Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana y tienen efectos que trascienden el entretenimiento: influyen en la manera en que las personas se relacionan, perciben su entorno, construyen su identidad y toman decisiones relacionadas con su bienestar. Esta realidad fue analizada durante la ponencia “Impacto de las redes sociales en la salud mental”, correspondiente a la sesión de agosto del Seminario sobre Medicina y Salud de la Facultad de Medicina, realizada en el auditorio “Dr. Alberto Guevara Rojas”.

La sesión contó con la participación del maestro Luis Armando Martínez Gil, Jefe de proyectos del Seminario sobre Medicina y Salud, como ponente; así como de la doctora María de los Ángeles Fernández Altuna, Titular de la Secretaría de Servicios Escolares, y la doctora Ana Carolina Rodríguez Machaín, Académica del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental, como comentaristas. El doctor Martínez Gil aclaró que el propósito no era satanizar estas plataformas, sino reflexionar sobre sus posibilidades y los riesgos asociados con su uso.

Entre los efectos negativos abordados, el ponente destacó la comparación social, derivada de contrastar la vida cotidiana con las versiones idealizadas que se muestran en redes, lo que puede favorecer sentimientos de insuficiencia, baja autoestima y soledad. También se habló del FOMO (fear of missing out), la necesidad de mantenerse conectado para no perderse acontecimientos, y de cómo el uso nocturno de dispositivos puede afectar el descanso.

El expositor explicó que los algoritmos adaptan los contenidos a los intereses y comportamientos de cada usuario, lo que puede favorecer “cámaras de resonancia” en las que se refuerzan determinadas ideas. En adolescentes, añadió, esta dinámica puede relacionarse con patrones de uso compulsivo y una búsqueda constante de aprobación. Asimismo, señaló que el personal de salud enfrenta riesgos particulares por la exposición digital y la difusión de información de pacientes, que puede vulnerar su privacidad. “Una publicación muy buena tuya puede ser el peor día de otra persona”, reflexionó.

Como parte de las estrategias para un uso más consciente, el doctor Martínez Gil planteó la curaduría de contenidos, los límites de tiempo y los periodos de desconexión. Al mismo tiempo, destacó el potencial de las redes para facilitar la comunicación, crear comunidades de apoyo, ampliar el acceso a información y contribuir a la educación. En este sentido, llamó al personal de salud a participar en la creación de contenidos confiables para estas plataformas.

Las comentaristas coincidieron en la importancia de aprovechar los beneficios de las redes sin ignorar sus riesgos. La doctora Fernández Altuna propuso considerarlas un nuevo determinante social de la salud, mientras que la doctora Rodríguez Machaín señaló que su impacto depende del patrón de uso, el contexto y la vulnerabilidad de cada persona, por lo que no existe evidencia suficiente para establecer una relación causal directa con los problemas de salud mental. Ambas destacaron la necesidad de incorporar el entorno digital a la formación y atención en salud y de valorar no sólo cuánto tiempo se utilizan las plataformas, sino cómo y con qué efectos.

La sesión concluyó con un intercambio de preguntas y respuestas con el público, en el que se abordaron temas como la responsabilidad sobre los contenidos que se consumen, el scrolling, los algoritmos, la inteligencia artificial y las acciones que pueden impulsarse en México para afrontar los desafíos derivados del uso de estas tecnologías.

Marco Antonio López