La Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina de la UNAM celebró el Día Mundial del Sueño 2026 con una jornada académica que reunió a especialistas, estudiantes y público interesado en la importancia del descanso para la salud. El evento se realizó el pasado 13 de marzo en el auditorio de la Asociación Autónoma del Personal Académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (AAPAUNAM).
En su mensaje de bienvenida, la doctora Rosa María Wong Chew, Jefa de la Subdivisión de Investigación Clínica de la División de Investigación de la Facultad, destacó que “el sueño no es un lujo ni un tiempo perdido, sino una función biológica vital para la salud física, la estabilidad mental y el rendimiento cognitivo”.

“Para nuestra Clínica de Trastornos del Sueño, pionera y referente en la atención e investigación en México, este evento representa un compromiso renovado con la sociedad. A menudo escuchamos que el sueño es un estado pasivo, pero en la Clínica de Trastornos del Sueño sabemos que es todo lo contrario. Es un proceso activo, dinámico y vital, que repara nuestro cuerpo, consolida nuestra memoria y equilibra nuestras emociones. Sin embargo, en la sociedad actual, el buen dormir se ha vuelto un desafío de salud pública que requiere una atención interdisciplinaria y, sobre todo, educación”, afirmó.
Por su parte, el doctor Rafael Santana Miranda, responsable de la Clínica de Trastornos del Sueño, contextualizó: “Son tiempos sumamente complejos a nivel político, económico y social, enmarcados en violencia y niveles de contaminación ambiental inadecuados para la vida. En las clínicas especializadas abordamos causas psicobiológicas, pero aún son insuficientes y esto se debe a la carencia de formación en sueño desde el pregrado”.

Asimismo, resaltó: “Es increíble que la atención de los trastornos del sueño se realice hasta el tercer nivel de atención médica, siendo, al igual que los trastornos de salud mental, uno de los grandes desafíos de las nuevas generaciones de profesionales de la salud”. Recordó la postura de la Clínica a lo largo de décadas para la eliminación del horario de verano en México y celebró la reciente restricción de horas de guardia para médicos residentes por parte del IMSS.
Al inaugurar la actividad académica, el doctor Andrés Eliú Castell Rodríguez, Jefe de la División de Investigación de la Facultad de Medicina, explicó que el Día Mundial del Sueño se celebra el viernes previo al equinoccio de primavera, fecha elegida por la World Sleep Society para representar un despertar colectivo en torno a la importancia del descanso.

Agradeció a la Clínica de Trastornos del Sueño por su labor en atención, investigación y difusión del conocimiento, y enfatizó que “el sueño es un proceso biológico activo y necesario, durante el sueño se consolidan procesos fundamentales como la reparación celular, la regulación hormonal, el fortalecimiento del sistema inmunológico y la organización de la memoria. Dormir bien contribuye a mantener el equilibrio emocional, mejora la capacidad para manejar el estrés y favorece la estabilidad del estado de ánimo”.
En el ámbito académico, subrayó: “Un estudiante que no duerme bien no va a rendir bien. No se trata solamente de estudiar más, sino de descansar mejor. En una sociedad que premia el exceso de trabajo, es fundamental cambiar esta narrativa y reconocer que dormir no es una pérdida de tiempo, es una inversión en salud, bienestar y desempeño”.
En el presídium también estuvieron presentes, la doctora Ana Elena Limón Rojas, Jefa de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad, y el maestro Ángel Rodríguez en representación del contador público Pedro Colio Martínez, Secretario Administrativo de la Facultad.
Contaminación lumínica: efectos intergeneracionales sobre el neurodesarrollo y la conducta
La primera conferencia del día estuvo a cargo de la doctora Natalí Nadia Guerrero Vargas, Profesora Titular de la Facultad de Medicina, quien definió la contaminación lumínica como la alteración en los niveles naturales de luz nocturna creada por fuentes antropogénicas. “Actualmente se estima que el 80% de la población mundial está expuesta a la contaminación lumínica, ya considerada por la Organización Mundial de la Salud como un determinante social de salud”, señaló.
Explicó que “la luz nocturna altera el sistema circadiano, generando cronodisrupción, un desajuste entre los relojes internos y el ambiente externo que puede propiciar enfermedades metabólicas, de salud mental, mayor vulnerabilidad a cáncer y procesos de inflamación”.

