En el marco del Día Nacional de la Salud Materna y Perinatal, el Programa de Estudios de Género en Salud (PEGeS) del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina, organizó la conferencia “Maternidad digital: del mito a la crisis de salud mental”, impartida por la doctora Alejandra Buggs Lomelí, licenciada en Psicología Clínica, psicoterapeuta humanista y referente en salud mental con perspectiva de género en México, como parte de la sesión 185 del Seminario Permanente de Género en Salud.

En la sesión transmitida por Youtube y Facebook, y moderada por la doctora Yuriria Alejandra Rodríguez Martínez, Coordinadora del PEGeS, y la doctora Luz María Moreno Tetlacuilo, fundadora del mismo, la ponente abordó cómo la exhibición de la maternidad en redes sociales ha generado una crisis silenciosa de salud mental en las mujeres, al imponer estándares de perfección inalcanzables que profundizan los mandatos de género históricos.

 “La maternidad ya no sólo es una experiencia vivida en la intimidad del hogar, sino una que debe ser documentada, relatada y contada en redes sociales. Lo que antes era íntimo, ahora es compartido y performado”, señaló, e introdujo el concepto de “maternidad performativa” para describir cómo las madres actúan su experiencia para ser vistas, validadas y aprobadas externamente.

La doctora Buggs Lomelí explicó que los mandatos tradicionales de la “buena madre”, ser amorosa, paciente, disponible, sin necesidades propias y feliz se han amplificado en la era digital, sumando exigencias como ser profesional, presente, plena y exitosa, “ya no basta con ser buena madre, sino que también debe mostrarlo en redes”, afirmó. 

De igual manera, ilustró que este fenómeno genera en las mujeres cuatro niveles de comparación constante: el cuerpo, la crianza, el vínculo con los hijos y la felicidad, lo que deriva en sentimientos de insuficiencia, ansiedad, depresión y agotamiento emocional. Sin embargo, la realidad que no aparece en redes incluye cansancio existencial, soledad, enojo y ambivalencia, un sentimiento contradictorio entre el amor hacia los hijos e hijas y el deseo de libertad o escape, que las mujeres viven como traición a su rol. 

La ponente subrayó que el estrés crónico de la maternidad performativa tiene consecuencias físicas medibles que pueden afectar el sueño, el sistema inmunológico y la función cognitiva, convirtiendo la crisis emocional en un problema integral de salud.

Como herramientas de intervención, la especialista destacó la Escala de Edimburgo (EPDS), un cuestionario de 10 preguntas diseñado para detectar depresión postparto, que puede ser aplicado por médicos de primer contacto, pediatras y personal de enfermería. “Lo que la madre interpreta como debilidad es una realidad, una enfermedad que requiere tratamiento”, enfatizó. 

La especialista detalló los datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), que indican que entre el 10 y 15% de las mujeres en el mundo sufren depresión y ansiedad durante el primer año de postparto, y que el 75% de ellas no recibe tratamiento ni seguimiento. En México, la depresión perinatal va desde el 9 al 14% durante el embarazo, 20% de depresión postparto en el primer año y 41% de ansiedad perinatal, con mayor riesgo en mujeres menores de 25 años.

Finalmente, la ponente cerró la sesión reflexionando sobre la importancia de hablar de estas realidades, quitarse los mandatos sociales y reconocer que la maternidad ya no debe ser una imposición obligatoria, sino una opción en la que el bienestar mental y la corresponsabilidad sean prioritarios. “Cuidar la maternidad es cuidar también la salud mental. La maternidad no necesita perfección, necesita verdad”, concluyó.

Octavio Araujo