Mi nombre es Miranda Angélica Gutiérrez Vallejo, soy alumna del Plan de Estudios Combinados en Medicina (PECEM), y mi trayectoria para entrar a la Facultad no fue tan sencilla como he escuchado a algunos de mis compañeros que desde los 5 años tenían muy claro que querían ser doctoras o doctores, aunque desde pequeña estuve en contacto con el ámbito médico, pues mi papá es internista. Por otro lado, debo evaluar todas las posibles opciones para tomar una decisión y estar cómoda. 

Entonces en la preparatoria platiqué con muchas personas, fui a visitar facultades, tomé cursos en línea y finalmente tomé la decisión de estudiar Medicina, afortunadamente no me he arrepentido ni un segundo de esa decisión. Ese fue mi gran inicio, a partir de entonces ha sido una gran aventura. Recuerdo que me pareció sumamente interesante y sencillo la teoría clínica y tratamiento del hipo e hipertiroidismo, entendí por fin con claridad mi ciclo menstrual, entendí cómo el paracetamol aliviaba, casi como si supiera en dónde estaba el dolor. Todo tenía sentido, no me había equivocado, disfruto y me gusta lo que hago, lo que he aprendido y lo que potencialmente puedo aprender y poner en práctica.

La investigación llegó a mi vida viendo documentales en la televisión y participando en un concurso en la preparatoria llamado “Jóvenes hacia la investigación”, por ahí llegó la idea de hacer ciencia para ayudar, no sólo a un paciente, sino a una población con características específicas e indirectamente. Un día, en los meses previos a empezar la carrera, me apunté en un curso en línea de etimología médica. Ese día mi profesora invitó a un estudiante tres generaciones arriba, él era estudiante PECEM, fue ahí donde escuché por primera vez del programa, y pensé en intentarlo cuando llegara el momento en segundo año. 

Ha sido un gran reto para mí estar en el programa, puso a prueba mi capacidad de organizar mi tiempo, cuestionar mis métodos de estudio, reconocer mis prioridades; aprendí a estudiar óptimamente, a leer y analizar artículos, técnicas de laboratorio, a manejar animales de laboratorio, leí sobre ética en ciencia, hice mis primeros intentos de protocolos de investigación, aprendí a hacer un cartel para un congreso. Conviví con expertas y expertos, y de cada uno aprendí muchas cosas que nunca terminaría si intentara enlistarlo. 

También me di cuenta que las/los verdaderos expertos y apasionados en su campo son capaces de explicarte con palabras simples algo en lo que llevan trabajando 10 años, verdadera admiración, espero lograrlo en el futuro. En resumen, el programa PECEM me permitió tener un acercamiento a lo que en verdad significa hacer investigación en México y me dio la oportunidad de experimentar y descubrir si me quiero dedicar plenamente a la investigación, lo cual en ese momento todo pintaba que sí, hasta que entré a los ciclos clínicos, algo cambió, esa claridad ya estaba más traslúcida, hubo un contraste que me hizo replantearme qué es lo que quiero. 

Cuando tuve mis primeros contactos con las/los pacientes, se confirmó que había elegido la carrera correcta. Conversar con el/la paciente, escuchar su historia, poder ayudarlos directamente, aunque fuera sólo a una persona, me di cuenta que valía totalmente la pena. Tanto la clínica como la investigación tienen su encanto. Espero encontrar un equilibrio, sigo en ese proceso.

A lo largo de mi formación no he experimentado ningún tipo de discriminación o violencia de género, sin embargo, en todo momento yo tengo mis precauciones, las cuales he notado que no las tienen mis compañeros hombres. Algunos ejemplos serían no quedarme sola en el laboratorio, no salir tan tarde de mis estancias de laboratorio, avisar siempre en dónde estoy y a qué hora voy a salir, ser cuidadosa para que mis comentarios no se presten a malas interpretaciones. No debería ser así, y no me pienso conformar, pero he aprendido a que, por mi seguridad y mientras la sociedad no cambie, mantendré mis precauciones.

Desde mi perspectiva claro que existen brechas de género en la investigación, simplemente la proporción entre tutores y tutoras de alto rango está desbalanceada. Pero creo que la brecha ha afectado históricamente a todas las mujeres, simplemente por no tomarlas en cuenta en los estudios por muchos años. Aunque actualmente ya nos incluyen en la mayoría de los estudios, esa brecha creó un retraso en el entendimiento del cuerpo y la fisiología de las mujeres y eso hace muy difícil, e incluso, casi imposible de recuperar. 

En el ámbito de la medicina en general, cada vez es menos, pero sigue habiendo un trato diferente por parte de los doctores y doctoras de mayor jerarquía hacia los de menor jerarquía dependiendo si se es hombre o mujer. Es muy frecuente que residentes e incluso adscritos, que son mucho mayores acosen e incomoden a compañeras estudiantes y cambian totalmente su actitud en el primer momento en el que se sienten rechazados, incluso poniendo en riesgo la trayectoria y/o reputación de mis compañeras.

Una medida que considero necesaria para lograr espacios más equitativos dentro del ámbito académico y de la salud, que pienso que solucionaría algunos de estos problemas (aunque ciertamente no de raíz) sería que hubiera un justo y confiable sistema en donde hubiera personal capacitado con perspectiva de género que reciba quejas, escritos y denuncias. 

Creo que todas las tutoras con las que he estado han influido en mi camino profesional, porque viendo su trayectoria veo que no es imposible llegar lejos. Por ejemplo, la doctora Aurora Elizabeth Serralde Zúñiga, que era una estudiante como yo, de mi misma Facultad que se especializó en Nutriología Clínica y ahora es la jefa de ese servicio en el INCMNSZ. La doctora hizo maestría y doctorado, ella publica muchos artículos al año y sabe muchísimo de su campo. Algo similar pasa con la doctora Karla Unger Saldaña que también estuvo en mi lugar como estudiante y ahora es catedrática de la Unidad de Investigación en Epidemiología del INCan, tiene varios fellows en Estados Unidos y ahora es docente en una universidad importante de Texas. Tal vez, algún día yo podré llegar tan lejos como ellas, quienes me enseñaron que es posible, el único requisito es que en verdad te apasione y las oportunidades no van a llegar solas, hay que buscarlas y perseverar.

Algo que les diría a los jóvenes que están considerando estudiar Medicina o dedicarse a la investigación sería que antes de entrar a la carrera medítenlo bien, platiquen con conocidos que formen parte del personal de salud, incluso ingresen un día a un hospital a ver las dinámicas. Una vez tomada la decisión, den lo mejor de sí, la constancia y la disciplina las va a sacar adelante hasta cuando parece que no hay remedio. Lo que recomiendo ampliamente es cuestionarse periódicamente si les está satisfaciendo o no, si hay interés, si creen que esto es para ustedes. Una se da cuenta, una lo siente. 

En cuanto a la investigación, si les llama la atención, las invito a intentarlo, hay muchas formas de hacerlo, está el programa PECEM en la Facultad de Medicina, pero también hay muchas otras como el programa AFINES, o simplemente acercarse a un laboratorio, preguntar qué hacen, platicar con la investigadora o investigador y preguntar si pueden participar en algo o discutir un artículo interesante. El punto es que hay oportunidades sólo que una tiene que ir por ellas. No lo hagan sólo por tener currículum, busquen algo que les interese y en el futuro verán que obtendrán muchos aprendizajes y se les abrirá algunas puertas extras que valorarán mucho.