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“Podríamos explicarle al mundo o a quienes no se dedican al área de la salud el conocimiento clínico a través de algún tipo de novela o cuento para niños, para mostrarles lo que es la nutrición y por qué es tan importante”, consideró Andrea Contreras García, estudiante de la Licenciatura en Ciencia de la Nutrición Humana.
Desde temprana edad, Andrea comenzó a plasmar sus pensamientos y emociones en escritos personales como una forma de desahogarse y hacer catarsis. Estos sentimientos, junto con las vivencias del quehacer cotidiano, siempre han sido fuentes de inspiración para sus textos. Esto la llevó a escribir sus primeras dos novelas a los 12 años de edad y en ellas exploró temas como el amor y el desamor joven.
Durante la pandemia, otras fuentes de inspiración han sido las relaciones con los miembros de la familia y el cambio del clima a lo largo de las estaciones. En los textos que escribe, busca que sus lectores se entretengan, reflexionen o se identifiquen con los temas o personajes que retrata. Esto se asemeja a lo que le ha evocado una de sus autoras favoritas y mayores fuentes de inspiración, Ángeles Mastretta.
La alumna también disfruta mucho del canto y escribir canciones; una de las últimas que hizo giró en torno al tema de la perspectiva de género y formó parte de un proyecto del primer semestre que cursa actualmente. Su gran interés por la nutrición y la alimentación la impulsaron a estudiar Ciencia de la Nutrición Humana, y en el futuro le gustaría conjuntar este valioso conocimiento con la escritura, el cuento y la poesía, a fin de volverlo accesible tanto para niños como para gente que busque aprender desde una perspectiva menos académica y más digerible.
A continuación un extracto de uno de sus textos titulado La maravilla de la vida.
Mi abuelo me miraba con ternura cuando decidió llevarme a ver a las ballenas, subirme a un bote por primera vez y estar en medio de la nada, donde hay agua por doquier, aún es una experiencia que no estoy segura de si me llena de emoción o de miedo. Pero una vez que vi a las ballenas todo temor se me olvidó, hacían un sonido hermoso que te llenaba de paz y yo las imitaba como si pudiera comunicarme con ellas, tan libres como pueden ser, y fue ahí que entendí que el mundo no es nuestro. Los animales viven sin preocuparse por las tonterías carnales que llenan nuestras mentes: la venganza, la avaricia. El mundo es más suyo que nuestro, y es por eso que encerramos a los animales, para pretender que tenemos el control sobre algo que es tan grande que no entra en nuestra capacidad.
Diego C. Alverdi