La Comisión Local de Seguridad de la Facultad de Medicina de la UNAM realizó la capacitación “Riesgo de autolesión”, con el fin de dotar a docentes, estudiantes y brigadistas de herramientas para actuar ante este tipo de escenarios de riesgo.
“El motivo que nos reúne el día de hoy es dar continuidad a la jornada de capacitación anual para reforzar nuestra capacidad de respuesta ante diferentes escenarios que se puedan presentar en esta entidad académica y el tema de hoy es muy sensible y muy cercano, lamentablemente”, mencionó la maestrante Raquel Santos Mora, Jefa del Departamento de Protección Civil y Seguridad.
El doctor Diego Armando Coronel Manzo, Responsable del área de formación y capacitación del Programa de Salud Mental para la Comunidad de la Facultad de Medicina (PROSAM), comenzó su participación como ponente con una práctica de mindfulness o atención plena, diseñada para que las personas asistentes reconocieran su propio estado emocional antes de intentar auxiliar a otros. A través de esta técnica se creó un espacio consciente, permitiendo discernir amenazas y responder con compasión y resiliencia ante el malestar ajeno.
El doctor Coronel Manzo profundizó sobre las creencias comunes que asocian conductas como las crisis emocionales y la ideación suicida con la manipulación o el fingimiento, destacando que estudiantes y profesionales de la salud enfrentan factores de riesgo muy particulares debido a la alta prevalencia de depresión, ansiedad y el desgaste propio del ambiente hospitalario, aunque aclaró que hasta un 30% de las personas que mueren por suicidio no tiene ningún trastorno mental identificado.


También explicó el modelo ESPERA (Escuchar, Sentir, Preguntar, Esperanza, Referir y Acompañar), una metodología diseñada para que cualquier persona de la comunidad, sin necesidad de conocimientos previos en psicología, pueda actuar como un guardián comunitario en situaciones de riesgo, y abordó la necesidad de cuidar al propio interviniente tras una contención emocional, ya que estas interacciones conllevan un fuerte desgaste.
Asimismo, el ponente se refirió a una herramienta de tamizaje rápido y sencillo que debe ser aplicada por personal capacitado para evitar que las personas en riesgo pasen desapercibidas, esta evaluación clasifica el riesgo en leve, medio, alto e inminente; según la presencia de ideación, planes o autolesiones previas. Cuando se identifica un riesgo alto o inminente, la prioridad absoluta es canalizar de inmediato a la persona a un hospital con servicios de urgencias psiquiátricas.
Ante los modelos de atención presentados, se enfatizó que “validar las emociones es validar el sentimiento de la persona y no quiere decir que estés de acuerdo con lo que él piensa, ya que no es adoctrinamiento, es empatía”. Esto significa que, ante una crisis, se debe acoger el dolor o la frustración del individuo, pero marcando límites claros frente a conductas dañinas o violentas, buscando siempre ofrecer alternativas para devolverle la esperanza.

Finalmente, se detalló el Protocolo de actuación institucional establecido en la Facultad de Medicina para estos casos, ya que cualquier integrante de la comunidad que detecte un riesgo de autolesión o suicidio dentro de las instalaciones debe dar aviso inmediato a instancias como Protección Civil, Vigilancia, brigadistas, para dar respuesta coordinada que incluye la restricción de un perímetro de seguridad para proteger la privacidad de la persona, la intervención psicológica bajo criterios de empatía y distancia segura, y el acompañamiento legal.
La capacitación concluyó con un ejercicio para que las y los asistentes aplicaran el modelo ESPERA en un caso de riesgo inminente de suicidio.
Benjamín Montalvo


