Mi nombre es Luz Elena Martínez Castañeda, soy estudiante de la Licenciatura en Fisioterapia y, al igual que varios estudiantes y profesionales, mi motivación para estudiar Fisioterapia surgió a partir de una experiencia personal, ya que mi abuela necesitaba asistir a terapias, lo que me permitió conocer la profesión. Posteriormente, una amiga me explicó en qué consistía la Fisioterapia y todo lo que implicaba. Además, buscaba una profesión dinámica que me permitiera estar activa y no permanecer sentada todo el tiempo; al investigar más, confirmé que Fisioterapia era una carrera que realmente disfrutaría.

La experiencia que marcó un antes y un después en mi manera de entender la rehabilitación, fue cuando tuve a mi primer paciente. Aunque en clase te enseñan la teoría, es muy diferente aplicarla en la práctica real, me di cuenta que realmente practicas tu empatía con los pacientes y que es aún más complejo que lo que nos dicen los profesores; comprendí la importancia de la empatía y la responsabilidad que implica que una persona confíe en ti, además de brindarle la seguridad de que no la vas a juzgar y que el paciente y el terapeuta serán un equipo. 

He tenido la oportunidad de trabajar con pacientes, y cada uno deja una enseñanza muy valiosa. Verlos alcanzar sus metas con esfuerzo y sin rendirse es una de las mayores satisfacciones. Me han enseñado que la resiliencia puede ser más fuerte que cualquier limitación. En especial, mis pacientes pediátricos me mostraron que la terapia también puede ser divertida. Con ellos aprendí que siempre hay una forma de enfrentar las dificultades con actitud y esperanza.

El área de la Fisioterapia que más me apasiona es la Fisioterapia Pediátrica porque creo que el movimiento es esencial para que los niños descubran el mundo. Ver a un niño con limitaciones en su desarrollo es algo que impacta mucho, ya que su “trabajo” es jugar, explorar y aprender. Me enfoco en ello porque quiero acompañarlos en ese proceso y ayudarles a ganar independencia. Quiero que sus condiciones no sean un límite, sino algo que podamos trabajar juntos. Para mí, es darles la oportunidad de vivir su infancia plenamente. 

He tenido la oportunidad de trabajar con otros estudiantes y profesionales de diversas carreras y lo más valioso es que deja de existir el paciente para cada especialidad. Ya no es solo músculo, articulación o función, sino una persona completa. Cuando interactuamos con médicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales o enfermería, vemos cómo el dolor, el movimiento y la recuperación están muy relacionados con sus emociones, contexto social, adherencia al tratamiento y brindamos un servicio de calidad que realmente ayude al paciente. 

En el ámbito de la salud no admiro a una sola mujer, sino a todas las mujeres en el área de la salud. Cada una, desde su espacio, ha contribuido a abrir camino para las que venimos después. Gracias a ellas, hoy ser mujer es cada vez menos una barrera en esta profesión. Me inspira su esfuerzo, su resiliencia y su compromiso. Son ejemplo de que juntas podemos seguir avanzando.

Hay adversidades que debemos enfrentar y lamentablemente el acoso a las mujeres en México es una constante con la que a veces tenemos que enfrentarnos: en mi caso, enfrente situaciones incómodas, como comentarios inapropiados durante mis prácticas. Fue una experiencia difícil que incluso afectó mis ganas de asistir. Sin embargo, conté con apoyo institucional para reportarlo y evitar que se repitiera con otras compañeras. Esto me hizo consciente de la importancia de alzar la voz. 

El consejo que les daría a todas las mujeres que están pensando estudiar Fisioterapia, es que se informen bien y se preparen, porque es una carrera que requiere compromiso y dedicación. Pero también que se animen a intentarlo, porque es una profesión muy humana y gratificante. Te permite crear vínculos muy especiales con tus pacientes. Además, es dinámica y te mantiene en constante aprendizaje. Es una forma muy bonita de ayudar a los demás.