Con el objetivo de reflexionar sobre los cambios y retos éticos en la práctica médica en un mundo en constante avance tecnológico, el Ciclo de Conferencias de Bioética organizado por la Secretaría General de la Facultad de Medicina de la UNAM, a través del Programa Institucional de Ética y Bioética FACMED, dedicó su sesión del 28 de octubre al tema “De la Medicina industrializada a la Medicina individualizada”. La conferencia fue impartida por el doctor Luis Felipe Abreu Hernández, académico en el campo de la educación médica de la División de Estudios de Posgrado y la Secretaría de Educación Médica, quien compartió un análisis profundo sobre cómo los paradigmas de la Medicina actual se han visto influenciados por las dinámicas de la sociedad moderna y fordista y las implicaciones éticas que esto representa.

Durante su exposición, realizada en el auditorio “Dr. Fernando Ocaranza” y transmitida por Facebook y YouTube, el doctor Abreu Hernández señaló que la Medicina se encuentra en una encrucijada en la que debe transitar de una sociedad mecanicista que gira en torno de la realización de tareas rutinarias en las manufacturas hacia una sociedad orientada al desarrollo humano y la creatividad que considera el valor individual.

La sociedad actual se organizó como una maquinaria para producir objetos, en donde la mayor parte de las personas siguen instrucciones y, ante la emergencia de los robots y la inteligencia artificial, se está moviendo la frontera del trabajo humano hacia lo que las máquinas no pueden hacer: crear, investigar, desarrolla e innovar, ello demanda un mayor nivel educativo y otro tipo de salud y la necesidad de un enfoque más humanista. “La sociedad actual funciona como una máquina con un propósito específico. Así como una maquinaria diseñada para talar árboles de forma eficiente no puede adaptarse a otro fin, las instituciones financieras operan en función de la acumulación de capital, un objetivo que termina estructurando a las personas y a sus relaciones, y lo mismo ocurre con la Medicina industrializada”, explicó.

Asimismo, destacó que la Medicina ha seguido los principios de la mecánica clásica, que se centran en la causalidad lineal: causa y efecto, donde cada acción resulta en una respuesta predecible y directa, como en el funcionamiento de una máquina. Sin embargo, en el contexto de las ciencias biológicas y de la salud, esta visión mecanicista se vuelve insuficiente. “A diferencia de un motor o una pieza de maquinaria, en el ámbito de la salud, cada individuo es único, y su biología, sus emociones y su contexto social interactúan de formas complejas e irrepetibles”, subrayó.

A lo largo de la charla moderada por la licenciada Indrani Morales Astudillo, responsable del Programa Institucional de Ética y Bioética FACMED, el doctor Abreu Hernández compartió una visión crítica sobre cómo la revolución industrial y los avances en la producción en serie, como la línea de montaje de Henry Ford, han transformado la práctica médica, enfocándose en procesos estandarizados y repetitivos que simplifican la atención, pero que en muchos casos deshumanizan al paciente. “En el modelo actual, el médico puede llegar a ser un apéndice más de la máquina, ajustándose a un sistema que prioriza la eficiencia y la producción por sobre la salud mental y el bienestar integral del paciente”.

El personal de salud, indicó, es formado bajo el mismo enfoque mecanicista, capacitándose en algoritmos y protocolos que priorizan la eficiencia por sobre la atención personalizada, y limitan su capacidad de respuesta a situaciones estándar que no están presentes en todas las personas. Este fenómeno ha llevado a una creciente deshumanización en la atención, que se agrava con la implementación de sistemas de gestión médica basados en principios industriales, como la maximización de los beneficios y la minimización de los costos. “Si un paciente no se va a recuperar, se le da de alta rápidamente y se le desecha, como en una línea de montaje se desecha una pieza inservible, sin importar si esta decisión beneficia al individuo”.

El doctor Abreu Hernández también abordó los riesgos de este enfoque en términos de salud pública. Al tratar sólo las manifestaciones inmediatas de las enfermedades, se ignoran las causas de las causas. Por ejemplo, en el caso de un infarto, la intervención se enfoca en la estabilización y rehabilitación inmediatas, pero ignora los años de problemas metabólicos, inflamación crónica y otros factores que llevaron a la obstrucción arterial. “La obstrucción es sólo la punta del iceberg de un largo proceso que podría haberse intervenido mucho antes”, subrayó.

Fotografías: Brisceida López

En este sentido, se mencionó al doctor Víctor Montori, uno de los pioneros de la Medicina basada en evidencia, quien en años recientes ha criticado este modelo. “Tratar de manera igual a pacientes desiguales por su carga genética, su psicología y su situación social, incrementa la desigualdad y es uno de los mayores problemas del sistema de salud actual, que crea una Medicina deshumanizada por diseño”.

La conferencia cerró con una reflexión inspirada en el médico mexicano Ignacio Chávez quien dijo que “el médico no es un mecánico” o Einstein quien afirmó: “La estandarización es buena para los automóviles, no para las personas”. Este enfoque reduccionista, que trata al paciente como una colección de partes y busca soluciones universales para problemas complejos y variados, plantea una pregunta clave para el futuro de la Medicina: ¿Cómo podemos construir un sistema de salud adaptativo que respete la individualidad del ser humano y no lo reduzca a un simple engranaje en una máquina social?

Diego García