“El maltrato infantil cambia la estructura del cerebro, esto se ve reflejado en cambios en la conducta, posteriormente en cambios en la salud física y en la salud mental del adulto, por eso es importante favorecer una generación de padres con una crianza amorosa para poder cambiar el cerebro de la siguiente generación y con eso probablemente el mundo”, afirmó la doctora Diana Patricia Guízar Sánchez, paidopsiquiatra y académica del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM.
En la novena sesión del Ciclo de Conferencias sobre Ciencias Básicas, organizada por la Coordinación de Comunicación Social, la experta aseguró que “si desde el inicio nos contaran que en la infancia se define la salud mental de un adulto, entonces trataríamos con más amor el alma de los niños”.

Actualmente, 6 de cada 10 niños sufren maltrato físico y cada 5 minutos muere un niño a causa de la violencia; además, nuestro país ocupa el primer lugar en abuso sexual infantil y el maltrato se posiciona como la principal causa de muerte en niñas y niños.
En la conferencia transmitida por YouTube y Facebook Live, la doctora Guízar Sánchez mencionó los factores de riesgo para la violencia que involucran desde un nivel individual como la edad del niño, las necesidades especiales de atención médica o discapacidades (discapacidad física o psicosocial), pobreza familiar, consumo de sustancias y violencia de pareja en los padres, hasta un nivel comunitario o social que incluyen delincuencia y violencia en el vecindario, políticas y tendencias económicas.
Asimismo, indicó que el maltrato infantil es común en todo el mundo y tiene efectos importantes en el desarrollo del cerebro y en distintas áreas que no sólo están involucradas con el desarrollo cognitivo o emocional, sino también con ciertos efectos metabólicos e incluso inmunológicos, generando un impacto importante en la futura violencia, victimización, agresión y salud a lo largo de la vida y las oportunidades.

Al explicar cómo afecta el maltrato infantil a la salud mental y física, la experta mencionó que, desde el punto de vista fisiológico, el estrés es una respuesta a algo que está pasando en el organismo, involucra los sistemas endocrino, nervioso e inmunológico y precisamente las reacciones de estrés inadecuadas, excesivas o prolongadas a las que se someten los niños maltratados pueden exceder la capacidad adaptativa natural del organismo, activando uno de los principales sistemas del cuerpo, el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, que libera cortisol, y que además tiene mucha interacción con otros ejes endocrinológicos y metodológicos.
La doctora Guízar Sánchez detalló que las alteraciones que se presentan en los individuos varían dependiendo del tipo de maltrato que recibieron, por ejemplo, en el caso del maltrato verbal se ven afectados los circuitos de lenguaje, produciendo alteraciones en la comprensión lectora y escrita con una menor inteligencia y comprensión verbal; para el caso de los niños que no recibieron violencia física ni verbal, pero que fueron testigos de violencia doméstica como las discusiones, existen alteraciones en la corteza visual afectando la percepción de las caras; en otros casos como los abusos sexuales, hay alteraciones en las cortezas que representan clítoris y área genital generando un hipodesarrollo de estas áreas.
Sin embargo, no todo es malo, hay etapas en donde existen factores como la resiliencia donde un cuidador que esté presente, que no genere violencia y que cubra las necesidades físicas y emocionales, puede revertir o evitar varios de los cambios que se generan, y no sólo a nivel personal, también cambios a nivel epigenético, algunos de los ejemplos son las relaciones interpersonales, la amistad, el apoyo familiar o el mismo entorno.
Tomás Ortega