La Academia Nacional de Medicina de México (ANMM) dedicó su sesión ordinaria al tema “Violencia en la formación médica: un desafío oculto que amenaza la excelencia y la ética profesional”, coordinado por la doctora Ana Carolina Sepúlveda Vildósola, Vicepresidenta de la ANMM y Directora de la Facultad de Medicina de la UNAM. El evento, en el que estuvo presente el doctor David Kershenobich Stalnikowitz, Secretario de Salud, se realizó el miércoles 18 de marzo en el auditorio de la Academia.
En su mensaje de apertura, la doctora Sepúlveda Vildósola contextualizó: “Durante décadas, distintos estudios han documentado que el acoso, el maltrato y diversas formas de abuso han estado presentes en las instituciones donde se forman médicas y médicos. Sin embargo, durante mucho tiempo estas prácticas fueron minimizadas, invisibilizadas, normalizadas o incluso justificadas como parte de una supuesta tradición formativa. Hoy sabemos que esto no puede ni debe seguir siendo así. La evidencia científica ha mostrado con claridad que la violencia en los ambientes de formación no fortalece a los profesionales, sino que deteriora el bienestar de estudiantes y residentes, afecta la calidad en la enseñanza y en última instancia repercute en la calidad de la atención que reciben los pacientes”.
Introducción: Análisis de la problemática
La doctora Sepúlveda Vildósola presentó un análisis conceptual y estadístico de la violencia en la formación médica. Citó a pensadores como Nietzsche, Foucault, Bourdieu y Fox para explicar la violencia como expresión del poder y la dominación. “La cultura médica tiene una cultura jerárquica. Esto se debe también a una autocracia profesional. La profesión por sí misma es autónoma y se autorregula, y esa autorregulación del comportamiento organizacional al interior de las instituciones lleva a que ciertas prácticas violentas permanezcan sin el escrutinio externo”.

Describió los tipos de violencia presentes en los entornos formativos: verbal, física, académica, sexual, discriminación de género, abuso relacional y ciberbullying. Señaló factores de riesgo como el género, ya que las mujeres tienen mayor riesgo de ser violentadas, el nivel jerárquico y la falta de redes de apoyo, especialmente en estudiantes que realizan internado en otros estados.
La doctora Sepúlveda Vildósola presentó datos de investigaciones que realizó. En un estudio sobre insatisfacción durante la residencia de pediatría, encontró que el maltrato y el abuso fueron las principales causas de insatisfacción con la especialidad. En otro artículo sobre apoyo laboral durante la formación como especialista, realizado en dos etapas, el 32% de los residentes reportó haber sufrido violencia en una primera etapa, pero al aplicar un cuestionario estructurado, el 82% reconoció haber recibido algún tipo de violencia de forma frecuente, lo que evidencia la normalización del fenómeno. Asimismo, señaló que metaanálisis recientes reportan casi 60% de violencia entre estudiantes y residentes a nivel mundial, con cifras de 89% en Argentina y 71% en China, mientras que en México se ha documentado desde 40% de acoso en pregrado hasta 80% en residencias médicas.
En cuanto a datos de la Facultad de Medicina, informó que la Secretaría Jurídica y de Control Administrativo atendió 39 asuntos, con 30 alumnos, dos académicos y dos trabajadores como denunciantes; 33 hombres fueron denunciados y seis mujeres, mientras que las personas denunciantes fueron en su mayoría mujeres. De estos casos, 16 se cerraron por falta de elementos, nueve derivaron en sanciones y 14 están en trámite.
Advirtió que se requiere un cambio de estructura institucional, no normalizar la violencia, capacitación en convivencia saludable, protocolos de denuncia, oficinas especializadas, apoyo psicosocial y un código de ética que funcione en los hospitales.
El impacto de la violencia en el estudiantado y la calidad de la atención
El doctor Ramón Ignacio Esperón Hernández, Presidente de la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina (AMFEM), abordó la relación entre la violencia en la formación y la seguridad de los pacientes. “La pregunta que me surgió para preparar esta presentación fue si el impacto de la violencia en la formación médica se relaciona o no con la atención y la seguridad de los pacientes. La respuesta es sí, sí afecta la calidad de la atención y sí afecta la seguridad de los pacientes”.

