La selección varonil de voleibol de la Facultad de Medicina se consolidó como un equipo resiliente y competitivo durante los Juegos Universitarios 2026, alcanzando el segundo lugar en la categoría B y logrando el ascenso a la categoría A. A pesar de ser un grupo prácticamente nuevo, integrado por estudiantes de distintas carreras (Médico Cirujano, Fisioterapia, Ciencia de la Nutrición Humana y de posgrado) y niveles de experiencia, los jugadores demostraron compromiso y capacidad de adaptación dentro y fuera de la cancha.
El capitán del equipo, Alejandro Ávila, destacó que la principal fortaleza fue la diversidad de sus integrantes, quienes poco a poco entendieron sus roles y construyeron confianza mutua. “Aprendimos a apoyarnos en cada partido y eso fue clave para llegar hasta la final”, señaló, subrayando que la identidad del conjunto se cimentó en la resiliencia y la unión.
Al considerar que “subir al podio significó muchísimo porque sé todo lo que hubo detrás para que el equipo pudiera llegar hasta ese momento”, recordó que hace 2 años lograron ser campeones y obtener el primer lugar en los Juegos Universitarios, pero después hubo cambios en el formato del torneo y, por distintas circunstancias, el año pasado el equipo descendió de categoría. “Por eso, volver este año, conseguir el segundo lugar y además lograr el ascenso nuevamente a la categoría A tuvo un significado muy especial para mí”, aseguró.
Uno de los mayores retos fue mantener al grupo enfocado, dado que los horarios académicos dificultaban los entrenamientos constantes. Sin embargo, el liderazgo buscó que todos se sintieran parte fundamental del proyecto. “Más que enfocarnos únicamente en ganar, intenté que el equipo se concentrara en jugar unidos y disfrutar el proceso”, explicó el alumno, convencido de que esa filosofía permitió competir hasta el último encuentro.



La preparación física y táctica se caracterizó por la flexibilidad y el esfuerzo individual. Muchos jugadores entrenaban en sus respectivos clubes o forman parte del equipo representativo universitario, lo que enriqueció el nivel colectivo. Más que una preparación tradicional, el equipo se fortaleció gracias al compromiso personal y la capacidad de adaptarse conforme avanzaba el torneo.
En la final, los Buitres de nuestra Facultad se enfrentaron a la FES Iztacala, un rival con gran experiencia y varios seleccionados universitarios. Aunque el resultado no fue el esperado, el equipo mostró carácter y disciplina, manteniendo la comunicación y la confianza en su juego. “Competir contra un rival tan fuerte nos dejó una gran experiencia y motivación para el próximo año”, afirmó el capitán.
El segundo lugar significó mucho más que una medalla: fue la recompensa al esfuerzo colectivo y la confirmación de que el grupo tiene potencial para competir en la máxima categoría. “La lección más grande es que el trabajo en equipo y la confianza pueden llevarte más lejos de lo que imaginas”, concluyó Alejandro.
Además del resultado deportivo, el torneo dejó aprendizajes sobre la importancia de la comunicación y la empatía en un grupo diverso. La convivencia entre estudiantes de distintas disciplinas permitió enriquecer la experiencia y reforzar la idea de que el deporte universitario es también un espacio de integración académica y humana.
Finalmente, el ascenso a la categoría A representa un reto mayor para el próximo año, pues el equipo enfrentará a rivales con más trayectoria y nivel competitivo. Sin embargo, la motivación y la confianza adquiridas en este proceso serán la base para consolidar a Buitres de Medicina como protagonista en los Juegos Universitarios.
Lili Wences