Presentó los resultados de investigaciones realizadas en su laboratorio con modelos de rata. Tras exponer a ratas hembra a luz tenue por la noche durante cinco semanas, observaron alteraciones en los ritmos de actividad y temperatura, inhibición de la producción de melatonina y alteración del ciclo reproductivo: el 100% de la población presentó ciclos astrales irregulares.
Posteriormente, el equipo estudió los efectos de la exposición materna a luz tenue durante la gestación en la descendencia y encontraron disminución del peso y tamaño de los fetos, alteraciones placentarias, retraso en la erupción de incisivos superiores, déficits en el desarrollo motor y en el sistema olfatorio, así como alteraciones en la conducta de juego social en la adolescencia. En la adultez, estas crías presentaron conductas repetitivas estereotipadas, aumento de conductas tipo ansiosas y disminución de la exploración.
En estudios de metabolismo cerebral realizados en colaboración con la Unidad PET-Ciclotrón de la Facultad de Medicina, observaron una disminución en la actividad metabólica en el núcleo accumbens y una reducción en la densidad de receptores dopaminérgicos en la misma región.
“Dada la ubicuidad de la contaminación lumínica, nuestros resultados subrayan la importancia de mantener las noches oscuras para preservar un estado de salud óptimo. Esto es una medida crítica para las mujeres embarazadas, para su descendencia, pero es fundamental para toda la población”, concluyó la investigadora.
Dormir menos, vivir peor
En esta mesa, coordinada por la doctora Gabriela Hurtado Alvarado, se abordó la prevalencia del sueño insuficiente, sus consecuencias y la importancia de integrar la evaluación del sueño en la práctica clínica.
La psicóloga Mayra Beatriz Ramos Alvear explicó sobre el síndrome de sueño insuficiente: “No es sólo desvelarse un día y que se pueda dormir bien en cualquier otro momento. Hablamos de una disminución voluntaria del tiempo de sueño por actividades como tiempos de traslado, escolares, laborales o esparcimiento. La somnolencia excesiva diurna es el principal motivo de consulta y se corrige cuando incrementamos el tiempo de sueño”. Presentó datos preliminares de una muestra de 60 estudiantes de la Facultad de Medicina: 74.6% duerme menos de 6 horas por noche, 70% se acuesta después de la medianoche, y se identificaron niveles de somnolencia diurna leve en 58.3%, moderada en 18.3% y severa en algunos casos, además de síntomas de ansiedad y depresión.
El doctor Ulises Jiménez Correa enfatizó: “Estudios han demostrado que no hay diferencias significativas entre una privación total y una privación de sólo reducir algunas horas de sueño. Los efectos a nivel cognitivo están presentes y diferentes estructuras de nuestro cerebro disminuyen su actividad. El costo que pagamos a nivel cognitivo por reducir nuestras horas de sueño es bastante alto”. Señaló que el síndrome de sueño insuficiente es factor de riesgo para parasomnias como sonambulismo y parálisis de sueño, así como para cambios en la alimentación, consumo de energizantes y sedentarismo.