Explicó que el agotamiento profesional (burnout) en médicos se asocia con un aumento de hasta 2.72 veces en las probabilidades de reportar errores médicos. Diferenció entre violencia directa (agresión verbal, humillación pública) y violencia indirecta (clima adverso, gaslighting académico, guardias exhaustivas, mobbing). Propuso dos vías por las que la violencia afecta la atención: una vía corta a través del burnout, que genera errores de prescripción, falta de comunicación, deterioro de la empatía y negligencia clínica; y una vía larga que lleva al consumo de sustancias, riesgo crítico para el paciente y riesgo de ideación suicida en el personal.
Presentó el concepto de “segunda víctima”: “Cuando un médico comete un error, la primera víctima es el paciente, pero el médico se convierte en la segunda víctima. Esto lleva a culpa, vergüenza, trastorno de estrés postraumático y aislamiento, agravando el burnout y la depresión, y se vuelve un ciclo infinito”. Propuso intervenciones como nombrar y tipificar la violencia, canales de denuncia confidenciales, mentoría longitudinal y redes de soporte. “El primer paso hacia la excelencia es cuidar a quien nos cuida. Un entorno de aprendizaje seguro, libre de violencia y estructurado en la empatía no es una concesión al estudiante, es el requisito indispensable para garantizar una atención médica de excelencia”, afirmó.
Aspectos regulatorios y bioéticos
El ministro en retiro José Ramón Cossío Díaz, abogado miembro de El Colegio Nacional y de la Academia Nacional de Medicina de México, ofreció una perspectiva jurídica y filosófica. Planteó que la violencia es un concepto histórico: “Cada sociedad va definiendo lo que es la violencia en el tiempo, de acuerdo con sus creencias, modos de vida y jerarquías. No es lo mismo la violencia en el pasado que en el presente, y no es lo mismo la violencia en la formación médica antigua que en la actual”.

Señaló un desfase entre las nuevas formas de violencia y las normas jurídicas. “Conceptos como mobbing, burnout o bullying no tienen una manifestación en el derecho, o cuando la tienen, no alcanzan a comprender los fenómenos que se están realizando en la formación médica. Hay un completo desfase entre los conceptos históricos de violencia, las prácticas que se dan y las maneras institucionales de responder a estos fenómenos”.
Destacó que la formación médica tiene características únicas: jerarquías muy marcadas, Servicio Social en lugares distantes, procesos internos de validación difíciles de romper y exposición a violencias no sólo en la universidad, sino en múltiples espacios. Propuso construir un mapa que identifique qué problemas tienen solución jurídica y cuáles no, y en qué cajón jurídico deben colocarse ya sea penal, civil, laboral o administrativo. “Si no dibujamos todo ese mapa, nos quedamos atendiendo casos particulares, hacemos correcciones marginales y nunca se acaba de resolver la cuestión”.
Estrategia “Por una cultura para la paz. No más violencia”
La doctora Laura Cortés Sanabria, Directora General de Calidad y Educación en Salud de la Secretaría de Salud, presentó la Estrategia Nacional de Ambientes Académicos Saludables, diseñada para garantizar la formación de recursos humanos para la salud en entornos libres de violencia y centrados en la dignidad humana. Explicó que la cultura de paz va más allá de la ausencia de conflicto: “Implica construir ambientes académicos seguros, éticos y colaborativos durante la formación médica. La paz no es solamente un sueño, es la expresión de un valor que orienta el desarrollo de la cultura de los pueblos”.

