“Hay dos grupos que siempre nos interesan, los jóvenes y los adultos mayores, porque son generalmente los que presentan los riesgos más elevados de realizar un suicidio. En el caso de los jóvenes lo presentan porque la corteza prefrontal, que es el área subcortical que se encarga de la toma de decisiones y de la impulsividad, no se desarrolla de manera formal sino hasta los 25 años”, indicó la doctora Claudia Díaz Olavarrieta, investigadora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Durante la quinta sesión 2026 del Seminario sobre Medicina y Salud, moderada por el doctor Luis Armando Martínez Gil el pasado 29 de mayo en el auditorio “Dr. Alberto Guevara Rojas”, la ponente presentó un panorama actualizado sobre el comportamiento suicida antes y después de la pandemia por COVID-19. Expuso que la salud mental de la población se vio profundamente afectada por el confinamiento, lo que se tradujo en un incremento de los indicadores de depresión y suicidalidad, especialmente entre las personas jóvenes de 15 a 30 años, grupo en el que el suicidio se ha consolidado como la tercera causa de muerte a nivel mundial, sólo por detrás de los accidentes y la violencia interpersonal.

Asimismo, señaló que en México las tasas de suicidio han ido en aumento en la última década, al pasar de una tasa de 5 por cada 100 mil habitantes a casi 7 por cada 100 mil después de la pandemia, y destacó que entidades como Chihuahua, Coahuila y Yucatán registran las cifras más elevadas.

La investigadora subrayó que la conducta suicida abarca un espectro que va desde la ideación pasiva hasta los intentos y los suicidios consumados, y precisó que por cada muerte por esta causa existen 20 intentos, lo que representa otra oportunidad de intervención. En el caso de la población universitaria, mencionó que constituye un sector de alto riesgo debido a la presión académica, la competencia intensa y el fenómeno de burnout, y recordó que el Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad ofrece servicios de atención psicológica para toda la comunidad universitaria. “El mandato que tiene el Departamento para la UNAM y para la Facultad de Medicina es muy importante, porque somos los encargados de resguardar la integridad emocional del alumnado”, afirmó.

Durante la actividad hubo participaciones del público con experiencias y preguntas dirigidas a la doctora Díaz Olavarrieta de cómo ayudar a los pacientes en primer nivel, a donde referirlos, como darse cuenta que una persona o estudiante está en riesgo de suicidio.

Para finalizar, la ponente alertó sobre el impacto negativo del uso excesivo de redes sociales en la salud mental de las juventudes, y sobre la necesidad de implementar una cultura de prevención y detección temprana. También destacó la urgencia de destinar mayores recursos a la atención de la salud mental en el primer nivel, ya que actualmente México asigna sólo el 2% de su presupuesto nacional a este rubro, muy por debajo del 5 al 10% recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

Yoselin Gómez