El doctor Sebastián Hernández Gómez destacó: “Preguntarle a un paciente que no va a consulta de medicina del sueño por cómo durmió no es algo muy presente en los médicos. La consulta se centra en el problema que lleva el paciente sin ver más allá, aunque con una preguntita de cómo durmió puedes llevar al paciente a una mejor calidad de vida. El no dormir bien puede llevar a inflamaciones sistémicas a nivel cutáneo o de cualquier órgano, e incluso hay estudios que muestran que si vamos a vacunarnos pero no dormimos bien, la producción de anticuerpos es deficiente”.
Los ponentes, docentes en el Diplomado de Actualización Profesional de Trastornos del Dormir, y colaboradores activos en la Clínica de Trastornos del Sueño, coincidieron en que la base del tratamiento para los trastornos del sueño son las medidas de higiene de sueño y la terapia cognitivo-conductual, siempre de manera personalizada, y destacaron la importancia de la entrevista motivacional para generar cambios de conducta informados en los pacientes. Para trabajadores con turnos nocturnos, se diseñan intervenciones desde la cronoterapia que incluyen el cuidado de la ingesta de alimentos, el horario de consumo de cafeína y el uso de lentes con filtros para favorecer la secreción de melatonina al salir del turno. Asimismo, se advirtió sobre los riesgos de la automedicación y la necesidad de acudir con un especialista, ya que recurrir a información no verificada en internet o inteligencia artificial es un problema frecuente en la consulta.
Cuando el sueño se vuelve conducta
Esta mesa redonda fue coordinada por la doctora Rosana Huerta Albarrán y abordó la prevalencia, clasificación, factores predisponentes y tratamiento de las parasomnias.
El doctor Juan Antonio Anaya Rojas explicó que las parasomnias se dividen en dos grandes grupos: las asociadas al sueño no REM que incluyen despertares confusos, sonambulismo, terrores nocturnos y trastorno de la alimentación relacionado con el sueño y las asociadas al sueño REM, como el trastorno conductual del sueño REM, la parálisis del sueño aislada y el trastorno de pesadillas.
Durante la mesa se proyectaron videos para ejemplificar cada trastorno, destacando sus características diferenciales: en el despertar confuso, la persona permanece en la cama y se mueve bruscamente sin descarga adrenérgica; en el terror nocturno, hay un grito repentino, pupilas dilatadas, sudoración y taquicardia; en el sonambulismo, la conducta es más elaborada con deambulación y actividades complejas.
La psicóloga Eli Anaya Vela señaló que las parasomnias son más frecuentes de lo que se cree y se distribuyen a lo largo de la vida, con prevalencias que van del 1 al 11% en niños para terrores nocturnos, del 7 al 8% en adolescentes para parálisis del sueño, y hasta un 50 a 60% en mujeres adultas para pesadillas. Identificó como factores predisponentes la estimulación por dispositivos electrónicos, el chocolate, la cafeína, el estrés y la genética con una probabilidad del 30 al 50% de heredar el sonambulismo.

La doctora Arianna Denysse Rivera Valverde profundizó en las etiologías por grupo de edad: en niños, la inmadurez del sistema nervioso; en adolescentes, cambios hormonales y estrés escolar; en adultos, comorbilidades como apnea y uso de fármacos; en adultos mayores, neurodegeneración asociada a enfermedades como Parkinson. Detalló que medicamentos como antihistamínicos, antidepresivos ISRS, benzodiacepinas, antipsicóticos y fármacos Z pueden desencadenar parasomnias.
Sobre el tratamiento, se enfatizó que la base es la terapia cognitivo-conductual y las medidas de higiene de sueño como horarios establecidos, tiempo suficiente en cama, evitar estimulantes y medidas de seguridad, con uso de medicamentos sólo como complemento y bajo prescripción especializada. “No hay malos medicamentos, hay mal uso de medicamentos”, concluyeron.
Trastornos del sueño como biomarcadores de enfermedades neurodegenerativas
En esta mesa coordinada por el doctor León Rosenthal se abordó la relación entre los trastornos del sueño y las enfermedades neurodegenerativas.
El doctor Rosenthal contextualizó: “Las demencias afectan al 6% de la población mayor de 60 años, con más de un millón de personas afectadas en México, cifra que podría superar los tres millones para 2050”.
Asimismo, la doctora Lucero Juárez Santiago explicó los mecanismos inmunológicos del sueño normal. Durante el sueño N3 (profundo) y el sueño REM, se regula la producción de citocinas, se incrementa el sistema parasimpático, disminuye el cortisol y aumenta la melatonina, que favorece el balance entre linfocitos T efectores y reguladores. Cuando el sueño es insuficiente, se produce una alteración en la regulación neuroendocrina, aumenta la actividad simpática y el cortisol, se incrementa la adiposidad visceral y se genera un estado proinflamatorio con aumento de interleucinas como IL-1 beta, IL-6 y TNF alfa.
Estas citocinas incrementan la porosidad de la barrera hematoencefálica, activan la microglía y los astrocitos, generan disfunción sináptica y alteran la plasticidad mitocondrial. Además, la disfunción del sistema glinfático por sueño insuficiente favorece la acumulación de proteínas como beta amiloide y tau.

