Con el objetivo de visibilizar los desafíos en la salud de las mujeres desde una perspectiva integral y científica, la Facultad de Medicina de la UNAM, a través del Programa de Igualdad de Género, realizó el Foro conmemorativo por el 28 de mayo “Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres”, el pasado 1 de junio en el auditorio “Dr. Fernando Ocaranza”. La jornada incluyó conferencias magistrales, paneles sobre menarquia y menopausia, enfermedades crónicas y estudios de género en salud, así como la graduación de la primera generación del Programa de Formación de Liderazgos de Mujeres Médicas FacMed-Aúna-Roche, y reunió a autoridades universitarias, al representante de la Organización Panamericana de la Salud y autoridades de la Secretaría de Salud federal.

El evento fue transmitido a través de las redes sociales de la Facultad en Youtube y Facebook.

Inauguración 

Al inaugurar el foro, la doctora Gabriela Borrayo Sánchez, Secretaria General de la Facultad de Medicina en representación de la doctora Ana Carolina Sepúlveda Vildósola, Directora de la Facultad, destacó: “Para la Facultad de Medicina esta fecha es muy importante para visibilizar y poner en primer plano la salud integral de la mujer en cada una de las etapas de la vida. Este foro conmemorativo tiene dos objetivos fundamentales: por un lado, hacer visibles estos escenarios que viven las mujeres en torno a su salud en las diferentes etapas de su vida desde una perspectiva científica; y por otro lado, hacer acciones que cambien el rumbo de las mujeres médicas, que finalmente son las que se van a acercar justo a hacer esta visibilización y acciones precisas para la salud de la mujer”. 

Asimismo, recordó que “los enfoques iniciales del 28 de mayo eran salud sexual y reproductiva, enfocados a los derechos de la salud sexual integral, educación sexual, reducción del embarazo en adolescentes y reducción de la muerte materna. Pero hoy hay nuevos enfoques: el sistema de cuidados. Sabemos que siete de cada 10 mujeres son cuidadoras de las familias. ¿Qué representa esto? Implica menos remuneración económica y menos oportunidades laborales y de liderazgo. También identificar el riesgo cardiovascular, que hemos insistido muchísimo en que las mujeres se mueren del corazón. Entonces, el riesgo cardiovascular inicia desde la infancia, al no tener hábitos saludables y también que nos llevan al sobrepeso y la obesidad. Los factores de riesgo propios de la mujer como es la menarca temprana, la mujer que no tuvo lactancia materna, el ovario poliquístico, la diabetes o hipertensión durante la gestación y, por supuesto, la menopausia, un tema invisible que hoy en muchas acciones que se están haciendo desde la academia, desde aquí de la Universidad, hemos estado haciendo énfasis”.

Por su parte, la maestra Mónica Tapia Álvarez, Coordinadora Estratégica de Aúna A.C., resaltó: “El liderazgo a veces pareciera algo que deberíamos estudiar en la escuela, pero realmente no es así; en la escuela aprendemos conocimientos, pero luego nuestras relaciones, nuestra inteligencia emocional, nuestra resiliencia, la forma en cómo vemos el mundo, lo aprendemos de manera empírica.Es muy afortunado que la Facultad de Medicina, en particular la doctora Ana Carolina Sepúlveda, la doctora Gabriela Borrayo y la doctora Yuriria Rodríguez, hayan pensado en que las mujeres médicas no sólo deben formarse académicamente, sino también en habilidades y estilos de liderazgo. Las médicas de hoy se enfrentan a barreras sistémicas, a barreras estructurales de desigualdad, a roles tradicionales, estereotipos, cuidados, redes de poder que no nos incluyen y que se convierten en techos de cristal que difícilmente estamos pudiendo romper”, expresó.

Asimismo, la doctora Norma Blazquez Graf, Titular de la Coordinación para la Igualdad de Género de la UNAM, destacó: “El 28 de mayo se consolidó como Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres. Desde su origen, esta fecha planteó transformar las condiciones que producen desigualdad, exclusión y daño en materia de salud, impulsar investigación pertinente, fortalecer políticas públicas y garantizar el derecho efectivo de las mujeres a una atención digna, integral y libre de discriminación. Hablar de salud de las mujeres implica hablar de salud sexual y reproductiva, pero también de salud mental y emocional, de una salud integral. También debemos considerar las condiciones laborales y ambientales, el acceso a servicios y cuidados, la violencia y sus consecuencias en la autonomía corporal”.

A su vez, la doctora Amneris Chaparro Martínez, Directora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM, reflexionó: “El género es un orden cultural en el que se producen y reproducen desigualdades entre hombres, mujeres y disidencias sexogenéricas. Es un complejo entramado de prácticas que justifican que ciertas corporalidades ocupen lugares de desventaja social, económica, política y de estatus. No existe espacio de la vida social que no esté formado por las lógicas de género. El ejercicio médico no está exento de estas prácticas. Por eso es sumamente importante celebrar jornadas como ésta, que nos recuerdan el largo camino que hemos recorrido y todo lo que nos falta por andar”.

