Mi nombre es Ingrid Sthefanya Hernández Rodríguez, soy licenciada en Fisioterapia Pediátrica y docente en la Licenciatura en Fisioterapia. Desde pequeña tuve oportunidad de estar en contacto en hospitales pediátricos y ahí fue donde conocí a fisioterapeutas que convertían los lugares de tratamiento en sitios llenos de risas, colores y música. Y aunque hay momentos críticos donde el llanto predomina, esos días también contribuyen a enfrentar el diagnóstico. Esto fue lo que me motivó a elegir esta profesión.

La solidaridad ha sido el pilar que más ha sostenido mi desarrollo profesional; en la Facultad de Medicina aprendí que nadie acompaña a un paciente solo, sino que somos parte de una red de apoyo. La solidaridad me enseñó que la historia la construimos juntos: familia, equipo médico y paciente.

Considero que uno de los retos más grandes ha sido aprender a comunicarse sin utilizar palabras. Nuestro cuerpo se expresa incluso sin necesidad de ellas; me gustaría que las personas que tengan oportunidad de ver esto ahora, consideren leer al cuerpo antes de escucharlo. 

Y definitivamente la mayor satisfacción llega en el primer objetivo cumplido: lanzar una pelota, levantarse sin ayuda, sujetar el biberón. Esos pequeños pasos labran un gran camino. Uno a la vez.

Además de mi labor clínica, me desempeño como docente donde busco que mis futuros colegas desarrollen la empatía a través de estrategias de aprendizaje diseñadas en contextos socioeconómicos y culturales diversos y apegados a nuestro entorno para que se acerquen a perspectivas que tal vez no habrían considerado. Nuestra mejor intervención es la humanidad.

Desde mi perspectiva académica he sido testigo de un crecimiento exponencial del uso de la tecnología como una herramienta que puede contribuir al tratamiento de algunas patologías. Las nuevas generaciones tienen la responsabilidad de dirigir la Fisioterapia Pediátrica en nuestro país y de participar en proyectos de investigación que promuevan la práctica basada en evidencia de estas nuevas intervenciones cuando sus contextos se los permitan.

Un consejo que le daría a los estudiantes de Fisioterapia en formación es que ‘¡no pierdan la capacidad de asombro!’, esa misma que las y los mantenía expectantes durante su infancia. Sin asombro, no hay curiosidad y sin curiosidad no se nutre el conocimiento. Deseo que más colegas exploren lo gratificante que es apoyar el proceso de aprendizaje de nuestra profesión.

He visto desde mi ingreso a la UNAM que la presencia de mujeres en diferentes cargos académicos, administrativos y en la plantilla estudiantil ha aumentado. Nuestra presencia no debe considerarse como una cuestión de cuota, sino de capacidad y visión estratégica. Estoy honrada de gestionar aspectos educativos con todas ellas.

Desde mi perspectiva, a menudo se asocia la rehabilitación como una extensión de lo materno o a lo femenino, sobre todo en el área pediátrica. Seguimos resistiendo para ocupar los espacios que merecemos en actividades de rigor científico, para desvincular el cuidado del género, para profesionalizar estos roles, generando competencias clínicas y humanas, siguiendo los pasos de las profesionales en el área de la salud que nos precedieron y trabajando por aquellas que están en formación.