El Programa Institucional de Ética y Bioética de la Facultad realizó su conferencia mensual en el Salón de Replicación de Situaciones Médicas del CECAM, ubicado en el quinto piso del Edificio A. La sesión incluyó la presentación de una obra de teatro basada en un caso real documentado por Robert T. Hall, realizada en colaboración con el Taller de Teatro de la Facultad, con guión de la maestra Adriana González Cueto, montaje del maestro Alejandro Godoy, e interpretada por las estudiantes Magdalena García Sandoval y Diana Nájera Rodríguez.
Posterior a la obra, se realizó una mesa de análisis multidisciplinario con expertos en embriología y genética, antropología médica y biojurídica, así como con estudiantes y médicas pasantes que compartieron sus experiencias y reflexiones. La licenciada Indrani Morales Astudillo, responsable del Programa, dio la bienvenida a los asistentes y expresó: “Hoy vamos a presentar un caso de los que sí llegan a suceder, tienen un impacto muy fuerte en las personas que se puedan ver afectadas por una situación como ésta. Después de la escena vamos a reflexionar: dónde estuvo el problema, qué se pudo hacer diferente, cómo pudimos evitar que pasara”.
Representación teatral del caso
La obra representó el caso de una paciente programada para cirugía sin prueba de embarazo ni consentimiento informado firmado. La médica que intentó detener el procedimiento fue presionada por su superior, quien argumentó que el rendimiento del quirófano era prioritario y que debían seguir instrucciones del prestigioso médico tratante que la había programado. Se realizó la histerectomía agendada, pero antes de contar con todas las pruebas y se recabó tardíamente la firma en el documento de consentimiento informado de la paciente, que estaba bajo una premedicación de sedación. Un par de días después se confirmó que la paciente estaba embarazada. La obra culminó con la confrontativa reflexión de la médica cirujana que la practicó, sobre si informarle sobre su embarazo interrumpido a la paciente y asumir responsabilidad o callar para proteger al hospital.

Análisis multidisciplinario
El doctor Alejandro Martínez Juárez, especialista en Genética Médica, comentó: “Durante las primeras semanas, prácticamente durante toda la etapa embrionaria, un embarazo puede cursar asintomático. El desarrollo embrionario comprende las primeras ocho semanas, cursa con la organogenia, y esto es de vital importancia para la discusión de aspectos éticos porque sigue siendo muy controvertido definir a qué le vamos a llamar persona. En este caso se planteaba un embarazo temprano, clínicamente difícil de detectar. Es cierto que hay estrategias como el ultrasonido, pero al inicio del desarrollo el embrión es tan pequeño que es difícil detectarlo; las primeras 5 semanas es a veces indetectable a través de imagen. Por eso es indispensable contar con técnicas bioquímicas para confirmarlo”, expresó.

Por su parte, la doctora Ana Lilia Rodríguez Ventura, Jefa del Departamento de Embriología y Genética de la Facultad, señaló: “La pregunta es hasta dónde llega tu responsabilidad cuando apenas eres un interno. Tú no puedes decidir, pero sí puedes aprender. En este caso, yo aplaudo a la doctora Martínez por haber decidido no operar a la paciente, porque no tenía la prueba confirmatoria de embarazo ni el resultado de la biopsia. Fue una decisión sumamente inteligente. Independientemente de que pudiera haber castigo, nosotros como médicos tenemos que priorizar la seguridad del paciente y no atender sólo a las jerarquías. “Todas las y los médicos debemos empezar a ser más críticos para no permitir este tipo de cosas”, afirmó.
Asimismo, la doctora Juana Inés Navarrete Martínez, Coordinadora de Genética del Departamento de Embriología y Genética, señaló que, aunque las reglas institucionales deben respetarse, el criterio médico y los principios éticos están por encima. “Una cosa son las reglas, pero siempre hay que tener criterio, aunque estés en un rango inferior. Cuando ves algo que no va contigo, aunque creas que no te puedas oponer, sí lo debes expresar. Ante todo eres médico y para eso también es la bioética. Tienes que ver todo el aspecto humano y el aspecto ético. La bioética es la ética de la vida”, apuntó al considerar que los médicos deben expresar sus objeciones ante prácticas que consideren incorrectas y subrayó que la formación en bioética es fundamental para aprender a navegar conflictos de conciencia sin violentar principios ni dañar a los pacientes.

Acto seguido, la doctora Bianca Vargas Escamilla, profesora de “Antropología Médica e Interculturalidad” del Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina, analizó el caso desde tres ejes. En primer lugar, señaló que las omisiones y malas prácticas representadas en la obra ocurren cuando la lógica administrativa de costos, tiempos y jerarquías se prioriza sobre el derecho a la salud. “Hay que pensarlo como lo que sucede cuando una lógica administrativa de bajar costos, disminuir tiempos y órdenes jerárquicas va por arriba de la garantía del derecho a la salud. Esto de la falta de consecuencias, la falta de opciones y la normalización de ciertas prácticas, me hizo recordar a Hannah Arendt, cuando habla de que el mal se origina de una forma no intencional en ciertas profesiones. Una de ellas es la medicina”, indicó.
En segundo lugar, cuestionó el dilema sobre si comunicar o no el error a la paciente. Explicó que, aunque algunos podrían argumentar que callar evita un daño psicológico adicional, la no revelación constituye una violación del derecho a la información clínica. En tercer lugar, planteó que las violaciones de derechos humanos en salud no son aisladas y que cuando una mala práctica ocurre, seguramente hay muchas más víctimas, especialmente en contextos de vulnerabilidad como comunidades indígenas o de bajos recursos.

Finalmente, el doctor Agustín Herrera Fragoso, Coordinador Investigador SEPS de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, explicó que el consentimiento informado debe ser previo, libre, personal e informado, y que la firma obtenida bajo sedación es jurídicamente nula. En este caso hubo negligencia, imprudencia e impericia. Se cumplen todos los elementos de una mala praxis. Hay responsabilidades administrativa, civil y penal”.
Señaló que los responsables podrían enfrentar responsabilidad administrativa por daño patrimonial a la institución, civil por incumplimiento del contrato de servicios médicos y penal por lesiones culposas. Advirtió que el expediente clínico es del paciente y también la principal herramienta de defensa del médico y que su mala integración puede dejar a los profesionales indefensos ante denuncias. Recomendó foliar, fechar y cancelar los espacios en blanco del expediente para evitar alteraciones posteriores.
Cierre del evento
Para concluir la jornada, la licenciada Morales Astudillo ofreció un mensaje de cierre: “Como médicas y médicos pasantes, hagamos reflexión constante. Si algo no me está haciendo sentido, me parece que está mal, probablemente sí esté mal. Hay que informarnos. La ley nos va a decir lo mínimo, hasta dónde no puedes llegar, pero la ética va más allá, a la calidad de la atención, a los intereses de las y los pacientes, y a su bienestar”, reflexionó.
Recordó que en el contexto hospitalario existen comités de bioética a los que se puede recurrir para tomar decisiones colegiadas ante dilemas complejos. Agradeció la participación del Taller de Teatro, de las actrices, de los expertos invitados y del público asistente.
Daniel Gallardo