El doctor José Moya Medina, Representante de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud en México, abordó: “Hoy sabemos que las mujeres viven más años, pero no necesariamente viven mejor. Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en mujeres; el cáncer de cérvix uterino y el cáncer de mama siguen cobrando miles de vidas que podrían salvarse con prevención y acceso oportuno; la salud mental representa un desafío urgente, particularmente entre adolescentes y mujeres jóvenes. Cada muerte materna representa una tragedia profundamente injusta y en la mayoría de los casos prevenible. Reducir la mortalidad materna exige fortalecer la atención primaria, garantizar servicios de salud sexual y reproductiva de calidad y asegurar personal capacitado”.

Conferencia magistral sobre novedades y retos en la salud de las mujeres

La maestra Teresa Ramos Arreola, Directora General del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Sexual y Reproductiva de la Secretaría de Salud, ofreció un panorama general de las políticas públicas en salud de las mujeres, con énfasis en los mecanismos incluyentes para la atención en los servicios de salud, la anticoncepción, la salud menstrual, la actualización normativa, la atención a la violencia sexual, el aborto seguro y la menopausia. A partir de datos epidemiológicos y de cobertura de servicios, expuso tanto los avances como las desigualdades estructurales que persisten en el país.

Informó que “la fecundidad adolescente pasó de 72.4 nacimientos por cada mil adolescentes en 2018 a 50.6 en 2023”, y que “casi 67% de las adolescentes utilizaron un método anticonceptivo en su primera relación sexual”. Señaló que México ocupa el primer lugar en políticas de anticoncepción en América Latina y el Caribe, aunque advirtió que “el promedio nacional oculta profundas desigualdades territoriales” que afectan a mujeres indígenas, adolescentes y habitantes de zonas rurales.

“Se requiere educación integral, servicios amigables, orientación y acompañamiento para que las decisiones sean libres e informadas. Porque cuando hablamos de embarazos no planeados, no hablamos sólo de cifras, estamos hablando de proyectos de vida que pueden verse limitados por condiciones económicas, sociales y emocionales adversas. También hablamos de niñas y niños que muchas veces van a crecer en contextos donde aún no existen condiciones consolidadas para una crianza digna, estable y corresponsable. Por eso, prevenir embarazos no planeados significa ampliar oportunidades, significa que las maternidades y paternidades sean deseadas, informadas y acompañadas”.

Sobre salud menstrual, explicó que “la endometriosis o el síndrome de ovario poliquístico pueden ser detectados oportunamente si se presta atención a los síntomas menstruales”, y anunció la implementación de programas de educación menstrual en secundarias y preparatorias del país. Respecto a la actualización de la NOM 005 (planificación familiar), señaló que tenía “más de 20 años sin actualización” y que, por primera vez, la norma reconocerá “autonomía, confidencialidad, pertinencia cultural y atención libre de discriminación”.

De la menarquia a la menopausia

En este panel moderado por la doctora María de Lourdes Basurto Acevedo, endocrinóloga del Instituto Mexicano del Seguro Social e integrante de la Academia Nacional de Medicina de México, la maestra Sandra Barranco García, Directora de Transversalización de Políticas Universitarias en la Coordinación para la Igualdad de Género de la UNAM, explicó que 36 entidades y dependencias universitarias ya realizan actividades relacionadas con la menstruación digna, principalmente en facultades, bachilleratos, escuelas nacionales preparatorias, ENES, institutos y centros. “Nosotros trasladamos los conceptos de política pública a política institucional y desde ahí nuestro ciclo escolar a lo largo del año abarca más o menos 292 días. De este, el 18% puede coincidir con la menstruación, si tomamos como referencia un promedio de cinco días por ciclo. Esto nos pone como punto de partida la importancia de tomar acciones para atender problemáticas que crucen con discriminación, salud, higiene e infraestructura”, detalló.

En su intervención, la doctora Cecilia Xochitlalli Flores Granados, médica especialista en ginecología y obstetricia del Centro Médico Nacional “La Raza”, destacó que en México la menopausia se presenta en promedio entre los 47 y 49 años de vida. Señaló que para 2035 se estima que una de cada tres mujeres en el país estará en alguna etapa de la menopausia, desde la transición hasta la menopausia tardía. “La menopausia es una etapa clínica en la que nuestras pacientes y nosotras mismas vamos a transitar. Es una etapa biológica que prácticamente se caracteriza por el cese definitivo de la menstruación. No es solamente tener la pérdida de la función reproductiva, también hablamos de una serie de cambios endocrinos, metabólicos y sobre todo cardiovasculares”, explicó.

