Mi nombre es Mariana Esther Martínez Sánchez, soy doctora en Ciencias y egresada de la Licenciatura en Investigación Biomédica Básica (LIBB), donde actualmente imparto el curso de Matemáticas. La trayectoria que me llevó a convertirme en académica es una combinación de suerte e inercia; durante la carrera, el doctor Guillermo Gómez, profesor de matemáticas, me ofreció una ayudantía, en ese tiempo aprendí que la docencia no es sólo conocer el material, requiere estudiar pedagogía y práctica, de esta forma me mantuve varios años en la Facultad de Ciencias. Posteriormente, tuve mis propios grupos y, en 2019, el doctor Luis Mendoza, entonces Coordinador de la LIBB, me ofreció dar clases de matemáticas. 

En mi familia fui la primera persona en titularse de la licenciatura, aunque nuestro capital cultural era amplio, no creí que ser investigadora fuera mi vocación; sin embargo las oportunidades surgieron hacia ese ámbito. Elegí realizar un posgrado más por el beneficio económico de una beca que por convicción, tras ese momento de mi vida conseguí un trabajo en el gobierno y pensé que la ciencia no era para mí. Pero durante la pandemia de COVID-19 se me dió la oportunidad de entrar al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), al principio pensé que era un trabajo relacionado a la gestión de datos, pero no, era un espacio de investigación.

A lo largo de mi carrera he tenido la oportunidad de realizar diversos proyectos de investigación, durante mi vida académica surgió la pregunta ¿de qué forma el sistema inmune decide cómo defenderse de un virus? Lo que dio pauta a la investigación con modelos matemáticos de la respuesta inmune; después, trabajé en la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, donde CONACYT, ahora SECITHI, impulsó el proyecto Ángelus para la búsqueda de personas desaparecidas durante la guerra sucia a través de la reconstrucción de patrones. Actualmente, continúo trabajando en el INER en el perfeccionamiento y corrección de bases de datos a las que se les podría sacar más provecho.

Mi introducción a la divulgación científica ocurrió durante el doctorado, cuando intentaba mejorar mis habilidades para redactar encontré un proyecto llamado Cienciorama, ahí conocí a mujeres con una experiencia enorme en divulgación, ellas me inspiraron a redactar artículos de esta naturaleza, de esa forma aprendí muchas cosas; una parte importante de la divulgación es que despierte emociones, tenemos que ir más allá de lo bonito y la maravilla de la ciencia, la divulgación te da la oportunidad de cambiar los discursos.

Uno de los trabajos que más disfruté hacer es un artículo llamado “Sangre de mi sangre”, leí mucho sobre las razones evolutivas de la menstruación y entonces comprendí que más allá de una falla o desecho que expulsa el cuerpo tras la ausencia de un embarazo, es un sistema de protección del útero: la implantación de un embrión humano es agresiva, esto incluso inspiró la película Alien, de esta forma entendí que la divulgación, incluso, puede apelar al terror para concientizar a las personas. 

Uno de los proyectos en los que trabajo se centra en la reforestación de la Sierra de Guadalupe, en una ocasión caminando por una comunidad cercana, una señora me realizó una serie de preguntas sobre las vacunas, y, aunque sus conclusiones eran erróneas, sus razonamientos eran excelentes. En ese momento comprendí que la ciencia por sí misma no es útil, necesitamos trabajar en ciencia que beneficie a las personas, que tenga un impacto en sus vidas y acercarles el conocimiento, pero más importante, debemos acercarnos a la gente para saber qué necesitan; la riqueza de la divulgación está en lo que construimos en conjunto.

Como mujer, considero que los retos dentro del ámbito científico son casi los mismos que enfrentan todas las profesionales, es muy común que los hombres te interrumpan o minimicen, me he vuelto experta en decir “ya hablaste, me toca”. También nos encontramos con que se nos invita a paneles y eventos sobre inclusión, perspectiva de género, pero no a paneles generales, en eventos más amplios se nos excluye todavía; otra cuestión que aporta a la desigualdad es que hay una expectativa de cuidados, tenemos que dejar que los hombres asuman las responsabilidades en el ámbito de la vida privada.

Pienso que una consecuencia de la falta de diversidad en la investigación son los sesgos, por ejemplo, el canto de los pájaros que Darwin estudiaba, era sólo en ciertas regiones de Europa y únicamente observaba especímenes macho, él concluyó que los pájaros sólo cantaban para buscar con quien aparearse, si bien, no estaba equivocado, una vez que las mujeres y personas de todas partes del mundo con diferentes perspectivas se involucran en los trópicos, se estudió a las aves hembras y a especies de muchos lugares, entonces los motivos del canto de las aves se diversificaron, esto es importante, diversas perspectivas generan una noción de la realidad más acertada.

Como docente, me parece que algo más importante que formar científicos es formar personas; más allá del conocimiento, quiero fomentar la habilidad de afrontar los problemas. Lo que yo espero es formar un pensamiento crítico que mis alumnos puedan utilizar para observar la realidad, pensar las cosas, esto es muy útil dentro y fuera de la ciencia; también me gusta fomentar el trabajo en equipo, vivimos en un mundo que se construye en comunidad y es necesaria la cooperación de todos para alcanzar el progreso. Soy firme creyente en darle herramientas a la gente para resolver sus problemas, dejarla ir y que sea feliz. Más allá de mis resultados en investigación, me enorgullece el impacto que pueda dejar en la sociedad.