El doctor Eduardo López Ramírez abordó el papel de la obesidad como fenómeno proinflamatorio. Explicó que las dietas hipercalóricas sustituyen hepatocitos por adipocitos, lo que provoca resistencia a la insulina. Esta disfunción metabólica también ocurre en el cerebro, generando inflamación, apoptosis y mayor apertura de la barrera hematoencefálica. “Desde la resistencia a la insulina, el sobrepeso o una dieta hipercalórica, ya están sucediendo cosas en nuestro cerebro que aparentemente dormimos normal”.
El doctor Andrés Barrera Medina describió la relación entre las enfermedades neurodegenerativas y los trastornos del sueño. En la enfermedad de Alzheimer, hasta el 45% de los pacientes presentan alteraciones del sueño, principalmente alteraciones del ritmo circadiano e insomnio. En la enfermedad de Parkinson, las alteraciones afectan hasta al 80% de los pacientes, con predominio del síndrome de piernas inquietas y somnolencia excesiva diurna. En la demencia de cuerpos de Lewy, la prevalencia alcanza el 90%, mientras que en la demencia frontotemporal son frecuentes la fragmentación del sueño, la somnolencia diurna y la apnea.
Profundizó en las sinucleinopatías, enfermedad de Parkinson, demencia de cuerpos de Lewy y atrofia multisistémica caracterizadas por la acumulación de alfa-sinucleína, y explicó que el trastorno conductual del sueño REM, donde se pierde la atonía muscular y se actúan las ensoñaciones, es un marcador de alerta: hasta el 73% de los pacientes con este trastorno desarrollará una sinucleinopatía en un plazo de 12 años, por lo que recomendó dar seguimiento a la función cognitiva en estos casos.
También se desarrolló la mesa “Sueño fragmentado, el rol de la patología respiratoria”, coordinada por el doctor Gabriel Eugenio Cruz Zorrilla, en la que participaron la doctora Gabriela Millán Rosas, la doctora Ofelia Natsuko Taniyama López, el doctor Jhonatan Mata Aranda. A continuación, se realizó la mesa “Odisea diagnóstica de la epilepsia durante el dormir”, coordinada por el doctor Rafael Santana Miranda, con la participación del doctor Milton René Moran Morales, el doctor Adrián Poblano Luna y el doctor Máximo León Vázquez. De igual manera, se presentó la conferencia “Traumatic brain injury, Sleep, and the Glymphatic System: investigative and clinical approaches”, impartida por el doctor J. Kent Werner, Jr., Commander, Medical Corps, US Navy, Vice Chair for Research, Department of Neurology and Rehabilitative Medicine, Uniformed Services University (USU).
Clausura
En la clausura, el doctor Andrés Eliú Castell Rodríguez informó que a lo largo de la jornada se realizaron cinco mesas de discusión y una conferencia magistral, con la participación de 22 ponentes y aproximadamente 200 asistentes. Anunció que la Universidad busca un nuevo espacio para la Clínica de Trastornos del Sueño, que permita seguir brindando atención de calidad.
Asimismo, afirmó: “Debemos promover una cultura del buen dormir, la prevención, el bienestar y la calidad de vida. La salud del futuro no se va a construir en hospitales y laboratorios, también se construirá cada noche, cuando entendamos que dormir bien es una forma de medicina”.
Por su parte, el doctor Santana destacó que la Clínica de Trastornos del Sueño “ha sido un éxito, ha cumplido con los ejes del quehacer universitario y ha logrado la autosustentabilidad”. Ante el cierre de un ciclo en el hospital, afirmó: “Hoy más que nunca se requieren espacios asistenciales que apoyen la formación de profesionales del área de la salud altamente calificados. Es el rol que desempeña nuestra Máxima Casa de Estudios y que continuará sin interrupción”.
Daniel Gallardo


