Las doctoras Hazel Jocelyn Vázquez Hernández y Diana Laura Ochoa Hernández, egresadas de la Facultad de Medicina de la UNAM, son coautoras del artículo “Cranioplasty Timing After Decompressive Craniectomy: A Meta-Analysis of 4703 Patients”, el cual fue publicado en Neurosurgery del Congress of Neurological Surgeons (CNS), la revista más importante de Neurocirugía a  nivel mundial.

Ambas expresaron satisfacción tras este logro: “Se siente surrealista y, al mismo tiempo, un honor poder aportar conocimiento de alta calidad a la ciencia”, compartió la doctora Ochoa; mientras que la doctora Vázquez reconoció que éste “es un proyecto en el que se lleva trabajando mucho tiempo, por lo que me da mucha emoción verlo finalmente publicado, representa el resultado de muchas horas de esfuerzo, pero también de aprendizaje, constancia y trabajo en equipo”.

Coincidieron en este espacio debido a que compartieron el mismo mentor, el doctor Pavel Pichardo, gracias a quien conectaron y tuvieron la oportunidad de involucrarse de forma activa en el proyecto. 

La doctora Ochoa, quien tomó el liderazgo como primera autora del artículo, compartió algunos detalles sobre este proceso: “Gran parte inició gracias al modelo de Mastering Medical Research, que me dio las bases para entender cómo hacer investigación, estructurar ideas y trabajar con rigor dentro de una comunidad internacional. Además, algo que siempre me gusta resaltar es que este tipo de trabajo no se hizo en un laboratorio tradicional, fue un esfuerzo completamente colaborativo, muchas veces desde nuestras computadoras personales, coordinando equipos en distintos países e incluso trabajando a medianoche”.

En lo que respecta a la investigación, la doctora Vázquez explicó a grandes rasgos en qué consistió: “Nuestro estudio aborda una pregunta clave en la práctica clínica: ¿cuál es el momento óptimo para realizar una craneoplastia tras una craniectomía descompresiva? A través de un metaanálisis, comparamos distintos tiempos quirúrgicos y su relación con complicaciones y recuperación del paciente; encontramos que realizarla en etapas más tempranas se asocia con mejores resultados funcionales, y además aportamos mayor claridad a un tema que suele ser muy variable en la literatura. En esencia, demostramos que el momento de la craneoplastia es un factor clave que puede impactar directamente en la evolución del paciente”.

Un proyecto ambicioso como el que se realizó, presentó una serie de retos para las investigadoras. La doctora Ochoa contó que “uno de los principales fue mantener la constancia, especialmente al trabajar con una base de datos amplia y un gran número de artículos, lo que implicó el manejo y análisis de grandes volúmenes de información durante meses, siempre cumpliendo con los estándares metodológicos para una revista como Neurosurgery, esto exigió un alto nivel de organización, atención al detalle y rigor en cada etapa. También fue un desafío coordinar el trabajo entre integrantes del equipo en distintos países y zonas horarias, lo que implicaba adaptarse y comunicarse de forma clara”.

Por su parte, la doctora Vázquez compartió que existieron situaciones externas que aumentaron la dificultad durante su desempeño: “Especialmente para estudiantes y recién egresados como nosotras, es difícil equilibrar nuestras responsabilidades académicas, ya que lo desarrollamos en paralelo a nuestras actividades universitarias, y en lo personal, atravesaba una situación difícil por la enfermedad de un familiar cercano, lo que añadió un componente emocional importante”. Sin embargo, ambas destacaron que la alta exigencia sirvió para enriquecer la colaboración e integrar distintas perspectivas, mantener la constancia al final se volvió más significativo.

El interés por la Neurocirugía comenzó para la doctora Vázquez en el segundo año de la carrera, “asistí a pláticas en el auditorio Raoul Fournier de la Facultad, donde neurocirujanos compartían casos, técnicas y experiencias; recuerdo que me impactó profundamente ver cómo, a través de herramientas como la tractografía e intervenciones quirúrgicas, es posible intervenir directamente en lo más complejo del ser humano: el cerebro. Más adelante, al tomar clases en el Hospital Juárez de México con el doctor Luis Delgado Reyes y el doctor Julio Soto, ese interés se consolidó. Su forma de enseñar, su pasión y su nivel de exigencia terminaron de confirmar que este es el camino que quiero seguir”, expresó.

Para la doctora Ochoa, todo comenzó durante el periodo en el que realizó guardias en el Departamento de Neurocirugía del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”, donde conoció a su mentor, el doctor Jesús Quetzacoatl Beltrán, quien la introdujo en el campo clínico, quirúrgico, educativo y de investigación de esta especialidad: “Al comenzar a participar activamente en las guardias y en la dinámica del servicio, supe que estaba en el lugar correcto; mis manos encontraron su lugar en el quirófano, y mi mente científica encontró su espacio en la investigación”. 

“Además, durante mi formación, especialmente en contextos con recursos limitados, pude ver de primera mano las brechas que existen en el acceso a atención especializada. Esto reforzó mi interés en generar conocimiento que ayude a mejorar la toma de decisiones y el acceso a tratamiento en diferentes realidades. Para mí, la investigación en neurocirugía no es sólo producir evidencia, es una forma de generar impacto más allá de un solo paciente, de contribuir a sistemas de salud y de acercar esta especialidad a quienes más la necesitan”, destacó.

Para finalizar, la doctora Vázquez compartió algunas palabras para quienes buscan abrirse camino en la investigación y posteriormente publicar sus resultados: “Empiecen por la curiosidad, muchas veces se percibe la investigación como algo lejano o demasiado complejo, especialmente siendo estudiantes, pero en realidad es el momento ideal para comenzar y aprender. Hacer investigación no sólo es posible, sino necesario: generar nuevo conocimiento forma parte de la esencia de la medicina. Más allá de su valor académico o para el CV, es una herramienta que te enseña a pensar críticamente, a cuestionar y a tomar mejores decisiones clínicas.” 

La doctora Ochoa concluyó con el siguiente mensaje: “Empiecen, incluso si sienten que no están listos, nadie empieza sabiendo, y la investigación no es algo que se aprende esperando, se necesita curiosidad, disciplina y hambre por el conocimiento. Muchas veces el mayor obstáculo no es la falta de capacidad, sino la duda o el miedo a empezar. Pero es justamente en el proceso donde vas construyendo el conocimiento que necesitas; sólo tienes que dar el primer paso. Rodéense de personas que los reten, que les enseñen y que crean en ustedes. Busquen oportunidades, hagan preguntas, propongan ideas y no tengan miedo de involucrarse, sobre todo, no subestimen el impacto que pueden tener”.

Claudia Villalpando