“El aprendizaje en medicina no ocurre únicamente en el aula, sino en la práctica cotidiana, en contacto con pacientes y en la toma de decisiones clínicas”, una idea que refleja la complejidad de enseñar en entornos hospitalarios y la necesidad de fortalecer los procesos educativos en la formación de especialistas.

En el programa Más Salud, transmitido desde Radio UNAM y también en vivo a través de YouTube, la doctora Liz Hamui Sutton, Profesora Titular C de Tiempo Completo Definitivo en la División de Estudios de Posgrado de nuestra Facultad, abordó los principales desafíos de la docencia en contextos clínicos, en conversación con el doctor Ángel Alfonso Ponce García, conductor del programa.

Durante la entrevista, la experta explicó que el dominio del conocimiento médico no garantiza la capacidad de enseñar, ya que la docencia implica habilidades específicas para transmitirlo de manera efectiva. En este sentido, señaló que los modelos tradicionales, caracterizados por estructuras jerárquicas y verticales, limitan el diálogo y dificultan la construcción colectiva del aprendizaje, especialmente en un contexto donde el conocimiento médico evoluciona de forma constante.

Asimismo, destacó que la formación de especialistas ocurre principalmente en la práctica clínica, donde la teoría adquiere sentido a través del contacto directo con pacientes, la discusión de casos y la interacción con el equipo de salud. En estos espacios, la retroalimentación inmediata por parte del profesorado resulta fundamental, ya que permite orientar el desempeño del residente y fortalecer su razonamiento clínico en situaciones reales.

En este contexto, subrayó que el error forma parte del proceso formativo y debe asumirse como una oportunidad de aprendizaje. Su manejo adecuado contribuye al desarrollo profesional, mientras que prácticas como la descalificación o la humillación generan ambientes adversos que afectan tanto el aprendizaje como el bienestar emocional de los médicos en formación.

La doctora Hamui Sutton también abordó el papel de las tecnologías en la educación médica, particularmente en los modelos sincrónicos y asincrónicos. Si bien reconoció su utilidad para el acceso a contenidos, enfatizó que la formación clínica depende en gran medida de la interacción directa, donde se construyen no sólo conocimientos, sino también habilidades éticas, comunicativas y de toma de decisiones. En cuanto a herramientas como la inteligencia artificial, señaló que representan un recurso valioso, pero no sustituyen el criterio clínico ni la capacidad de análisis del médico.

Otro de los temas abordados fue el desgaste profesional durante la formación médica. Al respecto, explicó que el burnout está influido tanto por factores personales como institucionales, y destacó la diferencia entre ambientes restrictivos, marcados por sobrecarga y prácticas negativas, y ambientes formativos que favorecen la colaboración, el acompañamiento y oportunidades reales de aprendizaje.

Finalmente, enfatizó que la formación de especialistas requiere fortalecer la relación entre docentes y residentes, promover la retroalimentación formativa y consolidar entornos que favorezcan tanto el aprendizaje como el bienestar. Desde esta perspectiva, el hospital no sólo es un espacio de atención médica, sino también un entorno educativo complejo en el que convergen la asistencia, la investigación y la enseñanza.

Marco Antonio López

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