Tras meses de constancia y entrenamiento, Yeandery Isabel Juárez Martínez y Magnolia Loranca Rey, estudiantes de la Facultad de Medicina e integrantes del equipo femenil de handball de la UNAM, celebraron la obtención del tercer lugar en los Campeonatos Nacionales Universitarios ANUIES 2026, una participación que representa para ambas el reencuentro con su pasión deportiva y la demostración de que es posible conjugar una carrera de alta exigencia con el deporte de alto rendimiento.

Magnolia expresó que este tercer lugar significa una satisfacción inmensa, especialmente porque en un momento pensó que su etapa deportiva en el handball había llegado a su fin: “Volver a las canchas y ganar este tercer lugar fue reencontrarme conmigo misma, saber que sigo siendo capaz de jugar con la misma intensidad y pasión de antes”, señaló la deportista, quien se sintió más motivada y emocionada tras su participación.

Sobre su preparación física, describió un proceso duro tras un año de inactividad, donde su mente tenía clara la lógica del juego, pero su físico no reaccionaba como antes. Destacó el apoyo del psicólogo deportivo, brindado por la UNAM, como un sostén fundamental para mantenerse firme durante la competencia. 

“El momento más difícil del torneo fue el partido contra Nuevo León, donde fallé dos tiros que estrellaron en la portería, logré superar ese bache mental entendiendo que no podía quedarme anclada a ese momento y me mentalicé en que aún quedaba un partido decisivo por el tercer lugar y que tenía la obligación de jugarlo bien”, resaltó Magnolia. Además, dedicó su medalla a ella misma por su esfuerzo, a su padre por su apoyo incondicional, a su entrenador Toño y a su novio Max, quien la acompañaba durante las largas horas de espera entre el hospital y los entrenamientos.

Por su parte, Yeandery Isabel, portera del equipo, afirmó que este logro representa amor, paciencia, constancia, disciplina, trabajo en equipo y resiliencia. “Todas las que estamos en este equipo saben la gran carga de responsabilidad y empeño que hay que poner en cada uno de los entrenamientos y enfrentamientos, y por eso mismo son increíbles, admiro a cada una de ellas por su gran espíritu competitivo”, expresó.

Yeandery Isabel comenzó a jugar handball a los 12 años en la secundaria y desde su primer año universitario fue contemplada para el representativo. Sobre el manejo de la presión en la portería, una posición que describió como sumamente individualista y que requiere perfeccionismo, mencionó la técnica del psicólogo deportivo sobre colocar una frase en el brazo para regresar a la calma. “Mi frase era un 19, una fecha de cumpleaños de una de mis personas favoritas, recordar esas cosas de cierta forma me hicieron tranquilizarme durante los partidos”, compartió.

Consagró su medalla a su “yo chiquita”, la niña que sin saber qué era el handball, lo hizo parte de su vida, y a su madre, a quien describió como su mayor pilar y un ejemplo de fuerza y resiliencia.

 Ambas coincidieron en que planean seguir compitiendo mientras la carrera se los permita y que su meta es volver a subir al podio. “Es una sensación increíble, los nervios de tu primer partido son algo increíbles, un sentimiento que recomiendo a todos los estudiantes de la Facultad que puedan probar y animarse a participar”, aconsejó Yeandery Isabel.

“Quiero otra medalla y voy por el primer lugar, pero más allá de los resultados, mi meta personal es seguir disfrutando el handball y que siga siendo mi lugar seguro, porque antes de ser una competencia, es una comunidad, es mi casa y es mi Universidad”, concluyó Magnolia.

Octavio Araujo