa del sistema amigdalino y el desarrollo incompleto de la corteza prefrontal, cuya consolidación termina a los 25 años y no a los 18 años.

Durante la conversación se mencionó la importancia del acompañamiento familiar. “Acompañar a un adolescente no se trata de sobrevivir a la adolescencia sino de construir puentes desde la empatía, la comunicación y el conocimiento”, afirmó la doctora Ramírez Avila. En ese sentido, la doctora Guízar Sánchez subrayó que el entorno protector y la regulación emocional en casa pueden marcar la diferencia: “Si yo en casa me siento aceptado, validado y escuchado, voy a tener un poco más de conciencia de quién soy yo”.

Desde la experiencia personal, Mayra Cortés, madre de un adolescente, compartió los retos vividos en su hogar. Narró cómo notó cambios significativos en su hijo, quien pasó de ser “un niño muy quieto, muy tranquilo” a mostrarse inseguro y retraído. Relató un episodio que encendió alertas: “Hubo una ocasión en que fui a comprar los útiles escolares y él no se quiso bajar del coche porque vio que habían llegado otros compañeros, y pues dices este no es mi hijo, ¿qué le está pasando?”.

Durante la transmisión por YouTube, Mayra enfatizó la necesidad de buscar apoyo profesional y de observar las señales no verbales: “Te empiezas a dar cuenta que ya no son los mismos”, reconoció también los desafíos emocionales para los padres.

La Coordinadora de Investigación del DPSM mencionó el riesgo que hay en los jóvenes en cuestión de las redes sociales, videojuegos y los retos que se realizan, poniendo en riesgo su vida y causando angustia en los padres, ¿Qué hace que el adolescente sea vulnerable en este proceso de búsqueda de la identidad a nivel neurobiológico?, ¿Cómo podemos entender los adultos cómo funciona ese cerebro para relacionarse en actividades de alto riesgo con la finalidad de ser aceptado? cuestionó la doctora Vargas Huicochea.

La doctora Guízar Sánchez explicó que el sistema de recompensa se encuentra particularmente activo, lo que favorece la búsqueda de la novedad constante, y que la opinión de los amigos puede pesar más que la de los padres, también el rechazo en redes sociales puede vivirse de forma intensa: “El rechazo digital se siente hasta como un dolor físico para los chicos”.

Respecto a la pregunta de ¿cómo manejar esto con los adolescentes dentro de un aula?, la doctora Vargas Huicocheca enfatizó que los profesores deben aprender a identificar los focos de alerta, y tratar de activar las redes de apoyo: “Es primordial  aprender que la adolescencia no es una etapa patológica de la que se pueda escapar, sino es parte de la vida y no es algo que se deba curar, sólo entender que es una etapa de diseño cerebral y social, que requiere de mucha paciencia, estructura y amor informado por los adultos que rodean al adolescente”.

Yoselin Gómez