Por su parte, la doctora Adriana Robles Cabrera, Coordinadora de Enseñanza del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina, abordó la llamada brecha de género en la investigación científica. Afirmó que el 90% de los estudios en fisiología y fisiopatología se han realizado en machos, y que muchas terapias y mecanismos se han extrapolado a las mujeres sin la debida evaluación específica. “En nuestro grupo de trabajo no solamente evaluamos hormonas y sistema endocrino, evaluamos la interrelación de sistemas, cómo el sistema endocrino activa o modifica el cardiovascular y cómo cambia. Hemos visto que las mujeres que tuvieron hijos no tienen la misma fisiología que una mujer que no los tuvo. La mujer que tiene tratamiento de reemplazo hormonal no tiene la misma fisiología que aquella que nunca las ha tomado. ¿Por qué tratarlas iguales si claramente hay diferencias muy evidentes?”, cuestionó la doctora Robles Cabrera.

En el panel también se abordaron las manifestaciones de alerta en el ciclo menstrual. La doctora Flores Granados señaló que los ciclos irregulares, la menstruación abundante y el dolor persistente no deben normalizarse, ni siquiera en los primeros tres años después de la menarquia. Subrayó la urgencia de educar desde secundaria y preparatoria sobre lo que constituye una menstruación normal.

Las panelistas coincidieron en la necesidad de dejar de estigmatizar la menopausia, promover el autocuidado entre las mujeres y construir equipos multidisciplinarios para atender la salud femenina. La doctora Basurto Acevedo, moderadora del panel, recordó que hace 14 años los temas de salud de la mujer eran mucho más invisibles, y que el avance actual es resultado del trabajo conjunto desde las academias, las sociedades médicas, la sociedad civil y las instituciones universitarias.

Enfermedades crónicas en las diferentes etapas de la vida de las mujeres y sus complicaciones

En este panel, moderado por la doctora Gabriela Borrayo Sánchez, Secretaria General de la Facultad de Medicina, especialistas abordaron los determinantes sociales, biológicos y culturales que inciden en el desarrollo de enfermedades del corazón en las mujeres a lo largo de su vida.

La doctora Ana Lilia Rodríguez Ventura, Jefa del Departamento de Embriología y Genética de la Facultad de Medicina, expuso los resultados de una investigación realizada en más de 400 niñas y niños durante un año. “Aunque el 35% de los niños por percentil o por puntaje Z del IMC salió con sobrepeso o obesidad, definitivamente las niñas fue el 50%. Cuando lo hicimos por bioimpedancia eléctrica vimos que el porcentaje de grasa alterado, 30% más, fue precisamente en las niñas. Hay este aspecto cultural de que las niñas casi no se mueven, y sí son las que más tienen grasa, aparte de la mala alimentación”, dijo la doctora Rodríguez Ventura.

En su intervención, la doctora María Alejandra Guadalupe Madrid Miller, cardióloga y colaboradora de la Unidad de Diagnóstico de Enfermedades Prioritarias de la Facultad, presentó los resultados de la encuesta “Costo de factores de riesgo cardiovascular en la mujer”, aplicada en México y 14 países de América Latina. “Encontramos que, entre menos nivel académico, mayor riesgo cardiovascular. La mujer mexicana tiene una alimentación rica en carbohidratos, pobre en proteínas y rica en grasas saturadas. También la violencia tanto familiar como laboral se asoció con factores de riesgo”, señaló.  

La doctora Vania Quisbert Vattuone, Coordinadora de la iniciativa por el Corazón de la Mujer de la Asociación Nacional de Cardiólogos de México, destacó la importancia de identificar etapas de riesgo previas a la enfermedad. “Antes de definir que hay que hacer estudios de imagen, la historia empieza desde antes. Una niña que crece con obesidad infantil, una adolescente con síndrome de ovario poliquístico, una mujer que en el embarazo desarrolla preeclampsia o diabetes gestacional. Tenemos que ir más allá desde antes, desde que la historia nos está contando cómo se está comportando esta mujer”, explicó.

Por su parte, la doctora Alejandra Calderón Vallejo, neuróloga y Jefa del Departamento de Neurología del Centro Médico Nacional “Siglo XXI”, alertó sobre la relación entre eventos vasculares cerebrales y la salud de la mujer. “Los EVC en la mujer son más frecuentes y más mortales. Es más común que cuando el hombre se infarta, alguien lo lleve rápido al hospital. En cambio, pensaban que la mujer estaba somatizando, que ya se peleó con el marido. El tiempo de ventana en la mujer es más tardado. Aún hoy, sólo el 10% de pacientes con infarto cerebral reciben tratamiento de reperfusión en el país”, afirmó.

