El paciente que estuvo en terapia intensiva por COVID-19 tiene amplias posibilidades de sufrir alteraciones en el sistema nervioso, como neuropatías, inmovilidad y trastornos del sueño; en el muscular puede presentar atrofia y debilidad; en el esquelético las consecuencias pueden ser osteoporosis y anquilosis articular; mientras que en el cardiovascular se genera atrofia del músculo cardiaco, hipotensión ortostática y flebotrombosis; y en el sistema respiratorio hay disminución de la capacidad vital, del reflejo tusígeno y de la inspiración máxima voluntaria, entre otras afecciones sistémicas.

“Existen cuadros de tos persistente que fatigan al paciente, además, estos accesos de tos pueden llegar a ser incapacitantes; el paciente no puede dormir y cada vez que toce es como si estuviera recibiendo un golpe en el mentón. En estos casos, el cerebro se golpea con el cráneo frecuentemente, lo que puede producir edema cerebral y, con ello, empeorar significativamente la condición general del paciente. Por otro lado, la polifarmacia puede conducir a alteraciones a nivel renal o hepático, por lo que debemos considerar el tratamiento que ha llevado el paciente y las secuelas de la enfermedad”, indicó el doctor Gabriel Escobedo Arenas, Académico de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Durante el webinar “Secuelas por COVID-19”, transmitido por Facebook Live de la Facultad, el neumólogo describió las características principales de los exámenes de laboratorio y gabinete en esta patología, como neutrofilia, linfopenia, trombocitopenia, aumento en las concentraciones de glucosa, proteína C reactiva, así como de creatinina, ferritina y dímero D, entre otras, y destacó que en la evaluación radiológica del daño pulmonar es útil la radiografía simple de tórax, la tomografía simple y el ultrasonido pulmonar.

Por otro lado, el doctor Escobedo Arenas señaló que debido a la condición física que presentan los pacientes a su egreso, en la mayoría de los casos requerirán apoyo con oxigenoterapia en su domicilio. “Las preocupaciones originadas por presentar COVID-19 son diferentes en cada paciente, dependiendo del grupo etáreo al que pertenecen. Por un lado, el sentimiento de culpa es la principal preocupación de los pacientes jóvenes, al saber que ellos fueron los responsables de llevar el virus a sus casas y a sus familias; por otro, en el grupo de pacientes de la tercera edad prevalecen los pensamientos de desolación que, según las estadísticas, los hacen pensar en un mal pronóstico; desde ahí, es diferente el abordaje de los pacientes post COVID-19”, añadió el especialista.

Asimismo, destacó que la rehabilitación es el mejor tratamiento que puede tener un paciente post COVID-19 y que ésta empieza desde que está hospitalizado. “Debemos dar los consejos de una rehabilitación pulmonar, podemos usar videos explicativos o una videollamada para asesorar al paciente, ya que no se requieren aparatos costosos para ello”, concluyó.

Victor Rubio