Mi nombre es Noemi Meraz Cruz, soy profesora de las asignaturas de Bioquímica I y II en la Licenciatura en Ciencia de la Nutrición Humana. Lo que me inspiró a estudiar Biología y especializarme en Bioquímica y Biología Molecular fue que desde mi infancia sentí curiosidad por la naturaleza, observar lo que me rodeaba, formular preguntas y buscar estrategias para responderlas. Al elegir estudiar Biología, encontré la posibilidad de integrar el conocimiento desde la estructura de las células y sus funciones, hasta comprender cómo se organizan para formar organismos completos. 

Posteriormente conocí la Bioquímica, una disciplina que al inicio me pareció compleja, pero que pronto se convirtió en un reto apasionante. Analizar las biomoléculas me permitió entender cómo las reacciones químicas mantienen la vida, el crecimiento y la reproducción. Cuando comprendí que esta área me llevaba a descifrar la integración del metabolismo humano me pareció más interesante. 

La Biología Molecular, con el estudio de la expresión génica, me abrió la puerta a reflexionar sobre la salud metabólica ideal. Hoy considero que estas áreas son fascinantes, no sólo por el conocimiento que aportan, sino porque me permiten contribuir al bienestar de las personas, especialmente los adultos mayores, aplicando la ciencia en beneficio de la sociedad.

Desde mi experiencia como investigadora y docente considero que la bioquímica es base esencial en la formación de las, les y los futuros profesionales de la nutrición humana, porque les permite comprender los procesos químicos que ocurren en nuestras células. A través de esta disciplina, el estudiantado aprende cómo los nutrientes se transforman en energía, cómo se regulan las rutas metabólicas y cómo se integran para mantener la salud. Además, la Bioquímica les brinda herramientas para analizar y prevenir enfermedades relacionadas con la alimentación, como la desnutrición, la obesidad y diabetes tipo 2. No se trata de memorizar reacciones, sino de entender cómo cada decisión nutricional impacta en la fisiología humana. Desde mi experiencia considero que enseñar Bioquímica es mostrar a las juventudes que detrás de cada alimento hay un universo de interacciones moleculares que, bien comprendidas, pueden convertirse en estrategias para mejorar la calidad de vida de las personas. 

Para mí formar parte de la Facultad de Medicina ha significado un privilegio y una responsabilidad. Me ofrece un espacio donde puedo entrelazar la ciencia y la docencia para dar sentido a mi vocación: investigar, comprender y transmitir conocimiento.

 Desde la investigación, he aprendido que cada hallazgo puede abrir caminos hacia nuevas soluciones para los problemas de salud. Lo más valioso ha sido acompañar a generaciones de estudiantes en su formación, ver cómo se transforman en profesionales capaces de aplicar la ciencia con sensibilidad humana.

   Ser mujer en el ámbito científico y académico ha significado enfrentar retos, descubriendo fortalezas que han marcado mi trayectoria. He reconocido que la ciencia no tiene género, lo que cuenta es la pasión, la disciplina y la capacidad de aportar conocimiento. He aprendido a convertir las dificultades en oportunidades para crecer. La investigación me ha enseñado que la perseverancia debe ir de la mano con la creatividad, y que cada resultado origina nuevas preguntas. La docencia me ha mostrado que compartir estos resultados con las juventudes amplía el impacto que pueden tener y sus comentarios, aparte de inspirar, me hacen creer en el potencial que hay en ellas. Para mí, cada paso en la investigación y en la enseñanza marca una oportunidad de abrir camino y me alienta a seguir adelante.

  Durante mucho tiempo las mujeres enfrentamos barreras para acceder a espacios de investigación y docencia. Lo anterior,  generó aprendizajes valiosos: la perseverancia, a demostrar con rigor y calidad que la ciencia se enriquece cuando se construye desde la diversidad. En la práctica científica, los roles de género pueden afectar la manera en que se reconocen los logros o se distribuyen las oportunidades. Pero he comprobado que, cuando se rompen esas limitaciones, la contribución femenina aporta nuevas perspectivas y preguntas que fortalecen la investigación. En el ámbito académico, enseñar desde esta conciencia significa transmitir al estudiantado que el conocimiento no debe estar condicionado por estereotipos, sino por la capacidad de pensar críticamente y aportar soluciones. 

La ciencia necesita voces diversas. Reconocer y superar los roles de género no sólo abre las puertas a más mujeres, sino que también garantiza que la práctica científica y académica sea más justa, creativa y representativa de la sociedad que busca servir.  

El mayor legado que una profesora e investigadora puede dejar es despertar en sus estudiantes la pasión por aprender y el compromiso de aplicar la ciencia en beneficio de la sociedad. En la comunidad de la Facultad de Medicina, ese legado se traduce en formar profesionales críticos, sensibles y capaces de transformar el conocimiento en acciones que mejoren la salud y la calidad de vida.  

Los consejos que yo les daría a las, les y los estudiantes que desean desarrollarse en la investigación son: 1. Definir un interés claro, es decir, elegir un área que despierte verdadera curiosidad y motivación. 2. Formarse con disciplina (adquirir bases sólidas en metodología científica y mantenerse actualizado en la literatura académica). 3. Acercarse a profesores e investigadoras que puedan orientar y acompañar su desarrollo. 4. Practicar la perseverancia, esto es, aceptar que los resultados no siempre son inmediatos y que los errores también enseñan. 5. Aprender a colaborar, compartir ideas y construir conocimiento de manera colectiva. En síntesis, la investigación es un camino de constancia y pasión, donde cada esfuerzo suma al avance de la ciencia y al beneficio de la sociedad.