El Programa de Salud Mental para la Comunidad de la Facultad de Medicina (PROSAM) del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental (DPSM) dedicó su sesión del Seminario Permanente al tema “Sin paz no hay bienestar: Construir comunidad desde la cultura de paz en la formación médica”, con el propósito de reflexionar sobre la paz como eje fundamental del bienestar, proponiendo un espacio para la construcción de comunidades más humanas, empáticas y saludables.
La sesión, moderada por el doctor Diego Armando Coronel Manzo, Responsable del área educativa e innovación del PROSAM, fue realizada el pasado 8 de abril en el auditorio “Dr. Ramón de la Fuente Muñiz” y transmitida por YouTube, donde el doctor Roberto Emmanuele Mercadillo Caballero, Investigador en Ciencias Médicas del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz”, presentó la ponencia “Cultura de Paz y Salud Mental”, en la que explicó, con una línea temporal, el enfoque integral con rigor científico sobre la ética y cuidado de la transformación social desde la educación y el conocimiento a través de la paz de diversos autores y sucesos históricos que marcaron un antes y después en el pensamiento humano.
“A mediados del siglo XIX, médicos, enfermeras, el personal de salud en general y filósofos estaban comprendiendo a la paz como un estado de tranquilidad; tomaban al cuerpo como referencia, permitiendo un estado de tranquilidad que abría el conocimiento y la reflexión”, explicó el ponente.
Enfatizó que “la base de la medicina contrasta con los conflictos cada vez más persistentes y llega esta gran contradicción, la medicina humanista para la guerra”.

Asimismo, el doctor Roberto Mercadillo explicó que, durante el siglo XX, la ciencia fue separando cada vez más las humanidades de las ciencias, lo que dificultó la comprensión integral de la paz. “Científicamente es incorrecto decir que nuestro cerebro nos conduce a la violencia porque tenemos un cerebro violento. Nuestro cerebro, nos posibilita actuar violentamente, pero el ser y el acto no son lo mismo”, afirmó.
Ante la pregunta de ¿qué podemos hacer en contextos educativos para fomentar una cultura de paz?, el doctor Mercadillo Caballero consideró que “la prioridad es crear redes y comunidad, especialmente en una etapa de transición donde las brechas de comunicación intergeneracional son más amplias”.
“Estamos viviendo un momento en el que tenemos que planear nuestra vida a tres años a futuro y no sabemos si en algún momento todo acabe en un abrir y cerrar de ojos. Podemos vivir temerosos todo el tiempo, o acompañarnos en ese miedo e intentar vivirlo lo mejor posible”, reflexionó.
La paz, no es un estado perfecto ni definitivo, sino una construcción continua, frágil y parcial que se puede hacer con lo que se tenga a la mano, concepto conocido como “paz imperfecta”. “En este marco, la compasión emerge como una emoción opuesta a la violencia, que no sólo busca no dañar, sino restituir el daño de alguien con quien se empatiza, y requiere decisión, acción y vínculo”, compartió el doctor Roberto Mercadillo.

Al comentar la ponencia, la licenciada Indrani Morales Astudillo, responsable del Programa Institucional de Ética y Bioética de la Facultad de Medicina, reflexionó sobre la relación entre cultura de paz y bienestar, planteando que, si bien la paz fomenta el bienestar, la cultura de paz implica algo más: crear formas de transmitir y mantener prácticas pacíficas a través de sistemas sociopolíticos e instituciones.
Finalmente, tanto ponente como comentarista coincidieron en que la formación médica y de ciencias de la salud debe integrar el cuerpo como referencia, fomentar la creatividad y promover el diálogo intergeneracional como base para construir una auténtica cultura de paz.
Octavio Araujo