Asimismo, la especialista Calderón Vallejo subrayó la necesidad de educar a la población sobre los síntomas de un evento vascular cerebral. “Hay una mnemotecnia que se llama B.E.F.A.S.T.: Balance, ojos, face o cara, arm o brazo, y lenguaje. Si tenemos cualquiera de estos datos, problema con el equilibrio, con la vista, debilidad en la mitad del cuerpo, dificultad para hablar, toda la población debe saber que esos pueden ser un infarto cerebral y que hay que llevar al paciente a urgencias.

Para finalizar, las panelistas coincidieron en tres prioridades para mejorar la salud de las mujeres en la próxima década: pasar de una medicina reactiva a una preventiva, generar estudios clínicos con perspectiva de género, y fortalecer la educación masiva en estilos de vida saludable desde la infancia. “En la salud de la mujer no solamente estamos cuidando corazones, estamos protegiendo un futuro, estamos protegiendo generaciones, porque una mujer sana es aquella que cuida, protege y puede proyectar la vida hacia un futuro”, concluyó la doctora Quisbert Vattuone.

Al cierre del evento, la doctora Gabriela Borrayo Sánchez, moderadora de la mesa, hizo un llamado a la comunidad a mantenerse atenta a los foros sobre salud cardiovascular femenina. “Siempre que identifiquen un foro donde se hable de la salud cardiovascular de la mujer, atiéndalo. Yo creo que sí se requiere de llevar este conocimiento, esta alerta, porque las enfermedades cardiovasculares en la mujer son una alerta. Cualquier artículo que ustedes identifiquen va a tener diferencias en los ámbitos de las diferentes especialidades y, sobre todo, en la medicina general y la medicina familiar, que es donde más se puede tener acceso a las personas”, señaló.

Estudios de género en salud hoy en Iberoamérica

En este panel, la doctora Yuriria Alejandra Rodríguez Martínez, responsable del Programa de Igualdad de Género y moderadora de la actividad, destacó la importancia de visibilizar el proceso histórico que ha llevado a la consolidación de los estudios en salud desde esta perspectiva en la región, donde se iniciaron cuestionando el lugar de las mujeres en los sistemas de salud y se han expuesto problemáticas como la mortalidad materna, la violencia sexual y las inequidades en la atención, y en la última década se ha avanzado hacia el estudio de problemáticas de salud como las enfermedades crónicas, las enfermedades transmisibles, entre otras.

La doctora Margarita Bernales Silva, profesora asociada de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile, identificó como un momento clave la “feminización del VIH” a finales de los años 90 y principios de los 2000, que evidenció la necesidad de trabajar también con hombres, ya que el sistema de salud no sabía cómo abordarlos. “El sistema de salud no sabía trabajar con hombres porque no los conoce, porque los hombres no están yendo al sistema de salud y porque habitualmente responsabilizamos a la mujer del cuidado de la salud de toda la familia”, afirmó.

En su momento, la doctora Virginia Cardozo Rufo, profesora e investigadora de FLACSO Uruguay, compartió que los momentos clave para el impulso de los estudios de género en salud en Iberoamérica han estado marcados por el “triángulo virtuoso” entre la academia, los movimientos feministas y las políticas públicas, ejemplificado en la lucha por la despenalización del aborto en América Latina y en los avances en derechos de las diversidades sexogenéricas en países como Uruguay y Argentina, advirtiendo que cuando esta sinergia se rompe se producen retrocesos significativos.

Por otro lado, la maestra María Augusta Cueva Rubio, psicóloga clínica de Ecuador, señaló la distancia entre las políticas públicas de salud mental y su implementación efectiva, así como la necesidad de transversalizar la perspectiva de género en los programas de grado y posgrado, pues actualmente existen muy pocas materias al respecto. “La salud mental de las mujeres debe entenderse en el contexto de la sobrecarga de cuidados no remunerados y la violencia de género”, subrayó.

El doctor Benno de Keijzer, profesor e investigador de la Universidad Veracruzana, subrayó que el enfoque de género debe ser relacional y que permita entender patrones diferenciales en infartos, depresión, consumo de sustancias y accidentes. “Una mirada relacional permite entender los patrones distintos de un infarto cardíaco o cómo se manifiesta la depresión en los hombres, que con los lentes de la depresión en las mujeres no se detecta”, explicó. Además, alertó sobre nuevos retos emergentes como la influencia de la “manósfera” en poblaciones jóvenes y la necesidad de transversalizar el género en el sector salud, no sólo en las universidades.

El panel concluyó con un llamado a fortalecer redes internacionales, defender los estudios de género como una herramienta ética y política, y construir sociedades más igualitarias, libres de violencia y con mayor justicia social.

Daniel Gallardo, Yoselin Gómez y Octavio Araujo