La estrategia, de alcance nacional, se estructura en tres ejes: gobernanza institucional y responsabilidades definidas; estrategias de intervención para detección temprana, orientación y rutas de atención; y evaluación y mejora continua mediante un sistema nacional de indicadores. Presentó el modelo CUIDAR, cuyas siglas corresponden a: Cultura institucional de respeto, Ubicación temprana de riesgos, Intervención institucional temprana, Derivación y canalización, Acompañamiento institucional, y Revisión y mejora continua. “Este modelo prioriza la prevención, la orientación y el cumplimiento institucional”, concluyó.
Compromiso institucional para erradicar la violencia en la formación
La doctora Rosana Pelayo Camacho, Jefa de la Unidad de Investigación y Educación en Salud del IMSS, expuso el posicionamiento y compromiso del Instituto Mexicano del Seguro Social. Informó que actualmente 25,276 médicas y médicos residentes se forman en 393 sedes académicas y más de 1,500 unidades médicas de primero, segundo y tercer nivel. “De ese tamaño es la responsabilidad que tenemos los funcionarios de educación en el Instituto para proveer, a partir de una perspectiva humanista y ética, la construcción de la cultura de la paz para maximizar su educación”.

Detalló seis estrategias en curso: un grupo de trabajo para la construcción de la paz en escenarios de aprendizaje; el programa institucional para la mejora de ambientes académicos; un registro de violencia en escenarios clínicos de aprendizaje con rigor científico; la implementación de guardias de 24 horas; inversión estratégica en infraestructura y espacios educativos; y un estudio de investigación con métodos mixtos avalado por la Academia Nacional de Medicina.
Sobre el registro de eventos de violencia, explicó que es una plataforma diseñada para registrar de forma anónima las violencias percibidas, vividas o presenciadas por todos los actores del ecosistema educativo, con el fin de obtener una radiografía real a nivel nacional. “Nos hacemos acompañar de herramientas como la Comisión Bilateral y el grupo recientemente instalado para tener acciones coordinadas, medibles en el tiempo y de precisión, fundamentadas en inteligencia de datos para lograr la mitigación y la corrección”.
Compromiso institucional para erradicar la violencia en la formación
El Secretario de Salud, doctor David Kershenobich Stalnikowitz, cerró la sesión con un mensaje en el que reconoció la importancia del tema y la oportunidad política para avanzar. Agradeció la presencia del ministro Cossío Díaz y destacó que su participación refleja “la importancia que tiene este tema” y la necesidad de incorporar aspectos legales en el currículo médico.
Señaló que no se parte de cero: instituciones como el IMSS tienen códigos de conducta, protocolos de arbitraje y mecanismos disciplinarios. Sin embargo, persiste la violencia porque es principalmente sistémica y cultural. “Podemos trabajar mucho en normas, pero no será la solución. Tenemos que entender que existen determinantes sociales y culturales que tenemos que abordar dentro de todo el sistema de este país”.
Identificó factores que sostienen la violencia, como la dependencia académica, la concentración de poder -al respecto comentó que “la medicina puede ser más jerárquica que los militares”- la sobrecarga asistencial y el trato digno. Destacó la situación particular de las enfermeras: “La violencia contra las enfermeras y el personal de enfermería es, si acaso, más frecuente, más normalizada y más invisibilizada. Tienen características propias por razón de género, posición laboral y su rol asistencial”.

Propuso tres compromisos: primero, garantizar el derecho a denunciar sin consecuencias académicas, transformar el rol del residente, transparentar la acción institucional mediante indicadores públicos, establecer apoyo psicológico externo y crear figuras independientes para recurrir abusos. Segundo, impulsar la aplicación progresiva de la estrategia nacional de ambientes académicos saludables. Tercero, fortalecer la formación ética y humanística, la coordinación interinstitucional, la evaluación, la transparencia y la rendición de cuentas.
El doctor Kershenobich concluyó: “Tenemos que aprovechar la ventana de oportunidad política que ha generado la movilización de residentes y la sensibilización institucional para desarrollar una estrategia creíble desde la Secretaría de Salud, los ámbitos académicos y las universidades”.
Al finalizar, el senador Emmanuel Reyes Carmona tuvo una participación donde reconoció la importancia del tema y felicitó a las y los participantes por visibilizar un problema que durante mucho tiempo permaneció oculto. “Es la primera vez que un tema como este convoca a un gran número de expertos, expertas, de científicos, científicas, especialistas en la materia. Lo que no se visibiliza, lo que no se dice, no existe. Hoy tenemos que decirlo con mucha claridad: hay violencia que se genera desde los hospitales y tenemos que atender este reclamo”.
Daniel Gallardo


